Sobre periodistas disociadores
Nos decía nuestro abuelo Don Rogelio con tono de maestro, que la hidalguía y caballerosidad de los hombres se somete a pruebas, al referirse éstos a sus adversarios ya muertos. Resulta inconcebible que un orientador de la opinión pública, supuestamente graduado en la Escuela de Periodismo, sin rubor ni elemental prudencia y desconocimiento de ética, cortesanía y comedimiento, asalte hasta la intimidad de sus hogares y sagrados sepulcros sin justificación válida, ni aprovechamiento intelectual o moral que beneficie a los lectores, ¡más bien lo contrario!, a abuelos vivos y difuntos que lograron dejar en el corazón de sus familiares y amigos, una prolífica trayectoria de satisfacciones y sensación de orgullo.
El artículo "Los Rectores de a dedo" que firma el periodista Gerardo Berroa Loo, publicado en el diario La Prensa el pasado lunes 8 de mayo, lo considero irrespetuoso, desconsiderado y disociador. Etica, caballerosidad y elegancia sacrificó en su escrito el señor Berroa, ya que pudo haber titulado sin perder la esencia del mensaje... Los rectores designados, sugeridos o recomendados por los militares, en vez del estéril y desfasado término que sugiere rencor y saña "de a dedo", ya que si aceptamos como correcta y justificada estas expresiones, bien podríamos decir entonces hoy, los Magistrados de la Corte Suprema "de a dedo"; Los Magistrados del Tribunal Electoral "de a dedo"; Procuradores "de a dedo"; Contralor "de a dedo", etc. etc. Porque aunque la Constitución panameña ordena la separación de los tres poderes, en la práctica se ha creado el vicio de que estos nombramientos son "sugeridos, recomendados o designados" por los jefes del Organo Ejecutivo, ¡Los presidentes!, a consecuencia de las deficiencias o debilidades de nuestro sistema democrático, desviado intencionalmente hacia el "presidencialismo". Sin embargo, incurriríamos en un error expresarnos también como mal lo ejemplariza el Sr. Gerardo Berroa. La única diferencia del procedimiento que exhibía aquel gobierno cívico-militar (1968-1983), y los gobiernos democráticos que se vienen sucediendo, radica en que antes dichas sugerencias y recomendaciones en efecto emanaban de la avenida A, como lo cita el periodista en su escrito; y hoy las mismas surgen de la avenida B. Ya que las sede del Estado y sus gobiernos por razones políticas e históricas, que no sería razonable ventilar en el presente escrito su justificación o no, se asentaban en la avenida B, luego en la A y hoy regresó a la avenida B.
Es propicia la ocasión para resaltar, que la excelencia académica de aquellos rectores que el articulista cita con injustificado desdén, engrandecen la respetabilidad, sensatez y proyección de estadista, del militar recomendante, o si lo prefiere... "dueño del dedo". Por brindarle un ejemplo... El Dr. Rómulo Escobar Betancourt, panameño dueño de un verbo inteligente y escultor, hombre formado a base de hambre, sacrificios y estudios, quien logra liberarse de los tentáculos que lo ataban a los marasmos de la pobreza, fue además laureado con el premio "Ricardo Miró" en 1964, en la versión cuentos con "Cristales de siete luces". Y en 1965 repite el mismo honor con su obra para teatro "Nele Diolele". Y para que contarle de los carcelazos, sitios de hambre y exilios, por los que tuvo que transitan el Dr. Escobar Betancourt, sólo por sembrar banderas soberanas en la Zona del Canal.
En la otra vertiente del desafortunado escrito que nos ocupa, el Sr. Berroa incurre en desaciertos e imprecisiones, las que sugieren que alguien le soplo al oído, una historia acomodaticia e inconclusa, la cual él transcribe hoy como de su cosecha, por ejemplo... Los ciudadanos Carlos Iván Zúñiga y Ricardo Arias Calderón, fueron considerados siempre por nosotros los militares, dignos y respetables adversarios políticos. ¿Cómo es posible que el periodista Berroa, afirme hoy que el Dr. Zúñiga lo mantuvimos tres meses encarcelado; puede demostrarlo? Claro es que en la Universidad Nacional surgieron brotes de rechazo al gobierno cívico-militar, pero no pasó de allí, "sólo brotes". Vale agregar, no podemos continuar confundiendo un exilio, con un tour voluntario en Mercedes Benz por toda Europa. En otras afirmaciones sin sustentación agrega, "que la Universidad Nacional se convirtió en un bastión de protestas contra los militares. ¿Cómo puede ser eso posible, cuando los mismos líderes estudiantiles, profesorado y administrativos, nos invitaron no menos de tres ocasiones al "Paraninfo" repleto, para discutir sobre el destino de la República y las injusticias sociales que imperaban entonces? A fuer de ser sincero con los amables lectores, las veces que el general Torrijos asistió a aquellos conversatorios libres y democráticos en el Paraninfo, fue despedido cubierto de una atmósfera de aplausos y esperanzas, en vez de rechazo y oprobios.
Finalmente reduciendo este asunto a breves términos, concluyo así: Aunque hacen mayoría los periodistas honorables, objetivos y profesionales lo que ocuparía mucho espacio mencionarlos a todos, otros muy pocos insisten en mantener un periodismo disociador y concitadores de la familia panameña, al extremo que la situación sugiere a la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional, hacer los ajustes necesarios para lograr nuevas promociones de periodistas de excelencia. Sin estar seguro creo haber tenido en algún momento, una breve relación profesional con el periodista Berroa Loo, de ser así es muy joven y de limitada experiencia. Sin embargo, de todas formas hacen daño venga de donde venga, estos escritos lanzados a la comunidad sin prudencia y blindaje ético, así como artículos saturados de inmerecidos señalamientos contra panameños de generaciones que nos antecedieron bajo circunstancias difíciles y escabrosas. Por eso debo recordar las sentidas palabras del profesor Egbert Nathaniel Wetherborne, cuando deja el siguiente mensaje como un adiós postrer "Que triste la vejez, sin la elemental gratitud de las generaciones deudoras".
El artículo "Los Rectores de a dedo" que firma el periodista Gerardo Berroa Loo, publicado en el diario La Prensa el pasado lunes 8 de mayo, lo considero irrespetuoso, desconsiderado y disociador. Etica, caballerosidad y elegancia sacrificó en su escrito el señor Berroa, ya que pudo haber titulado sin perder la esencia del mensaje... Los rectores designados, sugeridos o recomendados por los militares, en vez del estéril y desfasado término que sugiere rencor y saña "de a dedo", ya que si aceptamos como correcta y justificada estas expresiones, bien podríamos decir entonces hoy, los Magistrados de la Corte Suprema "de a dedo"; Los Magistrados del Tribunal Electoral "de a dedo"; Procuradores "de a dedo"; Contralor "de a dedo", etc. etc. Porque aunque la Constitución panameña ordena la separación de los tres poderes, en la práctica se ha creado el vicio de que estos nombramientos son "sugeridos, recomendados o designados" por los jefes del Organo Ejecutivo, ¡Los presidentes!, a consecuencia de las deficiencias o debilidades de nuestro sistema democrático, desviado intencionalmente hacia el "presidencialismo". Sin embargo, incurriríamos en un error expresarnos también como mal lo ejemplariza el Sr. Gerardo Berroa. La única diferencia del procedimiento que exhibía aquel gobierno cívico-militar (1968-1983), y los gobiernos democráticos que se vienen sucediendo, radica en que antes dichas sugerencias y recomendaciones en efecto emanaban de la avenida A, como lo cita el periodista en su escrito; y hoy las mismas surgen de la avenida B. Ya que las sede del Estado y sus gobiernos por razones políticas e históricas, que no sería razonable ventilar en el presente escrito su justificación o no, se asentaban en la avenida B, luego en la A y hoy regresó a la avenida B.
Es propicia la ocasión para resaltar, que la excelencia académica de aquellos rectores que el articulista cita con injustificado desdén, engrandecen la respetabilidad, sensatez y proyección de estadista, del militar recomendante, o si lo prefiere... "dueño del dedo". Por brindarle un ejemplo... El Dr. Rómulo Escobar Betancourt, panameño dueño de un verbo inteligente y escultor, hombre formado a base de hambre, sacrificios y estudios, quien logra liberarse de los tentáculos que lo ataban a los marasmos de la pobreza, fue además laureado con el premio "Ricardo Miró" en 1964, en la versión cuentos con "Cristales de siete luces". Y en 1965 repite el mismo honor con su obra para teatro "Nele Diolele". Y para que contarle de los carcelazos, sitios de hambre y exilios, por los que tuvo que transitan el Dr. Escobar Betancourt, sólo por sembrar banderas soberanas en la Zona del Canal.
En la otra vertiente del desafortunado escrito que nos ocupa, el Sr. Berroa incurre en desaciertos e imprecisiones, las que sugieren que alguien le soplo al oído, una historia acomodaticia e inconclusa, la cual él transcribe hoy como de su cosecha, por ejemplo... Los ciudadanos Carlos Iván Zúñiga y Ricardo Arias Calderón, fueron considerados siempre por nosotros los militares, dignos y respetables adversarios políticos. ¿Cómo es posible que el periodista Berroa, afirme hoy que el Dr. Zúñiga lo mantuvimos tres meses encarcelado; puede demostrarlo? Claro es que en la Universidad Nacional surgieron brotes de rechazo al gobierno cívico-militar, pero no pasó de allí, "sólo brotes". Vale agregar, no podemos continuar confundiendo un exilio, con un tour voluntario en Mercedes Benz por toda Europa. En otras afirmaciones sin sustentación agrega, "que la Universidad Nacional se convirtió en un bastión de protestas contra los militares. ¿Cómo puede ser eso posible, cuando los mismos líderes estudiantiles, profesorado y administrativos, nos invitaron no menos de tres ocasiones al "Paraninfo" repleto, para discutir sobre el destino de la República y las injusticias sociales que imperaban entonces? A fuer de ser sincero con los amables lectores, las veces que el general Torrijos asistió a aquellos conversatorios libres y democráticos en el Paraninfo, fue despedido cubierto de una atmósfera de aplausos y esperanzas, en vez de rechazo y oprobios.
Finalmente reduciendo este asunto a breves términos, concluyo así: Aunque hacen mayoría los periodistas honorables, objetivos y profesionales lo que ocuparía mucho espacio mencionarlos a todos, otros muy pocos insisten en mantener un periodismo disociador y concitadores de la familia panameña, al extremo que la situación sugiere a la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional, hacer los ajustes necesarios para lograr nuevas promociones de periodistas de excelencia. Sin estar seguro creo haber tenido en algún momento, una breve relación profesional con el periodista Berroa Loo, de ser así es muy joven y de limitada experiencia. Sin embargo, de todas formas hacen daño venga de donde venga, estos escritos lanzados a la comunidad sin prudencia y blindaje ético, así como artículos saturados de inmerecidos señalamientos contra panameños de generaciones que nos antecedieron bajo circunstancias difíciles y escabrosas. Por eso debo recordar las sentidas palabras del profesor Egbert Nathaniel Wetherborne, cuando deja el siguiente mensaje como un adiós postrer "Que triste la vejez, sin la elemental gratitud de las generaciones deudoras".