Sociedad civil y lógica electoral
En política, no siempre las antipatías o indiferencias que puedan tener los grupos organizados y sectores sociales hacia un régimen político, necesariamente se reproducen como tales al nivel electoral. Inicialmente se presentan como un punto de partida que puede inducir a determinados resultados. Pero eso no es suficiente. En la dialéctica electoral concurren otros factores, que bien administrados, tienden a relativizar el poder de esos grupos y sectores de la sociedad civil. No debemos olvidar, que la coyuntura electoral, es precisamente el escenario, donde se magnifica la figura del ciudadano y del individuo.
En este sentido, no necesariamente la adherencia es sinónimo del voto seguro. Constituye simplemente un presupuesto y solamente eso. De allí, que no siempre la línea que en términos electorales traza el partido, es la línea que sigue el ciudadano. Con justa razón, algunos politólogos señalan que la confrontación electoral para definir la gobernabilidad ( poder), es por excelencia el escenario donde la disgregación colectiva llega a su máxima expresión. Se requiere de mucha ideología y disciplina para contrarrestar este fenómeno y precisamente nuestro entorno social y político, no es un dechado de tales virtudes.
En tales circunstancias, factores como la capacidad económica, de persuasión al individuo, las alianzas, la personalidad del candidato (liderazgo y carisma); las divisiones y las rupturas previas de los colectivos políticos entre otros, pudieran incidir en las definiciones del torneo electoral.
Como lo hemos señalado en otras ocasiones, no le será fácil al gobierno del Sr. Presidente Ernesto Pérez Balladares, revertir los efectos y saldos negativos, que le ha producido su programa neoliberal.
Vastos y amplios sectores sociales y organizados de la sociedad civil han resentido su política económica. Por ejemplo, los sindicatos y en el sector público organizado; los industriales; los productores del campo; sectores de las capas medias organizadas (maestros, profesores,médicos) y grupos profesionales. ¿Significa lo anterior, que este conglomerado social con su capacidad de influencia societal, se volcará electoralmente contra el actual gobierno? Pienso, que esa realidad al decir, de Zayaleta Mercado, crea un estado de predisponibilidad de masas favorable a la oposición. Sin embargo, convertir esa predisponibilidad en un factor real de poder, fuerza y movilización, dependerá de otros factores como los que hemos señalado. Insistimos, en el hecho, de que una cosa es la voluntad colectiva propia de un gremio y otra, la voluntad política del asociado. He conocido de sindicatos, que como tales han comprometido sus esfuerzos en dirección a una definición de tipo electoral y ello ha generado profundas pugnas.
Lo anterior nos conduce a señalar que las tácticas y estrategias para abordar la coyuntura electoral, si bien deberán contar con políticas claras y transparentes para los sectores y colectividades arriba señaladas, deberán hacer mayor énfasis en las bases y el ciudadano.
En este sentido, no necesariamente la adherencia es sinónimo del voto seguro. Constituye simplemente un presupuesto y solamente eso. De allí, que no siempre la línea que en términos electorales traza el partido, es la línea que sigue el ciudadano. Con justa razón, algunos politólogos señalan que la confrontación electoral para definir la gobernabilidad ( poder), es por excelencia el escenario donde la disgregación colectiva llega a su máxima expresión. Se requiere de mucha ideología y disciplina para contrarrestar este fenómeno y precisamente nuestro entorno social y político, no es un dechado de tales virtudes.
En tales circunstancias, factores como la capacidad económica, de persuasión al individuo, las alianzas, la personalidad del candidato (liderazgo y carisma); las divisiones y las rupturas previas de los colectivos políticos entre otros, pudieran incidir en las definiciones del torneo electoral.
Como lo hemos señalado en otras ocasiones, no le será fácil al gobierno del Sr. Presidente Ernesto Pérez Balladares, revertir los efectos y saldos negativos, que le ha producido su programa neoliberal.
Vastos y amplios sectores sociales y organizados de la sociedad civil han resentido su política económica. Por ejemplo, los sindicatos y en el sector público organizado; los industriales; los productores del campo; sectores de las capas medias organizadas (maestros, profesores,médicos) y grupos profesionales. ¿Significa lo anterior, que este conglomerado social con su capacidad de influencia societal, se volcará electoralmente contra el actual gobierno? Pienso, que esa realidad al decir, de Zayaleta Mercado, crea un estado de predisponibilidad de masas favorable a la oposición. Sin embargo, convertir esa predisponibilidad en un factor real de poder, fuerza y movilización, dependerá de otros factores como los que hemos señalado. Insistimos, en el hecho, de que una cosa es la voluntad colectiva propia de un gremio y otra, la voluntad política del asociado. He conocido de sindicatos, que como tales han comprometido sus esfuerzos en dirección a una definición de tipo electoral y ello ha generado profundas pugnas.
Lo anterior nos conduce a señalar que las tácticas y estrategias para abordar la coyuntura electoral, si bien deberán contar con políticas claras y transparentes para los sectores y colectividades arriba señaladas, deberán hacer mayor énfasis en las bases y el ciudadano.