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Sobre encuestas y encuestadores


Basar el análisis político sólo en una mera técnica como son las encuestas de opinión, es realmente peligroso. En primer lugar, porque la sociedad está compuesta por una red de relaciones sociales no siempre susceptible a ser reducidos a una relación cuantitativa. Segundo, porque se requiere una muestra excelentemente construida, lo mismo que un mejor cuestionario. Por último, el encuestador no debe inducir la respuesta; es decir, al preguntar se debe guardar la más absoluta objetividad. Lo que decimos son cosas tan elementales, que todo estudiante de Ciencias Sociales lo sabe y lo domina. En Panamá han proliferado las encuestas de opinión política, casi semanalmente, subvalorando dicho instrumento de análisis que, repito, es importante, pero limitado. Una encuesta sólo refleja una instantánea social, momentánea y carece de valor predictivo. Es más, muchas encuestas no son comparables, si el cuestionario difiere o es distinto.
Permítanme contar una experiencia. Durante la campaña electoral de 1999, el Centro de Estudios Políticos de Panamá que dirigíamos, conformado por profesores universitarios nada sospechosos de participación en la contienda electoral, hicimos dos encuestas de opinión para dos medios de comunicación: Canal 4 y El Universal. El equipo multidisciplinario directo de la encuesta lo conformó un científico político, un sociólogo, un psicólogo, un comunicador social, un filósofo y dos profesoras de estadística, precisamente expertas en muestreo. La última encuesta, un mes antes de las elecciones de mayo de 1999, detectó que la diferencia entre Martín Torrijos y Mireya Moscoso era sólo de 3 puntos porcentuales, cuando todas las encuestadoras, las mismas de hoy, establecían diferencias de 15 ó más.
Los medios para los que se hizo la encuesta se negaron a publicarla, y no vamos a profundizar en los motivos para no hacerlo. Esa experiencia nos demostró que una encuesta puede ser un instrumento idóneo si se maneja científicamente. Puede decir lo que debe decir y no lo que la empresa encuestadora quiere que diga. Pero aún la mejor encuesta no es suficiente para un análisis político correcto. Habría que utilizar otros instrumentos analíticos cualitativos. Por ejemplo, el análisis de las alianzas políticas, los cambios en las últimas elecciones por regiones, la capacidad para movilizar sectores sociales fundamentales y la capacidad de convocatoria de los mismos candidatos, por ejemplo. La encuesta es sólo un dato en un conjunto de situaciones necesarias para un análisis correcto. Los leedores de encuestas deben tener cuidado al intentar inferir de un simple dato una predicción política. Sonar una flauta no implica ni transforma, al que lo hace, en un gran flautista.
Los enemigos que estén al frente, en la otra acera y dando la cara como adversarios. No como infames y solapados “caballos de Troya”, disfrazados dizque de torrijistas, pero dispuestos hipócritamente desde adentro del partido a lo que sea necesario con tal de lograr tanto el fracaso de nuestra organización política, como de nuestra principal oferta electoral.
Ni por un segundo olvidemos que Martín Torrijos ya dejó de ser el aspirante, para convertirse en propiedad, en el candidato formal de todos los perredistas a la Presidencia de la República en las elecciones generales de mayo del 2004. Reitero, de todos los perredistas. Así son de claras, y diáfanas, las reglas en democracia.
Se compite en igualdad de condiciones y oportunidades, pero una vez las mayorías expresan su voluntad, corresponde a las minorías respaldar la decisión adoptada. Con vehemencia, con la mayor lealtad y decisión posibles.
Desde su fundación, y así ha ocurrido en cada proceso en particular, el PRD luego de los escarceos normales por lograr esta o aquella postulación, cierra filas alrededor de quien resulte triunfador. Esta y no otra razón ha sido el sustento indiscutible de sus múltiples victorias.
Por lo anterior, exhorto a Morelos a reflexionar profundamente y a revisar detenidamente sus pasos. Es la hora de la unidad.
Llegó el momento de caminar como un solo haz de voluntades hasta alcanzar el Poder para servir a los más necesitados.
Lo que cabe ahora es montarse en el bote de la victoria, y remar todos en una sola dirección, que no es otra que el Palacio de las Garzas.
Lo contrario es igual a sabotear la gran esperanza de miles. Seguir serruchándole el piso al PRD, es colocarse del lado de los adversarios tradicionales que jamás reconocerán nuestras mejores cualidades.
Es formar parte de los resentidos de siempre, de los eternos amargados que sólo piensan en hacer el mal, por el mal mismo.
Y eso, muy sinceramente creo que no es el querer de “Pachi”, quien siempre se ha proyectado como un hombre de partido, fiel a sus principios perredistas.

101 años de Panamá América

 
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