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Sobre la candidatura del Ing. Alberto Vallarino


Grata para mí ha sido la noticia de que el ingeniero Alberto Vallarino finalmente se halla decidido a echarse al ruedo político en pos de la presidencia de la república en contienda electoral primaria en que recibirá la alternativa de Doña Mireya Moscoso. Confesaré que parte de mi complacencia se deriva de que el joven contendor es sobrino mío, pero mucho también, por su preparación académica, su creatividad, mesura, vocación de servicio y sus ejecutorias dentro del mundo empresarial. Lo vengo tratando desde que muy jovencito llamaba la atención por su prurito competitivo, que hace al hombre lanzarse hacia las cimas más altas de su excelencia.
Apoyo con no disimulado orgullo a su candidatura, porque haciéndome eco de lo que se viene señalando uan y otra vez, solo los más aptos deben de aspirar a la primera magistratura de la Nación, y es que quien asuma el mando al inicio del próximo milenio tendrá que disertar nuevas estrategias para suplantar viejos esquemas burocráticos que tanto patrocinan los políticos. Deberá también hacerle frente al desafío que plantea la rapidísima evolución tecnológica que tiene lugar en todas las esferas del saber humano. Esa persona deberá saber escuchar, dialogar, y mandar, pero más a fuerza de motivación que al áspero calor de las palabras. Por lo que he podido observar, Alberto reúne los mejores atributos para ser un buen presidente, mientras que su rival, la señora Moscoso, no llena las condiciones que la encrucijada histórica merece. No tine preparación académica, jamás se ha desempeñado en cargos públicos, y no tiene credenciales de valía dentro de la industria, banca o comercio. Quizás la mejor prueba es que no ha sabido organizar ni dirigir a un colectivo político, si bien reconocemos su incansable labor proselitista y los fuertes señalamientos que le ha hecho al actual gobierno. No obstante, ello no le brinda méritos suficientes para pretender llegar a tanto. Otra gran deficiencia que adolece la señora Mireya es que en su trato con sus más cercanos colaboradores ha utilizado un tonillo entre protector y arrogante y tal postura le ha valido no pocas desavenencias que se han traducido en la pérdida de valiosos elementos que han preferido marginarse antes que ser tratados como escolares. Como se sabe, una de las mayores prerrogativas de la democracia es la de poder discrepar pero no ha tolerado este derecho. Pienso que la mueve el deseo de remedar o hasta emular a mi ilustre padre, el Doctor Arnulfo Arias, pero aparentemente no ha querido entender que su recia autoridad emanaba de su extraordinario carisma, don codiciado por muchos pero que es privilegio de unos pocos. Las comparaciones resultan tristes. Mi progenitor era un visionario de gran intelecto, pero aquí lo relevante, lo medular es que sencillamente la señora Mosoco no tiene la adecuada preparación. Por ejemplo, no me la puedo imaginar en un foro debatiendo temas trascendentales de economía, o de otras disciplinas; cosa que mi pariente bien puede hacer. Ya para terminar, en la noche de la proclamación, en casa de los Linares, conversando con unos amigos sobre política, uno dijo que al menos doña Mireya había sabido mantener viva la llama del arnulfismo a lo que ripostó otro expresando que durante su tenencia al frente del partido habían desertado 68 mil adherentes pero no puse mayor reparo a sus palabras porque en eso llegaron a mis oídos acordes marciales del himno Acción Comunal, composición tan ligada a gloriosas jornadas del pasado. De súbito mi alma, llena de esas reminiscencias, se embargó de tristeza y vi de nuevo a mi padre, muy solemne, en un estrado, respondiendo con sus brazos a los frenéticos vítores de la gente. Cierro, la llama aún permanece encendida pero no guarda semejanza alguna con la que conocí, de brillo, rutilante, ya que la actual con su débil chisporroteo apenas si proyecta mortecina luz en un cuadro de sombras trémulas e inciertas. Tócale ahora al Ing. Vallarino avivar su incandescencia y en esa tarea le deseo lo mejor de las suertes.

101 años de Panamá América

 
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