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Sobre neutralidad presidencial


Estimado amigos:
Sus opiniones vertidas en "El Pulso de Panamá" del 11 de junio pasado, que se refieren a la triste situación del Partido Arnulfista, son extraordinariamente acertados. Sin embargo, incurren en un grave error histórico al afirmar que en la Convención Constitutiva del Partido Arnulfista celebrada en Penonomé en 1991, había un candidato a la Presidencia de ese colectivo que era el "favorito oficialista", con lo que no cabe duda que endilgan injustamente ese favoritismo al Presidente del República, puesto que entonces ocupaba.
No hay duda que cometí errores como presidente, pero siempre me he sentido orgulloso de las decisiones que tomé con motivo de esa Convención Constitutiva. Revisen las ediciones de esas fechas de su distinguido periódico y averigüen con testigos reputados de esos acontecimientos, y determinarán lo siguiente:
1- Al acercarse la fecha de la Convención Constitutiva del Partido Arnulfista, todos los principales dirigentes del partido me ofrecieron elegirme Presidente de ese colectivo por lo que sería una amplia mayoría.
Aunque, sin duda, hubiera sido para mí un grandísimo honor presidir el partido político al cual había pertenecido toda mi vida, y al cual había dedicado muchos de mis desvelos, una profunda y larga meditación me llevó a la siguiente conclusión: Si bien no había precepto constitucional o legal que me impidiese ocupar ambas presidencias, no consideraba ético ni conveniente que un presidente de la República fuese, al mismo tiempo, presidente del partido al cual pertenecía. Los compromisos que como Presidente de la República había asumido ante todo el pueblo panameño eran de tal gravedad e importancia, que no debía distraer ni un segundo en las consideraciones estrictamente partidistas.
Por otro lado, el amor y convencimiento que siempre he profesado y profesaré hasta el último de mis días a las ideas democráticas y de justicia social que constituyen la doctrina panameñista, y al partido político que propugne por esas ideas, me impedían asumir su dirección en forma parcial y desordenada, o lo que sería peor, que la investidura de Presidente de nuestra nación fuera causa de la entronización de principios antidemocráticos por la mera naturaleza de mis poderes constitucionales. Por eso, al llegar al convencimiento pleno de lo que una elemental ética política me indicaba que era inconveniente para la República y para mi partido, hice pública mi decisión inalterable de no aceptar la candidatura a la presidencia del Partido Arnulfista.
2- Al mismo tiempo que decidí no aceptar la candidatura, manifesté en numerosas ocasiones -en público y en privado- que adoptaría una posición de absoluta y profunda neutralidad en la lucha por la presidencia del partido que se produjo entre quienes consideraba entonces como dos de mis mejores amigos y copartidarios, Don Francisco Artola y Doña Mireya Moscoso (en ese entonces señora de Gruver). Hasta la fecha de la Convención Constitutiva, nunca promoví a ninguno de los candidatos, y me negué rotundamente a hacer declaraciones públicas o privadas en favor o en contra de algunos de ellos. No conocía realmente quién apoyaba a quién, pero era bien conocido que los arnulfistas que ocupaban altos puestos en mi gobierno estaban equitativamente divididos entre los dos grupos.
3- Finalmente, el día de la Convención Constitutiva, no asistí -a pesar de ser convencional- a la misma, y me mantuve en todo momento alejado de todo tipo de comunicación con persona alguna que estuviera participando. Sobre el resultado me enteré por los medios de comunicación social porque me negaba a recibir llamada alguna, para no correr riesgo que se me tratase de inmiscuir en los resultados.
4- A las primeras horas del día siguiente de la Convención Constitutiva, llamé a mis entonces amigos y copartidarios, Francisco Artola y Mireya Moscoso, a fin de solicitarles que ellos, personalmente, y sus más allegados en la disputa electoral del día anterior nos reuniéramos con el fin de que el partido no se dividiese en dos partes sustancialmente iguales, agregando que eso lo hacía como Presidente de la República, que necesitaba del respaldo de un partido unido para gobernar Panamá en beneficio de la panameños. Esa reunión se llevó a cabo, y todo parecía que en ese acto se había renovado la unidad existente del partido.
Esta es la verdad histórica, según mi leal saber y entender, de la cual sinceramente me siento muy orgulloso. Estoy seguro que si revisan las ediciones de "El Panamá América" de esos días confirmarán, en buena parte, lo que he expuesto.
Ojalá ustedes consideren justos rectificar su error en "El Pulso de Panamá" al afirmar que yo tenía un "candidato oficialista" en la Convención Constitutiva del Partido Arnulfista. Les Agradezco de antemano la atención que le presten a la presente.
Guillermo Endara
Ex Presidente de la República

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