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Sociedades fracturadas


El fenómeno de la globalización ha convertido al mundo en una aldea muy parecida a una torre de Babel extendida por los cinco continentes, donde todos hablan pero no se entienden. La excepción a esta fractura es Europa. Antiguo mosaico de lenguas y culturas diversas, con una larga historia de guerras intestinas, es hoy un modelo multilateral de inclusión económica, cultural y social. En el resto de Occidente la fractura entre ricos y pobres, ilustrados y analfabetos, poderosos y débiles, liberales y conservadores, individualistas y colectivistas se ha hecho cada vez más ancha y profunda. Así sucede desde México hasta la Patagonia. En USA la división irrumpió con el inicio del siglo. La sociedad estadounidense se encuentra fracturada por la mitad en casi todos los temas, políticos, económicos, sanitarios o educativos.

En nuestra América las cosas no van mejor. Las últimas elecciones mexicanas han sido un calco de las de su vecino del Norte y México se halla tan dividido como antes de su Revolución, sólo que mejor tratado y maquillado por los medios de comunicación social, los mismos que juegan un rol preponderante en el mantenimiento de este status quo donde las corporaciones y los monopolios dominan sobre las políticas de Estado. En Venezuela esa división existe alimentada por una larga historia de ineptitud y corrupción política que ha permitido -quizás por vez primera- que la democracia sirva de trampolín a un gobierno con una ideología sin ideas ni intelectuales sensatos que la alimenten. Colombia va superando la vieja historia de cachacos, pastusos y costeños y continúa su batalla de más de medio siglo contra la insurgencia armada que en un principio lo hacía en nombre de la justicia social y en contra de una oligarquía excluyente, cafetera y mineral, pero que ahora son bandoleros guardaespaldas de narcotraficantes contra bandoleros paraoficialistas de signo contrario. En Chile la vieja historia de "pelucones" pinochetistas y "rotos" socialistas está tan claramente demarcada como sus bellas alamedas. Suba a un taxi y converse con el chofer. Entre a un Banco y hable con el gerente. Allí encontrará usted los dos chiles. Bolivia ha llegado al límite de lo tolerable: su integridad territorial se encuentra en peligro, los coyas luchan contra la separación de la blanca y rica sabana santacruceña. En Argentina los obreros y empresarios, crónicos parásitos políticos del Estado, luchan por quedarse con la vaca sagrada de las mil tetas, de cuyas ubres sueñan prenderse todos y pelean por ello, aunque cada cinco años se queden sin vaca ni leche.

En Panamá, si se es un turista curioso o se tiene algo de interés por conocer al país auténtico, al recorrer sus tranquilas provincias o las congestionadas calles de la capital, veremos una especie de Jerusalén de muros virtuales. Allí están los guetos de los barrios ricos y los guetos de los barrios pobres, separados por el fantasma de la cada vez más pauperizada clase media, otrora dominante y progresista en una sociedad tradicionalmente multicultural, pacífica y abierta que de a poco se va convirtiendo en otra secularmente farisaica, prepotente y cínica.

101 años de Panamá América

 
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