Sobre el fondo secreto taiwanés
La semana pasada el Washington Post publicó un extenso artículo que recogía información de diarios en Hong Kong y Taipei, complementada por investigaciones propias, sobre un fondo secreto de cien millones de dólares utilizado desde 1994 hasta 2000 por el gobierno de Taiwan para comprar influencia de gobiernos, instituciones e individuos a favor de la causa de ese país frente a China Continental. Específicamente, se mencionaron pagos por el orden de los once millones de dólares en relación con la visita a Panamá en 1997 del expresidente taiwanés Lee Teng-hui, sin identificar a los beneficiarios de los mismos. Estas revelaciones han causado gran revuelo en el gobierno de Taiwan, que reconoció haber desactivado el fondo y confirmó lo señalado en las publicaciones.
Panamá es uno de un reducido y menguante grupo de países, principalmente en Centroamérica y Africa, que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwan, sacrificando las de China Continental y sufriendo un alto costo diplomático internacional. A pesar de que Taiwan no puede ser admitido como miembro de ONU por disposición clara de la Carta de las Naciones Unidas y la Opinión Consultiva de 3 de marzo de 1950 de la Corte Internacional de Justicia, así como la Resolución 2758 (XXVI) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1971, que expulsó al régimen de Chiang Kai-shek, refugiado en Taipei, a la vez que dispuso restaurarle todos sus derechos a la República Popular China, Panamá y ese grupo de países año tras año acompaña a Taiwan en su esfuerzo para formar la comunidad de naciones.
En 1997, Panamá celebró el Congreso Universal del Canal. Aunque obtuvimos el objetivo de asegurar a los usuarios la continua y ordenada transición y operación del Canal después del 31 de diciembre de 1999, no logramos que el evento contara con amplia participación de altos dignatarios de los principales países del mundo. Este objetivo se vio frustrado cuando Panamá invitó al presidente de Taiwan, lo cual produjo una nota del Secretario General de la ONU, Kofi Annan, al entonces canciller de Panamá, Ricardo Alberto Arias, que indicaba que esa invitación era incompatible con el reglamento del organismo mundial que reconoce a Pekin como el único representante de China, lo cual, a su vez, provocó que no concurriera al evento un número significativo de mandatarios.
Podemos diferir sobre si Panamá debe o no mantener relaciones diplomáticas con Taiwan. Inclusive podríamos aceptar como razonable la justificación de mantenerlas porque ese país tiene importantes relaciones comerciales con Panamá. No podemos, sin embargo, estar de acuerdo con que el gobierno panameño tome decisiones con fundamento en dádivas taiwanesas que enriquecen a los líderes de turno. Panamá debe pedir a Taiwan información detallada sobre los pagos provenientes de su fondo secreto y exigir de los suyos la responsabilidad que quepa. Amén de que también debemos replantear nuestra política exterior sobre las Chinas.
Panamá es uno de un reducido y menguante grupo de países, principalmente en Centroamérica y Africa, que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwan, sacrificando las de China Continental y sufriendo un alto costo diplomático internacional. A pesar de que Taiwan no puede ser admitido como miembro de ONU por disposición clara de la Carta de las Naciones Unidas y la Opinión Consultiva de 3 de marzo de 1950 de la Corte Internacional de Justicia, así como la Resolución 2758 (XXVI) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1971, que expulsó al régimen de Chiang Kai-shek, refugiado en Taipei, a la vez que dispuso restaurarle todos sus derechos a la República Popular China, Panamá y ese grupo de países año tras año acompaña a Taiwan en su esfuerzo para formar la comunidad de naciones.
En 1997, Panamá celebró el Congreso Universal del Canal. Aunque obtuvimos el objetivo de asegurar a los usuarios la continua y ordenada transición y operación del Canal después del 31 de diciembre de 1999, no logramos que el evento contara con amplia participación de altos dignatarios de los principales países del mundo. Este objetivo se vio frustrado cuando Panamá invitó al presidente de Taiwan, lo cual produjo una nota del Secretario General de la ONU, Kofi Annan, al entonces canciller de Panamá, Ricardo Alberto Arias, que indicaba que esa invitación era incompatible con el reglamento del organismo mundial que reconoce a Pekin como el único representante de China, lo cual, a su vez, provocó que no concurriera al evento un número significativo de mandatarios.
Podemos diferir sobre si Panamá debe o no mantener relaciones diplomáticas con Taiwan. Inclusive podríamos aceptar como razonable la justificación de mantenerlas porque ese país tiene importantes relaciones comerciales con Panamá. No podemos, sin embargo, estar de acuerdo con que el gobierno panameño tome decisiones con fundamento en dádivas taiwanesas que enriquecen a los líderes de turno. Panamá debe pedir a Taiwan información detallada sobre los pagos provenientes de su fondo secreto y exigir de los suyos la responsabilidad que quepa. Amén de que también debemos replantear nuestra política exterior sobre las Chinas.