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Sobre Urbanismo


No es necesario ser urbanista para pronosticar que el desorden en las edificaciones, especialmente en nuestra ciudad capital, acarreará muchas dificultades y perjuicios.
Sorprende el levantado de altos edificios frente a calles estrechas. Ya es hora de establecer límites para ello, pues mientras más torres levantemos, mayor será la perturbación en el tránsito vehicular.
Si esto continúa sin ponerle freno, será inútil hablar de despegue ni soñar con índices de crecimiento económico. Lo que tendremos será fatídico estancamiento. Nos convertiremos en la ciudad estanco.
La permanente pena de los tranques, especialmente en horas laborables, representará pérdida valiosísima de tiempo, a la par que con un elevado costo económico por miles de autos que, sin poder avanzar, estarán consumiendo el combustible inútilmente.
Los propietarios de construcciones que constituyen elevadas torres frente a calles estrechas, tendrán a la larga que vender o alquilar por sumas irrisorias sus edificios, sean destinados a vivienda o a locales comerciales, pues nadie paga para sufrir molestias a diario.
El Casco Viejo de la ciudad de Panamá, con sus estrechas calles, constituye la mejor prueba de lo que se avecina. Tenemos que entender que si un contenedor lo lleváramos por la calle 8" y otro en la 9ª., bloquearíamos cuatro manzanas.
Estamos en un mundo diferente: el de los grandes camiones y contenedores que requieren que las ciudades modernas se construyan con calles anchas.
A un siglo de la Constitución que dio marco jurídico interno a los panameños que vieron la Separación, hemos de saber y entender y practicar los ideales que fundaron la Patria. Que los partidos están para servir nuestros intereses y defender nuestras libertades. Así lo entendieron los prohombres de 1903 y 1904. Y esa es una gran lección que jamás podemos olvidar. Antes bien, nuestra labor consiste en actualizarla y perfeccionarla en una ascendente escala política y de acendrado nacionalismo.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América