Socialismo para siempre
El gobierno cubano de Fidel Castro está promoviendo una reforma constitucional que tiene por objeto declarar que el sistema socialista que impera en la isla es inamovible. A primera vista, la iniciativa luce como un disparate, habida cuenta que el mismo mecanismo de reforma que se emplea para un propósito en un momento dado, puede usarse en el futuro para desandar lo andado.
Por otra parte, nada podría evitar que un futuro y radical cambio de rumbo de al traste con la actual constitución, tal como ocurrió en los países del ex bloque soviético tras la caída del Muro de Berlín en 1989.
¿Cuál será el verdadero propósito tras la curiosa iniciativa? A nuestro juicio, es obvio Castro persigue aglutinar apoyo político interno frente a la difícil situación económica y el incremento de las presiones provenientes del gobierno republicano de Estados Unidos, que preside George Bush. Pero no sólo es eso.
En segundo término, la reforma podría constituir un claro mensaje dirigido al extremismo de derecha del exilio cubano de Miami, procurando desinflar las esperanzas de recuperar las propiedades que le fueran expropiadas a partir del triunfo de la revolución castrista en 1959.
La mayoría de los exiliados cubanos piensa erróneamente que, tras la salida de Castro, es posible hacerse la idea de que nada ocurrió tras 50 años de revolución y que todo volverá al principio. Ese es un concepto errado.
Quizás lo único - por exagerar - que garantiza la permanencia del régimen Castrista pese al derrumbe soviético y del experimento socialista en el mundo es el deseo de la mayoría de los cubanos que viven en la isla de no volver al antiguo status, esto es, de no sacrificar el fruto de la Reforma Agraria y de los diversos ejercicios de reparto de la riqueza que mal que bien estableció cierto grado de equilibrio social y equidad económica en el país. Por ende, tres generaciones de cubanos, aun sin Castro en el poder, podrían hoy y en el futuro estar dispuestos a defender sus tierras y conquistas machete en mano, no importa si alguien de Miami viene con un viejo y mohoso título de propiedad bajo el brazo.
La solución del problema expuesto constituye uno de los principales obstáculos a enfrentar para el retorno de Cuba al sistema democrático. Y quien encuentre la fórmula para armonizar esos dos grandes intereses en conflicto - el de la gente de Miami y el de los residentes de la isla - ganará el Nobel de Paz.
Por otra parte, nada podría evitar que un futuro y radical cambio de rumbo de al traste con la actual constitución, tal como ocurrió en los países del ex bloque soviético tras la caída del Muro de Berlín en 1989.
¿Cuál será el verdadero propósito tras la curiosa iniciativa? A nuestro juicio, es obvio Castro persigue aglutinar apoyo político interno frente a la difícil situación económica y el incremento de las presiones provenientes del gobierno republicano de Estados Unidos, que preside George Bush. Pero no sólo es eso.
En segundo término, la reforma podría constituir un claro mensaje dirigido al extremismo de derecha del exilio cubano de Miami, procurando desinflar las esperanzas de recuperar las propiedades que le fueran expropiadas a partir del triunfo de la revolución castrista en 1959.
La mayoría de los exiliados cubanos piensa erróneamente que, tras la salida de Castro, es posible hacerse la idea de que nada ocurrió tras 50 años de revolución y que todo volverá al principio. Ese es un concepto errado.
Quizás lo único - por exagerar - que garantiza la permanencia del régimen Castrista pese al derrumbe soviético y del experimento socialista en el mundo es el deseo de la mayoría de los cubanos que viven en la isla de no volver al antiguo status, esto es, de no sacrificar el fruto de la Reforma Agraria y de los diversos ejercicios de reparto de la riqueza que mal que bien estableció cierto grado de equilibrio social y equidad económica en el país. Por ende, tres generaciones de cubanos, aun sin Castro en el poder, podrían hoy y en el futuro estar dispuestos a defender sus tierras y conquistas machete en mano, no importa si alguien de Miami viene con un viejo y mohoso título de propiedad bajo el brazo.
La solución del problema expuesto constituye uno de los principales obstáculos a enfrentar para el retorno de Cuba al sistema democrático. Y quien encuentre la fórmula para armonizar esos dos grandes intereses en conflicto - el de la gente de Miami y el de los residentes de la isla - ganará el Nobel de Paz.