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Socialismo maduro del futuro


La expresión "Socialismo maduro del futuro", va a ayudarnos a comprender qué constituye un fundamento social, económico, político, cultural y educativo, en donde el individuo y las masas populares obtengan garantías, derechos, libertades y necesidades, mediante el consentimiento espontáneo de gobernantes saneados y generosos a nivel nacional y en el trasfondo mundial; es como si se nos diese una "democracia liberal de masas" para el milenio.
La socialización totalmente realizable implicaría la igualdad de posibilidades, opciones y oportunidades; exaltaría la asistencia sociofinanciera mutua; implantaría la solidaridad a sus últimas consecuencias; se crearía la responsabilidad común y surgirá un patrón mixto en la economía que impulse los lineamientos socio-políticos, culturales y polivalentes con el incremento de los valores de excelencia, para erradicar con espíritu civilizador las artimañas de las transacciones mal habidas de los expoliadores locales e internacionales.
El "socialismo maduro", destacaría dos leyes o alternativas universales: 1- Debe garantizar la propiedad individual y colectiva de los grandes medios de producción multidimensional en la ciudad y en el campo, más allá del mercadeo ortodoxo y de la planificación estereotipada. 2- Debe cumplirse a cabalidad la autogestión laboral y del tiempo libre, con miras a instalar y desarrollar organizaciones, instituciones y prácticas útiles, bajo los auspicios de obreros concienciados, de campesinos con sensibilidad social, de profesionales honestos y de "burgueses progresistas".
Las masas y el individuo merecen ser inteligenciados popularmente e inclinarlos eficazmente al desarrollo integral del intelecto. No poseemos una teoría adecuada y perfeccionada en la economía para la producción de talentos; el conocimiento y la sabiduría es una "responsabilidad administrativa". Consecuencialmente generamos lo que podríamos denominar "personas educadas". El "desarrollo" y su complementario, el "subdesarrollo", constituyen legados históricos de mediados del siglo XX. En este tercer milenio, si nos desligamos de los principios del marxismo dogmático, nos afianzaríamos psíquicamente en la creatividad, la innovación, el conocimiento, la sabiduría y la multiplicidad de intereses; el hombre dejaría de ser un "simio soñoliento", para vislumbrar el "Hombre Nuevo", en el cual se conjugue el perfeccionamiento físico, la actividad psicocivilizante, la postura bioética y la auténtica espiritualidad; normas indispensable dirigidas a todos los pensantes del espacio insondable. ¿Mito o realidad? ¡El tiempo lo dirá!
Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Japón y Rusia invierten sumas inauditas de dinero en peripecias e invenciones sensacionalistas y estereotipadas; deben patrocinar la consigna "el encuentro del hombre por el hombre"; ese "primate adormecido", no se nos manifestaría como individualidad cosificante, grotesca y manipulable, el ser humano ya no sería un simple tornillo o pieza común en la gran maquinaria de la sociedad y del Estado. "No sólo de pan vive el hombre", sentenció Jesucristo en los evangelios. Una cuestión sería la hambruna atroz derivada de la miseria y otra sería la hartasón desenfrenada, que no produce ideales fructíferos en la mente y corazón. El individuo tiene una diversidad de necesidades apremiantes del momento, que si las logra obtener con dignidad, lo entronizan y lo valorizan perennemente en la Tierra y en todo el cosmos.

101 años de Panamá América

 
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