Sobre el discurso impugnado
Henri Lefebvre, destacado filósofo francés, señala que el metalenguaje, es el discurso sobre el discurso; el segundo grado del discurso. Apoyándose en un contemporáneo, también intelectual de extraordinario fuste intelectual, R Jakobson, acota que la función metalinguística desplaza y suplanta a la función referencial. Agregamos nosotros el sentido de lo concreto histórico. Lefebvre, concluye señalando, cuando se refiere al discurso metalinguístico, que "el contexto verbal reemplaza lo referencial práctico- sensible, de suerte que el lenguaje sólo tiene que ver consigo mismo por recurrencia o redundancia y termina por referirse sólo a sí mismo, a su propio contexto".
¿Qué significa lo anterior? Sencillo. Se trata de un discurso a destiempo, fuera del contexto histórico o la realidad concreta. En política se trata de un discurso impugnador que en su momento tuvo éxito, en tanto que se correspondía con una realidad que le servía de base material-ideológica, lo que le permitía a sus interlocutores capacidad de activar disensos y masas.
Lo anterior es lo que nos lleva a sostener, a propósito de las facultades extraordinarias otorgadas al Organo Ejecutivo para legislar por decreto leyes aspectos relacionados con la seguridad ciudadana y nacional, que resulta fuera de contexto la apelación al discurso antimilitarista para impugnar no sólo las facultades aludidas que están consagradas en la Constitución Nacional, sino los contenidos de eventuales decretos-leyes que apuntan a dotar de mayor eficiencia a los estamentos de seguridad y policía para enfrentar la actividad criminal. Con todo respeto, los que se valen de ese discurso, pierden de vista que la actividad criminal cuenta con millonarios recursos financieros, capacidad tecnológica y también capacidad de fuego, lo que obliga a modernizar nuestro aparatos de seguridad. Hoy día, el narcotráfico y delitos derivados y conexos, constituyen una amenaza real, concreta al estado de derecho.
La democracia no se defiende negándonos a ser eficientes en la lucha contra el crimen, sino fortaleciendo las instituciones democráticas y los procedimientos de tutela de nuestros derechos fundamentales y sobretrabajando la "kultur" o "ethos" democrático de todos los que convivimos aquí.