Socialismo y economía de mercado
La agencia de noticias China Nueva se ufanó la semana pasada de haber su país demostrado que es posible la coexistencia de un sistema socialista con el de una economía de mercado en una misma nación.
El anuncio coincide con la declaración del ministro chino de Economía, Xiang Huaicheng, en Washington, quien dijo que ni la crisis asiática ni las inundaciones que asolaron la nación este año, impedirán que China alcance el increíble crecimiento de 8% este año.
Ambas manifestaciones vienen respaldadas por el hecho de que el gobierno chino parece haber logrado un éxito en su política "un país, dos sistemas", que hace referencia a la coexistencia de un sistema socialista oficial en China con otro abiertamente capitalista en Hong Kong.
Según China Nueva, el 90% de la economía nacional es capitalista, exceptuando rubros estratégicos tales como las telecomunicaciones, el transporte, la energía y la industria militar; a los que hay que agregar la educación, la salud pública y otros asuntos de índole social.
Hoy día, según la misma fuente, sólo unos 30 productos están sujetos al control oficial de precios, en contraste con hace cinco años cuando el Estado controlaba los precios y comercialización de más de mil productos.
El año pasado se contabilizaron en China más de un millón de empresas privadas y más de 28 millones de trabajadores independientes, lo que significó un ahorro para el Estado, del orden de los 7 mil millones de dólares.
Pero no nos llamemos a engaños, el sistema socialista sigue presente en China, vigilando celosamente los desequilibrios del capitalismo en el país. Y en muchos aspectos esa circunstancia ha constituido un instrumento de utilidad para sortear la marea de la actual crisis que padece Asia.
Así, China ha adoptado medidas difíciles de tomar en una economía de total libre mercado. Por ejemplo, acaba de restringir el circulante, de frenar el ritmo de la privatización a los precios deprimidos actuales, de restringir la especulación con moneda extranjera.
Las críticas no se han hecho esperar. Se cuestionan las verdaderas intenciones de su declarado propósito de abrirse a la economía mundial, lo cual se contradice con el intervencionismo estatal.
Pero el hecho es que China continúa caminando con dos sombreros, que se quita y pone según los vientos que soplen. Hoy defiende fieramente su moneda, pese a sus inmensas reservas de 140 mil millones de dólares; y ha dicho que no tiene apuro alguno de ingresar a la OMC, porque sencillamente, no le conviene en estos momentos. Mañana empero, superada la tempestad, tocará otra vez la puerta del organismo según la dirección de los vientos.
El anuncio coincide con la declaración del ministro chino de Economía, Xiang Huaicheng, en Washington, quien dijo que ni la crisis asiática ni las inundaciones que asolaron la nación este año, impedirán que China alcance el increíble crecimiento de 8% este año.
Ambas manifestaciones vienen respaldadas por el hecho de que el gobierno chino parece haber logrado un éxito en su política "un país, dos sistemas", que hace referencia a la coexistencia de un sistema socialista oficial en China con otro abiertamente capitalista en Hong Kong.
Según China Nueva, el 90% de la economía nacional es capitalista, exceptuando rubros estratégicos tales como las telecomunicaciones, el transporte, la energía y la industria militar; a los que hay que agregar la educación, la salud pública y otros asuntos de índole social.
Hoy día, según la misma fuente, sólo unos 30 productos están sujetos al control oficial de precios, en contraste con hace cinco años cuando el Estado controlaba los precios y comercialización de más de mil productos.
El año pasado se contabilizaron en China más de un millón de empresas privadas y más de 28 millones de trabajadores independientes, lo que significó un ahorro para el Estado, del orden de los 7 mil millones de dólares.
Pero no nos llamemos a engaños, el sistema socialista sigue presente en China, vigilando celosamente los desequilibrios del capitalismo en el país. Y en muchos aspectos esa circunstancia ha constituido un instrumento de utilidad para sortear la marea de la actual crisis que padece Asia.
Así, China ha adoptado medidas difíciles de tomar en una economía de total libre mercado. Por ejemplo, acaba de restringir el circulante, de frenar el ritmo de la privatización a los precios deprimidos actuales, de restringir la especulación con moneda extranjera.
Las críticas no se han hecho esperar. Se cuestionan las verdaderas intenciones de su declarado propósito de abrirse a la economía mundial, lo cual se contradice con el intervencionismo estatal.
Pero el hecho es que China continúa caminando con dos sombreros, que se quita y pone según los vientos que soplen. Hoy defiende fieramente su moneda, pese a sus inmensas reservas de 140 mil millones de dólares; y ha dicho que no tiene apuro alguno de ingresar a la OMC, porque sencillamente, no le conviene en estos momentos. Mañana empero, superada la tempestad, tocará otra vez la puerta del organismo según la dirección de los vientos.