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Sobre víctimas y victimarios


Cualquier persona sensata sabe que los pueblos indígenas americanos, principalmente, antes, durante y después del año 1492 d.C., han sido víctimas de toda clase de abusos, injusticias y privaciones.
Por más que algunas mentes perversas traten de distorsionar la verdad de los datos históricos, nadie podrá ocultar que los mal llamados descubridores de América, con el silencio cómplice de las autoridades del viejo continente (civiles, religiosas, etc.), mediante engaño, intimidación, fuerza, violencia y actos atroces, impusieron en "Las Indias" un sistema político, económico, religioso, social y cultural, que a la postre ha demostrado inestabilidad.
Después de quinientos años, las condiciones de vida de muchos indígenas es muy lamentable, a pesar de los esfuerzos realizados a través de los años por los defensores de los derechos y la supervivencia de los Pueblos Indígenas de América, sin dejar de mencionar la indiferencia de los que no son indígenas, tanto gobernantes como gobernados.
En el caso panameño, existe un cuerpo de normas jurídicas tendientes a garantizar que a los pueblos indígenas se les proteja integralmente, más que a cualquier otro grupo, ya que ellos, como descendientes directos de los verdaderos descubridores de América, en cierta forma constituyen el más grande y precioso recurso histórico, antropológico y cultural de la República de Panamá. Así se deduce si analizamos comprensivamente el Derecho Indigenista Patrio. Véase el artículo 123 de la Constitución Política Vigente.
Los pueblos indígenas, desde el punto de vista legal, poseen en sus reservaciones un alto grado de autonomía. En sus tierras reservadas tienen la potestad de explotar, sin mayores restricciones, cualquier actividad que les sea beneficiosa. Sus líderes tienen amplias facultades.
Independientemente del fin altruista y noble que persiga el derecho indigenista, este conjunto de normas, al ser interpretadas y aplicadas por los líderes y autoridades comarcales en el territorio comarcal, tienden a ser severas para con los propios indígenas, y qué decir de los que no son indígenas. En las reservaciones indígenas, el no indígena no puede hacer lo que quiere, sin embargo, en el resto del territorio nacional el indígena sí puede hacer lo que quiere.
Al menos dos hechos, sin menoscabo de otros más, han sido noticias en los últimos días provenientes del área indígena. Uno de éstos: "una maestra fue azotada con hojas de hortiga"; y el otro: "los violadores de un menor están libres porque fueron castigados con la ridícula sanción de cincuenta balboas solamente". Sin referirme a otros hechos en que los líderes o autoridades comarcales de todas las comarcas del país puedan haber actuado en flagrante violación de la Ley, me pregunto si el Derecho Indigenista puede ser dictado, interpretado y aplicado al margen de lo dispuesto en la Constitución Política, los Códigos Legales, Los Convenios Internacionales de Derechos Humanos y el Ordenamiento Jurídico Patrio.
Hablar objetivamente sobre la realidad indígena nacional es muy difícil, pero por más que duela, hay que hacerlo, porque todos los seres humanos en esencia somos iguales, tenemos defectos y virtudes, y todos tenemos que reconocer, que cada persona que no se esfuerza por ser mejor cada día tiene la suerte que se merece. No podemos vivir de la lástima de los demás.
Siempre he defendido y defenderé los derechos que tienen todos los grupos socialmente vulnerales de ser protegidos legalmente, como por ejemplo las mujeres, los niños, los discapacitados, los ancianos, los refugiados, los menesterosos y las minorías. Como también creo que a los indígenas no se les debe negar una debida atención.
Sin eliminar la protección que otorgan las leyes a las personas socialmente vulnerables y sin soslayar elementales diferencias, creo que las agudas barreras de separación que existen entre los seres humanos por razones de raza, sexo, clase socioeconómica, religión e ideas políticas deben erradicarse y debe darse una integración entre los habitantes del país y del mundo, con el único propósito de procurar la paz, la justicia y la prosperidad, porque los flagelos sociales no hacen acepción de personas.

101 años de Panamá América

 
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