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Sobre encuestas y otros sustos


Las encuestas o sondeos son métodos utilizados desde hace muchos años, los cuales se pueden remontar a la antigua Grecia, donde era común utilizar pitonisas para que transmitieran los Oráculos del Dios consultado, sobre algún tema de interés para quien solicitaba los servicios.
A decir de Jean Baudrillard "Las masas no se expresan, sino que se las sondea" y, es lo que pasa para las épocas de campañas electorales, cuando salen muchas encuestas y encuestadores, unas serias y otras no tanto, que a veces se prestan para ser un simple instrumento de influencia sobre el electorado, más que como un método que sirva de apreciación real de las cosas que suceden,
Las encuestas que se publican durante las diversas campañas son una especie de juego de lenguaje, sin importar su mayor o menor aproximación a los resultados de las urnas, ya que son ellas las que condicionan las estrategias ha seguir por cada candidato o grupo político, al repartir los papeles de ganador, perdedor o los probables empates técnicos y establecer escenarios de elecciones competitivas o bien en términos de resultados con un ganador seguro y absoluto, que se aleja del resto.
Pero, ¿ qué sucede en los casos en que las encuestas o algunas encuestadoras fracasen? Aquí es donde está el quid del asunto, ya que es donde los encuestadores o sociólogos vienen a utilizar, el término de Reflexibilidad de las situaciones sociales, para poder explicar la distancia existente entre el pronóstico y el comportamiento electoral reflejado al salir los resultados, y esa reflexibilidad que utilizan se enmarca en el hecho de que el conocimiento de que es posible el triunfo de determinado producto produce un efecto movilizador de un voto a la contra , un voto que contradice el sondeo, que termina por favorecer al partido que figuraba como perdedor o con menos posibilidades o viceversa al ganador.
La reflexibilidad de las encuestas, es decir cuando fracasan siempre tendrán el recurso de encubrirse, cuando salgan los resultados con la utilización del movimiento del voto o los indecisos, caso real en España en 1996, cuando el voto oculto fue el chivo expiatorio, el culpable de los errores de las encuestas, ya que el Partido Popular diseñó su campaña con los sondeos en la mano y, sin duda pagó el precio de haberla diseñado con el mapa y no con el territorio; los sondeos consiguieron que el Partido Popular diera por hecho su mayoría suficiente para gobernar, que no pasaba de un "eslogan electoral", si bien alcanzaron el poder, lo hacen actualmente con la ayuda de los grupos nacionalistas, entiéndase los catalanes, vascos, etc., y cuando éstos decidan que hay elecciones generales, las hay, aunque no termine el periodo presidencial.
La triquiñuela de los sondeos se da con la anticipación de los resultados de la jornada electoral, que acertada o no, supone una definición de la situación en la que la incertidumbre de los resultados, queda sustituida por la asignación de los porcentajes y puede producir dos contratiempos: uno, que si el juego de lenguaje que sustituye a la realidad por la simulación de los resultados no coincide con la realidad que dice representar, el partido o grupo político toma decisiones, como diseñar su campaña sobre una simulación que no tiene nada que ver con la realidad; y dos, es que la sola presencia de las encuestas , correcta o no, ya influye en la realidad electoral, aunque no sea única, pero que condicionan o dictan las pautas a seguir por los partidos y candidatos.
De aquí que podamos ver otro ejemplo real de la vida, en la cual las encuestas realizan esa, mediante el juego del lenguaje o encuestas, así podemos apreciar en España en 1982 como las encuestas complican la vida a los comunistas. Esto se da por el hecho de que el PSOE había publicado una encuesta un mes antes de las elecciones en las cuales les daba un margen menor de ventaja, en comparación con la publicada por el diario El País (de izquierda), razón esta que criticaba el Comunismo, ya que esta acción suponía un estímulo para los electores de izquierdas para apoyar al partido de izquierda mayoritario, es decir, al PSOE, en detrimento del Comunista, más débil.
Lo cierto es que las encuestas y los resultados que se producen, son un medio de alteración al normal desenvolvimiento de los políticos y los electores, ya que se altera en aquellos no muy definidos las preferencias que prima facie tengan, sobre tal o cual candidato y los pone a buscar, muchas veces al que más posibilidades tiene, según la realidad de la encuesta, que no es la realidad verdadera, sino la realidad querida por el encuestador.
No estamos en contra de este medio de adivinanza futurista, si así se le puede decir, pero lo cierto es que son un reflejo a niveles micro, de un mundo de votantes, el que tendrá un resultado, en una encuesta seria, dependiendo del grupo al cual se dirija, llámese empleados públicos o privados, de la construcción o del campo o simplemente profesionales desempleados, ya que muchas veces no se llega a las áreas de pobreza y extrema pobreza, eso sin contar los afiliados y simpatizantes de los partidos políticos...Los sondeos son una verdad para quienes la quieren creer y una falsedad para el que no, lo cierto es que están y son influyentes a pesar de no ser la realidad. En el modelo de campaña política que se llegan a adoptar, quien va arriba tiende a aflojar y el que aparece abajo aprieta para subir, sin saber a ciencia cierta cuál será el resultado, nos dejamos llevar por un susto, con el cual debemos vivir hasta una semana antes de las elecciones, para después ver los grados de reflexibilidad de sus gestores cuando los desaciertos son evidentes. Son influyentes pero no determinantes y el votante es el mejor encuestador de su preferencia.

101 años de Panamá América

 
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