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Sobre la Sociedad Civil


Hay un concepto importante del cual se habla mucho o se le menciona mucho, pero del que poco se entiende. Trataré de cumplir con una labor docente, aunque sea por este medio, para cumplir con el deber ciudadano de educar a la población y dar información de primera mano acerca de temas sobre los que debemos tener un sano consenso.

Me refiero al concepto de Sociedad Civil, del cual, en mis primeras lecturas sobre política de mi juventud, leí mucho de la mano del gran teórico marxista Antonio Gramsci. Imbuido como estaba en los movimientos sociales y estudiantiles de mi época de institutor, pude tomar contacto con esta idea que para él —y yo la aceptaba— la Sociedad Civil era aquel espacio real donde se completa de verdad la Sociedad Colectiva, donde se organiza el convencimiento y la adhesión de las clases populares porque los gobiernos no lo harán ni desearán hacerlo.

Esta parte de la idea de Gramsci sigue siendo válida, lo que se demuestra viendo la actitud de los gobernantes hacia los grupos sociales organizados, temporales o permanentes, coyunturales o estructurales, ya que la reacción casi universal sigue siendo un constante ataque hacia sus propósitos y aspiraciones. Eso es claro y se mantiene.

Para él, Gramsci, en la Sociedad Civil no se concibe la existencia sin que esté presente una denominada Sociedad Política conjuntamente (de ahí la diferenciación en Sociedad Civil y Sociedad Política y juntas forman la Sociedad Colectiva), que no es más que el Estado-Gobierno, o sea el aparato gubernamental que funciona con leyes e instrumentos de control social (incluida la represión), que ejerce la rectoría sobre los medios de comunicación de masas, la educación, la jerarquía eclesiástica y en general, sobre la ideología que reproduce y que conviene al sistema imperante. Algo también muy cierto y actual, según mi modo de ver las cosas.

Gramsci, en resumen conceptúa a la Sociedad Civil como un ente pluralista y multiforme, en su seno se producen permanentes choques internos por la hegemonía y la contra-hegemonía. Es decir, para Gramsci el concepto de Sociedad Civil no puede entenderse como conspirador ni antigubernamental, antes que eso debe ser rescatado para poder tener una visión de conjunto de los problemas nacionales y trazar la estrategia adecuada para los fines de la sociedad. Por eso es necesario este tipo de presencia, tan poco entendida y con quienes los gobiernos eluden conversar, compartir reflexiones, cuando en realidad lo que hacen es tratar de plantear un punto de vista propio desde su percepción ciudadana, además de que se ubican en el plano de delegantes del poder, que es una cualidad que posee la ciudadanía.

La otra razón de su autenticidad es que la gobernabilidad va a residir en el equilibrio que se establece entre la Sociedad Política y la Sociedad Civil, con esta ecuación lo que se persigue es que la Sociedad Colectiva propicie acuerdos y encuentros para dilucidar dudas sobre el ejercicio del poder. Por esto aseguro que los gobiernos no pueden deslegitimar a la llamada Sociedad Civil, ya que no es un ente abstracto ni inventado; un gobierno sí puede ser ilegítimo, pero la Sociedad Civil siempre va a trascender a la Sociedad Política. Algo que ha caracterizado a muchos gobiernos que luego salen a decir que no van a cogobernar con nadie, lo cual no es cierto, aunque parezca no es la intención de la Sociedad Civil, esta lo que hace no es más que propiciar la participación efectiva y real de los ciudadanos, promoviendo lo que se conoce como Conciencia Ciudadana. En este ejercicio se van consolidando y decantando los verdaderos, no los quinta columna.

Estemos de acuerdo o no, debemos reconocer el papel de los grupos de presión, honestos y bien motivados, aunque tengan una visión diferente; con ello descalifico a grupos que como muchos que aparecen de cuando en cuando solo nacen para penetrar a la verdadera Sociedad Civil por cuenta de los gobiernos existentes.

La Sociedad Civil se enmarca en el interés de velar por los mejores intereses de la sociedad en su conjunto y tiene el derecho de expresarse, estén o no en sintonía con los gobernantes, por lo cual hay que ensayar el estilo de conversar con estos grupos, buscar un equilibrio, desenmascarar a los no genuinos, consolidar a los representativos y establecer una cultura de rendición de cuentas permanente.

101 años de Panamá América

 
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