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Sobre Nicaragua y su futuro


Las pasadas elecciones nicaragüenses de noviembre de 2001 ponen sobre el tapete la nueva realidad política que se vive en ese país desde el retorno de la democracia en 1990, año en que ascendió al poder Violeta Chamorro, valerosa y ejemplar mujer política que tomó las riendas de la presidencia de la República en unos momentos muy críticos después de décadas de dictaduras somozistas y sandinista.
Ambos tipos de dictaduras produjeron casi los mismos resultados de miseria y represión, con el agravante de que el gobierno sandinista desmanteló la infraestructura de producción y empresarial maniatada por el Estado totalitario de los Somoza, cierto, pero que drenaba algo de riqueza hacia las capas campesinas bastantes conservadoras en su conducta política. Al final de todo, el gobierno de Somoza terminó acabando con su propia base de apoyo con los resultados conocidos por estudiosos más expertos que el suscrito en la materia.
Violeta Chamorro llegó a la presidencia de Nicaragua con un aluvión de expectativas; por lo que la decepción pronto se apoderó de la población, pero a la vuelta de los años, Violeta supo escuchar al pueblo y enderezó muchos entuertos y dificultades que le rodeaban. Esto hizo de su gestión gubernamental un ejemplo para toda la clase política de su país. Son muchos los que acuden a su consejería y hasta se le ofreció otra candidatura para estas últimas elecciones, la cual rechazó con actitud de estadista. Ni siquiera intervino en la contienda interna de su coalición de partidos. Así fue que Nicaragua inició una senda firme, pero difícil, hacia la democracia política.
La democracia económica es la gran ausente todavía en este atribulado país de terremotos, huracanes y sequías que han diezmado los pocos logros de sus emprendedores trabajadores del campo, mas no sus energías y su fe en el futuro. Hay, por otro lado, quienes trabajan en esa nación para no dejar trabajar y producir a los demás: los sandinistas.
Con la dictadura de los comandantes sandinistas se cerró el ciclo de los mesianismos revolucionarios en Centroamérica. Primero Torrijos y los elitistas militares salvadoreños, luego el epítome de esta senda de locuras en Nicaragua.
El gobierno sandinista, fiel seguidor de las doctrinas marxistas y de la Teología de la Liberación ( algo así como un híbrido ideológico entre fundamentalismo cristiano y marxista), fue desde el principio un gobierno déspota, violador sistemático de los derechos humanos, azuzador de hordas de gente revanchista, llenas de complejos y de prejuicios sociales. Jamás en sus 11 años de desgobierno pudieron probar las "teorías sociales" que abogaban por la toma a la fuerza de las instituciones y de sembrar el odio entre clases para alcanzar el progreso y la "justicia social"; arrogantemente se hacían llamar "políticos progresistas" a la vez que satanizaban a todo lo que tenía que ver con empresa privada.
Los 11 años de sandinismo a la fuerza fueron suficientes para que el pueblo nicaragüense tomara la correcta decisión de no favorecer con el voto al representante más conspicuo de la intransigencia e hipocresía política: Daniel Ortega; quien se postuló a costa de alejar a posibles cuadros renovadores de ese partido en tres ocasiones. Este señor Ortega y sus allegados pensaban en lo mismo: "O yo, o nadie". Por eso su estruendoso fracaso al no hacer una lectura correcta de la nueva situación nicaragüense hastiada de caudillos ruralistas.
Con la derrota del pasado 4 de noviembre, son tres al hilo que lleva Ortega y sus lobeznos arrogantes; primero con Chamorro, después con Alemán y por último con Bolaños, su víctima en los años de persecución cuando Ortega pensaba que con el apoyo soviético, cubano y de Torrijos, Nicaragua era su finca personal y que nunca revertiría la situación de injusticia a la que sometió a su pueblo. Fueron años de confiscaciones arbitrarias y rencorosas, saqueo y quiebra del Seguro Social a través de otorgamientos de prebendas a grupos políticos y sindicales, parálisis económica total al alcanzar, gracias al apoyo de su batería de economistas asesores, nacionales y extranjeros, inflación del 30,000%. El Banco Central de la Nicaragua sandinista "hambreó" a los pobres y convirtió a su país en el segundo más depauperado del continente americano. Hoy gracias a ese legado de reparticiones y la corrupción del último gobierno, las instituciones de ese país están entregadas a la vulgar politiquería; al dividirse los partidos los altos cargos de importantes instituciones como la Corte Suprema y el Tribunal Electoral nicaragüense. Hay que tomar nota aquí en Panamá.
La ciudadanía nicaragüense demostró civismo e inteligencia el pasado 4 de noviembre; insatisfecha con razón hacia sus políticos, pero sin perder la brújula al no dejarse llevar por cantos de sirena de los maestros del verbo demagógico causantes en gran parte del descomunal desastre en que está sumido ese país hoy en día. Felicitaciones y nuestros deseos de mejores momentos a nuestros hermanos de Nicaragua.

101 años de Panamá América

 
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