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Sobre el No a la ampliación del Canal


Por primera vez en nuestra historia, los panameños decidiremos el futuro de la ruta de tránsito a través del istmo al aprobar o no la ampliación del Canal. Para bien o para mal, primero fueron los españoles, luego los franceses y por último los norteamericanos quienes determinaron el uso y usufructo de nuestra posición geográfica.
La trascendencia de esa decisión es innegable. Por ello, intriga que se insista en una oposición basada en información deficiente, con ínfulas de irrefutable, que lleva, irresponsablemente, a proponer o decir disparates para oponerse al proyecto, con críticas que, la más de las veces, no tienen que ver con la propuesta en sí.
No es intolerancia o que no se tenga derecho a dicha postura. Es que, ella revela la prelación de subalternos resentimientos coyunturales o personalistas ajenos al interés nacional, por una parte y, por otra, por venir de quienes siempre dicen no a todo y cuya contumacia, era fácilmente previsible. Habría que agregar a los pesimistas que todo lo miran con sospechas apocalípticas y suspicacias morbosas sin importar las explicaciones que se den y, peor aún, sin ofrecer alternativas.
No han demostrado objetivamente que la propuesta de la ACP sea inviable o perjudicial para el país. Sólo dicen que lo es sin probarlo sobre la base de su antipatía por el Administrador o por los salarios que ganan los directivos del Canal, o por la situación socioeconómica del país que no es culpa de la ACP. También, en un acto de mezquindad, por rechazo al gobierno de turno. Recuerden que los Tratados de 1977 los firmó Omar Torrijos y el Canal lo recibió Mireya Moscoso. Nadie sabe quién será gobierno en 2014.
Se habla, entre otras impertinencias demagógicas, de que la inversión en el ensanche debiera gastarse en la deuda social y hacen inventarios antojadizos de cuántas obras se podrían hacer y la cantidad de personas que podrían nombrarse con la fabulosa suma. Pero no dicen de dónde saldrá el dinero, o creen que la comunidad marítima mundial aceptará aumentos en los peajes del Canal para gastos que, para ella, no son de interés.
Otra consideración, de innegable tinte ideológico es la de que el gobierno, las constructoras, bancos, navieras y todo el que participe estarán haciendo "negocios", y señalan, temerariamente, que los estudios para la obra, son una siniestra, engañosa y deliberada confabulación de la Junta Directiva y de la Administración de la ACP contra el país y las futuras generaciones para hacer tales "negocios".
Sería bueno que ofrezcan alternativas en las que las constructoras trabajen sin ganancias; las navieras, aunque les resulte inconveniente, sigan usando a futuro un canal constreñido; los bancos financien sin cobrar intereses; el gobierno renuncie a los ingresos fiscales por los trabajos y la Caja de Seguro Social no cobre las cuotas obrero patronales de la ampliación para evitar que sea un "negocio" en el sentido negativo y tendencioso que señalan.
Vemos cómo se desarrolla una perniciosa, demagógica y calumniosa campaña de descalificación, desinformación y morbo para satanizar el proyecto y a la ACP, a fin de que el referéndum sea negativo, sin otra base que la ceguera y sordera politiquera o personal.
Otro contrasentido plantea que la alternativa al ensanche del Canal es la construcción de un megapuerto, lo cual no es incompatible con el tercer juego de esclusas. El megapuerto pacífico tiene su propia factibilidad como encrucijada de acopio y trasbordo de mercancías en el Pacífico como complemento de la actividad canalera. Ojalá ambos proyectos puedan ejecutarse o, es que no sirve de advertencia lo que le acaba de ocurrir a Panamá con Brasil, en el Atlántico.
Otro asunto, es el financiamiento. Se señala que el proyecto no es autofinanciable porque la ACP tendrá que hacer algunos préstamos. Si una empresa tiene ingresos suficientes, puede utilizarlos y también contratar préstamos (incluidos intereses) para financiar cualquier proyecto, ya que la capacidad de pago garantiza las obligaciones que contraiga. Orgullosamente podemos afirmar que tal es el caso de la ACP.
Por ello, es una falacia insistir en que la ACP "engaña" al país con el autofinanciamiento puesto que el Canal es capaz de asumir los costos de su modernización, incluido el ensanche propuesto, sin afectar los aportes que aporta y seguiría dando al Presupuesto Nacional durante la construcción del nuevo juego de esclusas.
No vemos, luego de aceptar las navieras el aumento de los peajes programados por la ACP, cómo se puede seguir diciendo que el proyecto no es autofinanciable.
Se intentó manipular los estudios en inglés. Esto, perfectamente explicable, pretendieron convertirlo, ante la falta de críticas serias contra la ACP, en un caballito de batalla para deslegitimar la propuesta y confundir a la gente.
Un estudio en el idioma que sea es tan legítimo y auténtico como uno en español. De manera que decir que la ACP "engaña" al pueblo o "esconde información" porque los estudios en parte estaban en inglés, revela la orfandad argumental de los opositores. Pero pronto se acabó la argucia porque ya fueron traducidos al español.
En 1977, me opuse a los Tratados. Después, frente a los innegables beneficios que han traído al país, tuve que reconocer que me había equivocado.
Hago votos porque ningún panameño cometa, en democracia, un error semejante por atender vaticinios pesimistas y las conjeturas truculentas de los inevitables inconformes que, por su irredimible espíritu de contradicción, a todo le dicen no. Decía José Ingenieros que: " ¡La inextinguible hostilidad de los necios fue siempre el pedestal de un monumento!
fuloflores@yahoo.es

101 años de Panamá América

 
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