default

Sobre señoritas y esclusas


En los días siguientes de la hecatombe de 1989, aparecieron camisetas con el lema "Yo sobreviví la invasión". Veinte años después, uno mira hacia atrás y no deja de sentir escalofríos cuando golpean los recuerdos y, en especial, cuando se rememora la muerte de tantos y los sufrimientos de muchos otros. Entonces se reafirma la convicción que, pase lo que pase, hechos como estos jamás deben repetirse.

Resulta también que ahora al Grupo teatral Lagartija se le ocurre poner en partitura de teatro, una sinfonía cotidiana y atormentada de lo que pasó y de lo que nos pasa. Me recuerdan el relato kuna de "aspan pipigua", la lagartija que cual Prometeo reptil, le quita el fuego al tigre que lo monopoliza y se lo entrega a los humanos que tiritaban y comían crudo en los claros de la selva. La apuesta de su puesta en escena no es por los desabridos y edulcorados temas que anegan muchas de nuestras salas, sino que les da por incursionar en vericuetos de palabras y gestos que nos desafían, porque ¿cuántas camisetas existen hoy afirmando las otras sobrevivencias que pululan en este país astillado?

La obra revela un trabajo colectivo de actuación y dirección de primera línea, una escenografía sobria, pero ajustada al propósito. El texto es rico en matices y expresiones vitales intentando ligar la dimensión subjetiva con el contexto real a través un contrapunteo intenso. Aunque el tema central es el olvido colectivo de los ejes palpitantes y desafiantes que nos cuestiona, como la invasión, a mi parecer, creo que la obra sobredimensiona lo alegórico y subjetivo en relación con el aspecto histórico de la invasión misma que tiende a desdibujarse, perdiéndose así un necesario balance entre ambos.

La cultura es hoy un desafío que debe responder a preguntas vitales como éstas: ¿Qué somos? ¿Qué hemos sido? ¿Qué queremos ser? Por ello, debemos aportar en sus respuestas, y con ello apoyar la construcción de identidades, a las que se accede cuando las diferencias conversan y debaten animadamente y construyen interculturalidades, y sin renunciar al conflicto, logran apostar por la humanización de nuestra sociedad.

Por ello es necesario tomar con la gente conciencia crítica de nuestros horizontes culturales, políticos y sociales. Madurar y potenciar fecundamente la creación cultural. Bregar contra la autocensura y la intolerancia. Todo esto desafía a ser profundamente honestos y eficaces, y poder acercarnos más y más a la verdad, esa esquiva señora de la que Brecht escribió, las cinco dificultades para decir la verdad. Uno, tener el coraje de escribirla. Dos, la inteligencia para reconocerla. Tres, el arte para convertirla en arma. Cuatro, la capacidad para compartirla con aquellos en cuya mano será útil; y quinto, la habilidad para propagarla.

La obra se llama “FOTO DE SEÑORITAS Y ESCLUSAS”, llevada por el Teatro Lagartija, y está en la Sala Anita Villaláz hasta el 30 de mayo. La dramaturgia y dirección es de Arístides Vargas, y en la actuación están Natalie Medina, Martiza Vernaza, Martín Porto, Marisín Luzcando y Mariela Aragón. Vale la pena.

[raulleisr@hotmail.com]

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América