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Sobre el islamismo y cristianismo


En el abanico de reacciones percibidas con motivo del 11 de septiembre, sin duda sobresale aquí y allí un indisimulado deseo por saber más acerca de esa religión que profesan gran parte de gente que conviven con el panameño.
Hace algunos años un conferencista que analizaba el carácter del panameño y sus distintas influencias a través de la historia, afirmó que tenemos mucho de árabe, lo mismo que los españoles, sobre todo por el machismo y la poliginia, no creo que por nuestro amor al Algebra.
Ellos creen en Alá y nosotros en Yavé. Creemos en un solo Dios, decimos. Ambos somos monoteístas. No tenemos otro Dios fuera del único verdadero.
El Islam (sumisión) es cronológicamente la tercera y la última de las grandes religiones reveladas. Lo mismo que el judaísmo y el cristianismo, tiene su profeta Muhammad o Mahoma.
Pero la ley islámica abroga a las que la precedieron: la ley de Moisés, que fundamentaba la alianza con Israel y la ley de Jesús, Hijo de Dios, La Ley del Amor.
Al venir detrás de las otras dos religiones reveladas, el Islam pretende rectificarlas y perfeccionarlas. Quiere ser retorno a la religión primaria, auténtica, desfigurada por los judíos y cristianos.
Por eso, si es verdad que hay muchos puntos de convergencia entre las tres religiones, éstas siguen siendo irreconciliables. Esto no impide que con el tiempo a través de un diálogo se dé cada vez más un acercamiento.
Se habla de un "despertar" islámico. Este despertar preocupa a muchos occidentales y provoca franca hostilidad, basada sobre todo en ignorancia y prejuicios.
El Islam no se confunde con el mundo árabe. Las dos terceras partes de los musulmanes del mundo viven en Asia. Cuatro veces más que entre los árabes.
El Islam no es una religión del fatalismo. Se tiene ordinariamente la idea de que la sabiduría musulmana se expresa en fórmulas como "Inch Allah" Mektub, que se traduce por "Es la voluntad de Dios, o sea el destino contra el que no se puede hacer nada".
"Voluntad de Dios" y "Destino" son dos nociones sumamente distintas. La misma palabra Islam significa "Sumisión", el musulmán es el que somete a la Ley de Dios. La obediencia a Dios es ciertamente la actitud fundamental del "creyente". Creer se dice "Imán", un término relacionado con el hebreo "Amén". Así sea. Obedecer a Dios es creer.
Creer ante todo que Dios está con nosotros, "Más cerca de nosotros que nuestra vena yugular", como dice el Corán, el que se fía de Dios no tiene nada que temer.
Creer es también estar cierto de que todo cuanto acontece, por venir de Dios, no puede más que ser bueno para el hombre, a pesar de las apariencias en contra. No se pueden plantear cuestiones a Dios. Hay que aceptar todo lo que él envía.
Creer es finalmente seguir la ley de Dios. Una ley que indica con precisión el valor de cada una de las acciones humanas. Por consiguiente, no se puede creer sin obrar, sin obrar bien.
El fiel musulmán no es fatalista sino paciente, obediente y activo en presencia de Dios. La paciencia, más exactamente "sabr" es una de sus grandes virtudes. Pero su sumisión no es resignación. Es adhesión a la voluntad de Dios. Su "mektub" es un "fiat" un hágase su voluntad, un "Amén" Dame a conocer Señor, tu voluntad para que la cumpla.
El Islam no es tampoco fanatismo o "Guerra Santa". El fanatismo no es exclusivo del Islam. Por su convicción de ser la única verdadera, toda religión, incluso la nuestra, lleva dentro de sí la tentación de esta perversión que llamamos fanatismo que es sinónimo de fundamentalismo.
Y el fundamentalismo se da entre hebreos, ortodoxos, católicos, musulmanes y en protestantes.
El fanatismo no está ni mucho menos inscrito en la ley del Islam. Al contrario, el Corán recuerda que no hay que convertir a nadie a la fuerza. Insiste en la moderación y en la exigencia de justicia.
La guerra santa, la Yihad, no es un combate a ciegas, es el nombre de Alá, como se dice. Para el Corán, el valor primero es la paz. "Vosotros, los que creéis, entrad en la paz". Como para el cristianismo, sólo se admite la legítima defensa. "Al que os atacado, atacadle exactamente como os atacó, y temed a Alá. El está con los que le temen". (Corán 2,193).

101 años de Panamá América

 
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