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Sobre el F.O.I.


He venido leyendo por distintos medios sobre el interés de ciertos sectores norteamericanos de entrar en conversatorios/negociaciones con el nuevo gobierno en torno al establecimiento en nuestro país de lo que ellos han denominado un Forward Operation Locations (FOL), que consiste en obtener de parte de Panamá derechos de aterrizaje y algunos servicios logísticos para las aeronaves que ellos utilizan en la región para propósitos relacionados con la lucha contra el narcotráfico.
Ya algunos países lo han negociado, aunque los términos de esos acuerdos se desconocen en cuanto a sus detalles. En Panamá se mencionan la pista del viejo Tocumen, hoy terminal de carga o la de Howard una vez revierta y se le asigne algún propósito diferente al de base militar. Autoridades designadas del nuevo gobierno han manifestado su disposición a evaluar esta propuesta, en caso de que EE.UU. la formalice a través de los canales adecuados.
Siempre me ha preocupado, producto de experiencias vividas, una eventual negociación con EE.UU. buscando una justificación en la lucha contra el narcotráfico. En gran medida, el CMA fracasó, a mi juicio, por lo complejo, ambiguo y peligroso que resultó el acuerdo para los intereses panameños entre otras cosas que ya no viene al caso comentar.
Ahora, superado ese escenario, vuelven y empiezan los rumores. En recientes publicaciones, se deja entrever que hay diferentes tipos de FOL. Unos restringidos, otros, para cualquier tipo de apoyo logístico a las actividades regionales de EE.UU. en materia de lucha contra el narcotráfico.
Ojalá alguien con conocimiento real sobre esto lo defina y aclare para el beneficio de todos. Si lo tuviera que hacer, apostaría a que a EE.UU. le interesa un FOL amplio en sus términos, que supla la logística de Howard y que sea, al final del camino, un punto estratégico de sus operaciones regionales.
Los acuerdos de cooperación internacional en estos temas con EE.UU. tienden a ser ambiguos y muy genéricos. Es obvio y entendible. Jamás pactarán poniendo en blanco y negro lo que van y pueden hacer y lo que van o no pueden hacer. Además, al momento de interpretar, prevalece la ley del más fuerte. Es una realidad, lo que está sucediendo con los polígonos es un claro ejemplo. Por ello, en América Latina, con énfasis en el Sur, donde están más cerca de los problemas, las cooperaciones, los acuerdos, las donaciones, las persecuciones, las destrucciones de plantaciones, etc., muchas veces simplemente se hacen, no se acuerdan hacer. Quién las hace o entre quiénes se hacen resulta irrelevante. Por casualidad no se caen aviones fantasmas de tiempo en tiempo en las diferentes selvas.
Una negociación de este tipo, si no se delimita bien, y se contemplan mecanismos bilaterales de verificación de actividades, en adición a cláusulas de interpretación, solución de conflictos, entre otras, puede volverse un dolor de cabeza. El nuevo gobierno no debe caer en la tentación de iniciar su gestión buscando congraciarse con EE.UU. para limpiar el camino del deterioro que sufrió el Gobierno Pérez Balladares después del fracaso del CMA. Previo a cualquiera decisión, hay un tema fundamental que requiere un ejercicio nacional y es el de redefinir las futuras relaciones con EE.UU., es decir, qué queremos, a qué aspiramos convertirlas, dentro del marco de importancia innegable que tienen y que deben seguir teniendo.
Un FOL apresurado, sólo para buscar apoyos circunstanciales, que la práctica indica que duran hasta cuando se acaban, no es aconsejable. En la agenda bilateral hay temas prioritarios, muchos relacionados con los asuntos del Canal y su transferencia a Panamá, que deben ser agotados y bien concluidos. El de los polígonos, por ejemplo, es sólo uno. Sería un acto poco apropiado otorgar derechos de aterrizaje para fines relacionados con la lucha contra el narcotráfico, para luego tener que, como país, pagar los platos rotos, cuando se violente el Derecho Internacional frente a terceros Estados por actos que se originan o tienen relación con operaciones desde nuestro territorio. Estoy seguro, como ha pasado antes, que a Washington nadie irá a protestar. Todo recaerá en el Palacio de las Garzas, al cual, problemas no le faltarán en el próximo quinquenio.
Reitero, el replanteamiento de nuestras relaciones bilaterales de cara al futuro que como Nación tenemos en función de todo lo que tenemos por delante, es fundamental, y ojalá, que sobre la base de acuerdos nacionales. Pactar nuevos esquemas sin tener claro lo que integralmente nos conviene como país frente a EE.UU. y el resto del mundo, especialmente los usuarios importantes del Canal, puede conducir a la improvisación, lo cual sería negativo.
Los cien primeros días de Mireya Moscoso como gobernante coinciden con los cien últimos días para el perfeccionamiento de nuestra soberanía nacional. Este hecho, de trascendental importancia, priva por encima de otros intereses, los cuales deben valorarse sin apremios de ningún tipo. No estamos en momentos para actuar sobre la base de ensayo y error.
Por ello, aconsejo, respetuosamente, prudencia, mesura y consulta.

101 años de Panamá América

 
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