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Sobre hombres y ciudades


La aprobación del ordenamiento de desarrollo urbano es fuente de las reflexiones que se plasman en este artículo; tal legislación es harto necesaria, sin embargo, preocupa que los planes nacionales que la acompañarán no necesariamente vislumbren las ciudades ordenadas que en espíritu se deseen, más en nuestra usual miopía, la ambigüedad y los intereses económicos sean los únicos lineamientos.
La delimitación de las áreas residenciales, industriales y comerciales, el acceso a los servicios básicos y demás deben garantizarse a futuro más allá de los extremos de lujo o bajo costo, considerando no solo el acceso a las omnipresentes áreas comerciales sino a espacios públicos realmente significativos en tamaño y estética, que sirvan para amortiguar la contaminación estructural que nos someten los promotores de bienes raíces.
Por ejemplo, San Francisco, un área tradicionalmente de baja densidad es de pronto "liberada" por la mudanza del aeropuerto de Paitilla; en el terreno ocupado previamente por una casa, ahora se construye un edificio de 20 pisos. El tráfico se multiplica y la calidad de vida decae.
Igualmente aciaga es la situación del Casco Viejo, donde se ha buscado "rescatar" el valor histórico del área sacrificando la comunidad, la gente, que daba vida a esa esquina de la ciudad sin la excusa de un recalentado sentido de nacionalidad, sino por sus actividades habituales y coexistencia. Los nuevos inquilinos han remozado las viejas estructuras, pero es claro que no se integran ni ayudan a que dicha comunidad se desarrolle sino que sea desplazada. ¿Qué porvenir tiene hoy en día un barrio con cinco iglesias y cuatro plazas? ¿Atracción turística, parque temático o ciudad amurallada? ¿Cuántos restaurantes y bares pueden subsistir en el lugar antes de sucumbir a los vaivenes de la moda? Visite Avenida A, a la altura de la Iglesia de San José, para que conozca un barrio fantasma, portales y balcones sellados. ¿Rescate o evacuación?
La diversidad que por añadidura nos ha dado nuestro reducido territorio debe replicarse por unidad urbana; el punto no es construir por construir, sino planear de forma inteligente: que los sectores puedan ser suficientemente auto - contenidos para albergar una demanda razonable sobre los recursos con los que constan, planteles educativos, servicios públicos y de transporte.
La ciudad perfecta no existe, pero hay mucho que aprender de las glorias y errores de otras urbes pensadas en función del Hombre: Brasilia y Barcelona, por ejemplo. La responsabilidad de esta compleja labor recae sobre los hombros del Ministerio de Vivienda y los municipios de forma general y local respectivamente. La pregunta obligada en este punto es: ¿Poseen estos la visión necesaria, profunda y abarcadora, para este trabajo? Miremos a nuestro alrededor para obtener la respuesta.

101 años de Panamá América

 
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