Sobre la credibilidad de los informes de Desarrollo Humano
El mundo se había acostumbrado a los informes del Banco Mundial que señalaban cómo crecían las economías. Se presentaban cuadros estadísticos sofisticados que indicaban, con mucha seriedad, el volumen total de transacciones en cada sector económico. Se dividía el valor de toda la producción de bienes y servicios en un año entre el número de habitantes y se obtenía una cifra que aparecía en el Almanaque junto con la descripción objetiva de cada país. La prosperidad de los países se medía por el producto interno bruto y el ingreso per cápita.
En los ´80 comenzó a hacerse énfasis en el nivel de la deuda pública, porque después de festinar con la contratación de préstamos durante los años de gobiernos dictatoriales, se había llegado a la conclusión de que los Estados estaban próximos a la bancarrota. Hablar de desarrollo en términos serios incluía anotar los niveles de inflación y el déficit fiscal. Así se fundamentaban las políticas monetarias y fiscales. En medio de estas preocupaciones, surgió el primer Informe sobre Desarrollo Humano en 1990, resultado de la labor de un grupo técnico y científico integrado a la organización de Naciones Unidas, pero independiente de su jerarquía al momento de producir sus investigaciones.
Desde entonces, todos los años la Oficina del Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas publica un nuevo estudio del estado de desarrollo en que se encuentran los distintos países, desde una perspectiva que es totalmente diferente a las inquietudes habituales de los bancos. El desarrollo humano mira a la gente, y registra los cambios que se dan en aspectos significativos de su vida; es decir, en su salud, en su educación, en sus ingresos.
El mensaje es muy sencillo: el desarrollo no es acerca de los millones de dólares que cambian de manos cuando se venden o se compran las cosas. Es acerca de los niños que evitan la muerte y las personas mayores que prolongan su vida. Es acerca de la gente que se educa y que trabaja, y del entronque necesario entre tener educación y ser capaz de generar ingresos.
Además de los 17 informes anuales de Desarrollo Humano divulgados hasta ahora, se han publicado dos informes nacionales, en el 2002 el primero y en el 2004, el segundo. El Gobierno ha objetado el tercero que debió aparecer el año pasado. Parece que altos funcionarios gubernamentales han querido ver en el documento una evaluación del gobierno, lo que es una gran equivocación. Terrible sería que una edición "revisada" saliera a la luz pública diciéndonos lo extraordinario que son los actuales gobernantes y que gracias a sus planes todo está resuelto en este país. ¿Destrozará la politiquería la credibilidad del informe?
En los ´80 comenzó a hacerse énfasis en el nivel de la deuda pública, porque después de festinar con la contratación de préstamos durante los años de gobiernos dictatoriales, se había llegado a la conclusión de que los Estados estaban próximos a la bancarrota. Hablar de desarrollo en términos serios incluía anotar los niveles de inflación y el déficit fiscal. Así se fundamentaban las políticas monetarias y fiscales. En medio de estas preocupaciones, surgió el primer Informe sobre Desarrollo Humano en 1990, resultado de la labor de un grupo técnico y científico integrado a la organización de Naciones Unidas, pero independiente de su jerarquía al momento de producir sus investigaciones.
Desde entonces, todos los años la Oficina del Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas publica un nuevo estudio del estado de desarrollo en que se encuentran los distintos países, desde una perspectiva que es totalmente diferente a las inquietudes habituales de los bancos. El desarrollo humano mira a la gente, y registra los cambios que se dan en aspectos significativos de su vida; es decir, en su salud, en su educación, en sus ingresos.
El mensaje es muy sencillo: el desarrollo no es acerca de los millones de dólares que cambian de manos cuando se venden o se compran las cosas. Es acerca de los niños que evitan la muerte y las personas mayores que prolongan su vida. Es acerca de la gente que se educa y que trabaja, y del entronque necesario entre tener educación y ser capaz de generar ingresos.
Además de los 17 informes anuales de Desarrollo Humano divulgados hasta ahora, se han publicado dos informes nacionales, en el 2002 el primero y en el 2004, el segundo. El Gobierno ha objetado el tercero que debió aparecer el año pasado. Parece que altos funcionarios gubernamentales han querido ver en el documento una evaluación del gobierno, lo que es una gran equivocación. Terrible sería que una edición "revisada" saliera a la luz pública diciéndonos lo extraordinario que son los actuales gobernantes y que gracias a sus planes todo está resuelto en este país. ¿Destrozará la politiquería la credibilidad del informe?