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Sobre la corrupción en Panamá


Los retos de la sociedad posmoderna, exigen cada día más a los integrantes de las profesiones liberales, mayores compromisos en sus actitudes. La psiquiatría, como especialidad médica de mayores cambios y transformaciones, dentro de esta nueva realidad es, probablemente, la que apunta mayores compromisos.
En muchos países, sean éstos más o menos desarrollados, los psiquiatras han hecho suyas algunas premisas que se constituyen en el referente de sus actividades. De tal manera que establecen relaciones con sus consultantes de comprensión y respeto por los derechos de todos los seres humanos. Desarrollan con vehemencia el esfuerzo profesional, basado en la recuperación de aquella identidad y dignidad de esos seres humanos que padecen de trastornos mentales para que logren obtener la mejor reinserción en la sociedad y en la comunidad. Adscritos a nuevos modelos de atención, cónsonos con su realidad social, los psiquiatras promueven la salud a través de modelos de atención primaria, ejerciendo actividades conjuntamente con las organizaciones de la comunidad de su realidad social.
Respetan las diferentes posiciones epistemológicas tan comunes en la psiquiatría. Se hacen complementarios con los estamentos legales responsables de regular la vida comunitaria, allí donde ejecutan su actividad profesional. Destacan sobre todo el respeto por los derechos de los pacientes, a través de acciones de servicio a los intereses de aquéllos. Intentan conseguir el bienestar y el cuidado del paciente, cuya conducta judicativa se encuentra comprometida. Responsablemente, estos psiquiatras asumen también la máxima de una educación continua en sus conocimientos para fundamentar su praxis de forma científica.
Los principios adoptados les permiten transmitir experiencias, investigaciones etc., emergentes de su quehacer socialmente construido, basados en el respeto por el ser humano. Como agentes honestos, detienen o rechazan aquellos procesos de diagnósticos, educacionales, investigación o experimentación, contrarios a los principios éticos y de la condición humana.
Me imagino que los miembros del Poder Judicial también deberían sumarse. Lo que me parecería futil sería una discusión bizantina acerca de si los de la Comisión de Notables son "rabis" o si fueron a Harvard. En breve, muchos rabis han aportado constructivamente al desarrollo del país. Por supuesto que espero que los "no-rabis" participen lucidamente.
En fin, todos los panameños debemos participar en la necesarísima corrección de rumbos en el país. Todos los panameños debemos rectificar. Esto no es sólo función chavista. De no hacerlo, parémonos a escudriñar en todo lo posible la clase de mare magnum que hemos creado en nuestro terruño. ¿Necesito repetir que Panamá es inmortal?

101 años de Panamá América

 
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