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Sobre Harmodio Arias y Omar Torrijos


La semana pasada escribí un artículo sobre Harmodio Arias y el Estado Nacional. Discrepaba de la interpretación de los historiadores Dr. Celestino Araúz y Dra. Patricia Pizzurno, de acuerdo con la cual su Gobierno habría representado un "retorno al modelo tradicional". Basándome en los hechos muy objetivamente consignados por dichos historiadores, propuse una interpretación diferente: Harmodio Arias habría iniciado la conformación del Estado Nacional panameño.
Tuve una muy agradable sorpresa. Varias personas se tomaron la molestia de enviarme sus comentarios por Internet. Evidentemente el tema les interesó. Comparto algunos de estos comentarios.
El economista Rogelio Alvarado completó lo que destaqué sobre la política financiera del Gobierno de Harmodio Arias. "El Dr. Arias -me escribe- también jugó un papel importante en los años de la depresión económica, cuando los Estados Unidos dispuso no pagar la anualidad del Canal en dólares-oro. El Dr. Arias rehusó el pago y se produjo una crisis de las finanzas públicas. El dispuso, para este efecto, una reforma fiscal que independientemente de la carga que significó para el país, no fue confrontada por la comunidad. Allí nació el Impuesto sobre la Renta."
Lo que escribe Alvarado concuerda con mi visión de que Arias fortaleció el papel económico-financiero del Estado, más allá de lo que se podía esperar de una versión tradicional del Estado, y ello subraya la importancia de las finanzas públicas en su conformación del Estado nacional.
Del sociólogo Marcos A. Gandásegui, hijo, recibí el siguiente comentario: "Me enseñó mucho su artículo sobre Harmodio Arias. Comparto en gran medida su interpretación. Me llamó mucho la atención su aseveración de que H. Arias y Pezet insistían en la creación de la Universidad nacional, mientras que Méndez Pereira tenía otra visión. Aparentemente, tuvo momentos posteriores de mayor lucidez y su primer rector y mentor durante los primeros dos decenios de su historia.
La Universidad de Panamá se enfrenta a una nueva encrucijada en la actualidad. Mientras que superó los retos de la década de 1930 (formación del Estado nacional) y enfrentó con relativo éxito los de la década de 1950 (`desarrollo nacional e industrialización mediante la sustitución de importaciones), cabe preguntarse si la U. de Panamá puede aprovechar la oportunidad que ofrece la política de apertura global. Es un desafío. Creo que la administración panameña del Canal de Panamá y la responsabilidad histórica de hacer el mejor uso político (en beneficio de todo el país) de la posición geográfica constituyen el eje de cualquier política de educación superior en el nuevo siglo".
Gandásegui concentra sus comentarios en la educación superior. La obra de Harmodio Arias en este campo fue muy fecunda, como lo demuestra la Dra. Pizzurno en su folleto Harmodio Arias y la Universidad. En 1933 dio el apoyo oficial para que Acción Comunal fundara la Universidad Popular y reconoció oficialmente la Escuela Libre de Derecho. También ese año aprobó el Instituto Pedagógico y en 1935 fundó el Centro de Estudios Pedagógicos e Hispanoamericanos. Méndez Pereira, quien desde 1924 abogaba por la creación de la Universidad Bolivariana en Panamá, consideró, sin embargo, que pensar en una Universidad nacional "con sólo nuestros recursos" era "una ilusión y nos llevaría a tergiversar la enseñanza superior". El abogó por la creación de cursos pre-universitarios, como los que se dictaban en el Junior College de Balboa, que facilitaran a jóvenes panameños el ingreso a universidades norteamericanas. Cuando el Dr. Baltazar Isaza Calderón le advirtió que ello conduciría al "coloniaje intelectual", afirmó con más sentido de retórica que de realismo cultural que no había mejor arma para luchar contra el vasallaje que "conocer la lengua y las instituciones del pueblo avasallador". Pero se sumó a la decisión de Harmodio Arias de crear la Universidad de Panamá el 29 de mayo de 1935. Realmente Harmodio Arias dotó al Estado de instrumentos financieros y educativo-culturales para afianzar y desarrollar la comunidad nacional.
La pregunta que Gandásegui se hace, a saber si la Universidad de Panamá sabrá responder a los retos de la globalización, como respondió a la conformación del Estado nacional y a las exigencias del desarrollismo, queda intacta para otra oportunidad.
Me llegaron dos comentarios adicionales. El politólogo Carlos Guevara Mann me escribió: "Este artículo está muy bueno; me pareció muy atinado. Sólo discrepo con la interpretación del surgimiento del golpe militar. Mi visión de la dictadura es mucho más sultanista, a la Weber y Linz& Chehabi (1998), que ideológica. Para mi la seudo ideología torrijista no fue mucho más que una máscara para esconder la venalidad del régimen, como solían hacerlo otros dictadores dedicados al saqueo y la rapiña. Hay abundantes ejemplos de eso en el cuenca del Caribe (Trujillo, Batista, Somoza, Duvalier y su `noirisme´) y Africa subtropical, aunque en esta última región la crudeza de algunos regímenes es tal que a veces ni siquiera exhiben rasgo ideológico alguno".
En un sentido contrapuesto, el también politólogo Marcel Salamín me envió un largo e interesantísimo comentario del que sólo transcribo partes: "Lúcido y hermoso. Lamentablemente no puedo en este momento ir más allá de una formulación llena de la mejor buena fe: le invito a que descorramos unos cuantos velos del antimilitarismo para reivindicar los auténticos intereses populares y nacionales que la desaparición del Partido Liberal Renovador dejó huérfanos... (Mi) contribución a reforzar en el General Torrijos esa línea de conducta que lo llevó al repliegue, a su decisión de jubilarse y llevarse con él a los más connotados enemigos de la salida de los militares de la gestión política, a su auténtico compromiso con la apertura democrática, ... en un compromiso de cambio profundo que rescatara la democracia que en sus años de subalterno en la Guardia Nacional tantas veces había visto burlada y manipulada..."
Ambos comentan mi interpretación del tránsito de la segunda a la tercera etapa de nuestra historia republicana: "Los años de 1941 a 1968 estuvieron marcados por la pugna entre los dos componentes del Estado Nacional... (Esta) pugna irreconciliable entre un estatismo militarizante y una movilización populista condujo al golpe militar, so pretexto de resolver dicha pugna en términos de un socialmilitarismo que controlara el Estado desde el poder militar, pero pudiera movilizar socialmente al pueblo, para terminar reprimiéndolo cuando éste tomó iniciativas propias". Puedo responder a Guevara Mann y a Salamín distinguiendo mi pensamiento del de cada uno. Con Guevara Mann creo que hubo mucho de sultanismo en la motivación y en la práctica del régimen militarista y por eso digo que el golpe militar se dio "so pretexto" de resolver la pugna vigente. Pero no creo que el sultanismo explique todo el fenómeno de la dictadura panameña. La pasividad de la opinión pública y la complicidad de sectores importantes con el golpe y el régimen surgido del mismo, como también la duración del fenómeno y su capacidad para revestirse nacional e internacionalmente de una cierta ideología, todo ello apunta a una percepción entre muchos de que la confrontación recurrente y paralizante entre la fuerza militarizante y el populismo no podía continuar indefinidamente y que había que encontrarle una salida.
Cuando Raúl Arias de Para escribió su excelente libro Así fue el fraude, Las Elecciones Presidenciales de 1984, en el prólogo propuse una interpretación de conjunto: "el régimen no sólo suspendió el ejercicio de la democracia representativa, sino que intentó suplantar su legitimidad misma, a favor de una presunta nueva legitimidad política, a medio camino entre el `cesarismo´ de un dictador militar y el `poder popular´ de un movimiento revolucionario...Se fue configurando así un proyecto socialmilitarista para cambiar la sociedad panameña a la brava, desde...el poder militar en función política."
Dentro de ese contexto, los verdad de los hechos me ha motivado expresar mi convencimiento de que el General Torrijos, a diferencia de Noriega, fue un dictador con una convicción social. Estimuló la toma de conciencia de sectores marginados de nuestro país, pero impidió que se organizaran independientemente de su control y desarrollaran una dinámica propia, terminando por reprimir o mediatizar a muchos de ellos. Además, tenía una convicción nacionalista. Internacionalizó la relación conflictiva de Panamá con los Estados Unidos y así obtuvo el principal logro de su régimen, la entrega del Canal una vez y por todas a Panamá. No se puede negar el sultanismo de su régimen. Pero no se puede reducir su régimen al sultanismo. Recibí otro comentario que se limitó a una palabra y al nombre de quien la formuló: "Magistral, Alberto Vallarino C.". A todos mis agradecimientos.(e-mail: ariyan@sinfo.net)

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