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Sobre el país creado por “Wall Street”


Gracias a la Web, el 3 de noviembre leí el atinado escrito de mi conocido de años Julio Linares Franco. Concuerdo que determinar cuál fue el genuino norte de cada unos de nuestros protagonistas independentistas tomaría tomos y tomos; no las simples y desmitificables teorías del mencionado libro del también mitificado de Ovidio Díaz Espino. Sólo tendríamos que deambular una buena librería en Bogotá para ver las resmas y resmas de papel en las que sobre ellas se ha publicado allá del genuino ethos de varios de nuestros próceres desde un sobrio punto de vista de ellos. También, si caminamos el museo de la Academia Naval (Anápolis, Maryland) veríamos por todas las paredes del área dedicada a la Guerra de 1898 que el Secretario de Marina Teodoro Roosevelt halló su flota militar inoperante en la posteridad sin un canal interoceánico.

Wall Street hubiera financiado cualquier obra si un buen comité de crédito lo hubiese encontrado viable, fuese el Canal vía Panamá, Nicaragua o en Marte. Crownwell, al igual que la gárgola de Bunau Varilla, eran "lobbyists" "pro Panamá" que intentaban rescatar centavos por cada dólar de la quebrada compañía francesa y se tumbaron buen billete. El primero cobró $1 M valor 1904 y el segundo aún sigue en el misterio, pero vivió cómodamente en París, cerquita del Sena hasta su muerte. Con el asesinato del presidente McKinley, Roosevelt tomó el poder y desempolvó su proyecto canalero. No a todos nuestros próceres se les ha comprobado altruismo ni tampoco todos llegaron a ver a sus nietos archimillonarios, cuando muchos sólo eran asalariados del ferrocarril aquel 1903.

El grueso de los imperios a finales del siglo XIX fueron nefastos fuera de sus fronteras; Estados Unidos no se escapó de ello, aunque entró tarde en la repartición del Tercer Mundo, afortunadamente para nosotros. Con la desastrosa experiencia colonial norteamericana en Cuba y Filipinas, tras la Guerra de 1898, optaron para 1903 mejor dar independencias condicionadas con enmiendas o tratados a perpetuidad.

Desde nuestra infancia republicana -y también la dictatorial- ambos tipos de dirigentes tuvieron que contar con el visto bueno del Coloso mientras este se ocupaba primordialmente prepararse para ambas guerras mundiales (y después con los vicios de la Guerra Fría). Tuvimos la fortuna que no estuvimos en la esfera de influencia de los franceses, belgas, ingleses u holandeses. Entre nuestra independencia de España y Colombia hubo más de una docena de intentos de los últimos, muchos sofocados militarmente por los mismos norteamericanos cuando Colombia astutamente les insinuaba que peligraba su ferrocarril. Tal como nos demuestra el tsunami actual en Wall Street, son pocos que laborarán (o laboraron), de allí que son lumbreras o visionarios. Para entonces a JP Morgan, el presidente Roosevelt le estaba poniendo fin a sus excesos. Además, el negociar con Colombia ya dejaba de ser fluido para la agenda expansionista de la Casa Blanca. De no haber sido un real fiasco la ocupación norteamericana en Cuba y Filipinas y éstos no le hubiesen dejado un ojo morado a Roosevelt ante los medios, acá estaríamos aún, lamentablemente, bajo algo parecido al limbo en que se ha perpetuado el Puerto Rico de hoy.

*Panameño en el extranjero.

desmondfinian@gmail.com

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