Sobre la violencia
La ciudadanía en general, se siente aterrada. Cada día, las noticias que aparecen en las primeras planas de los diarios nos impactan por el despliegue de fotografías que muestran el alto índice de violencia a lo largo y ancho de nuestro país. Sabemos que los factores que inciden en la comisión de delitos de nuestra juventud, no constituyen un hecho aislado. De allí que no podamos examinar la realidad nuestra en función de un espacio limitado exclusivamente al entorno social que nos rodea. Las causas van más allá.
En este mundo cambiante que ha visto, tanto en el siglo pasado como en el que ya iniciamos, la proliferación de males en la sociedad tales como: el narcotráfico, el trasiego de armas y de órganos humanos, la devastación del sistema ecológico, el terrorismo fundamentalista, el fanatismo religioso, enfermedades mortales como el Sida, el individualismo, el odio, el rencor, la desintegración familiar. Todo ello ha influido notablemente en la manera de actuar de la ciudadanía y más que todo en la clase más vulnerable: los jóvenes. De igual manera un marasmo de situaciones de toda índole nos invade: el avance tecnológico, la globalización, la miseria, el desempleo, el racismo, la moral judicial y sobre todo, la desesperanza, nos perfila un caminar hacia el despeñadero.
Ante esta realidad observamos con preocupación la pérdida total de los valores éticos y morales en donde dudamos de las actuaciones de nuestros connacionales por el "juega vivo" utilizado con frecuencia hasta en transacciones elementales hogareñas. Asimismo, se añade la criminalidad que cada día crece en proporciones alarmantes, lo que va en detrimento de la sociedad justa y equilibrada a la que todos y todas aspiramos. Recordemos que después de una dictadura militar que sumió a nuestro pueblo en la más grave crisis institucional y como corolario una invasión por la potencia más grande del orbe; a raíz de ello, tuvimos un retroceso mayor que el ocurrido en los albores de la república.
Una buena parte de la juventud se levanta, tristemente, sin mayores deseos de superación y por el contrario, se asocian en pandillas para delinquir y portar armas de toda clase. En las aulas escolares se torna difícil corregir y orientar, porque los profesores y maestros somos desautorizados y en algunas ocasiones, agredidos por padres de familias y por los propios alumnos. Aparte de ello, la moda, el tipo de música que incita a la violencia, la poca valoración de la mujer en la propaganda comercial y como si ello fuera poco, surge un excesivo hedonismo que pone de manifiesto conductas inadecuadas que pugnan con la moral y las buenas costumbres. Con estas reflexiones apelamos a la conciencia de los padres de familias, de los gobernantes, de los medios de comunicación, de la iglesia, de los educadores y de toda la ciudadanía que pongamos nuestros esfuerzos para devolverle al país la esperanza de un mejor mañana teniendo presente la doctrina del amor inspirada por nuestro Señor Jesucristo.
En este mundo cambiante que ha visto, tanto en el siglo pasado como en el que ya iniciamos, la proliferación de males en la sociedad tales como: el narcotráfico, el trasiego de armas y de órganos humanos, la devastación del sistema ecológico, el terrorismo fundamentalista, el fanatismo religioso, enfermedades mortales como el Sida, el individualismo, el odio, el rencor, la desintegración familiar. Todo ello ha influido notablemente en la manera de actuar de la ciudadanía y más que todo en la clase más vulnerable: los jóvenes. De igual manera un marasmo de situaciones de toda índole nos invade: el avance tecnológico, la globalización, la miseria, el desempleo, el racismo, la moral judicial y sobre todo, la desesperanza, nos perfila un caminar hacia el despeñadero.
Ante esta realidad observamos con preocupación la pérdida total de los valores éticos y morales en donde dudamos de las actuaciones de nuestros connacionales por el "juega vivo" utilizado con frecuencia hasta en transacciones elementales hogareñas. Asimismo, se añade la criminalidad que cada día crece en proporciones alarmantes, lo que va en detrimento de la sociedad justa y equilibrada a la que todos y todas aspiramos. Recordemos que después de una dictadura militar que sumió a nuestro pueblo en la más grave crisis institucional y como corolario una invasión por la potencia más grande del orbe; a raíz de ello, tuvimos un retroceso mayor que el ocurrido en los albores de la república.
Una buena parte de la juventud se levanta, tristemente, sin mayores deseos de superación y por el contrario, se asocian en pandillas para delinquir y portar armas de toda clase. En las aulas escolares se torna difícil corregir y orientar, porque los profesores y maestros somos desautorizados y en algunas ocasiones, agredidos por padres de familias y por los propios alumnos. Aparte de ello, la moda, el tipo de música que incita a la violencia, la poca valoración de la mujer en la propaganda comercial y como si ello fuera poco, surge un excesivo hedonismo que pone de manifiesto conductas inadecuadas que pugnan con la moral y las buenas costumbres. Con estas reflexiones apelamos a la conciencia de los padres de familias, de los gobernantes, de los medios de comunicación, de la iglesia, de los educadores y de toda la ciudadanía que pongamos nuestros esfuerzos para devolverle al país la esperanza de un mejor mañana teniendo presente la doctrina del amor inspirada por nuestro Señor Jesucristo.