Solidaridad o lucha de clases
Uno de los mayores desaciertos del gobierno actual en su intento por defender la reforma fiscal es el constante recurso al resentimiento por las diferencias de clase para justificar los aspectos más injustificables del proyecto en discusión. Es desconcertante que se utilice el odio de clase en este contexto porque a los empresarios se les trata de vender la misma reforma sobre la base de la solidaridad social. Se les dice que el que más gana tiene que aumentar sustancialmente el monto de sus contribuciones para que, de ese modo, todos podamos vivir en un país más solidario, con menos violencia y menor riesgo de ser víctima de robos, secuestros y otros crímenes vinculados con la propiedad. Pero al mismo tiempo, el Ejecutivo y los miembros de la bancada oficialista del Legislativo, más que conducirse como dos órganos del Estado, separados y con criterios distintos, se comportan como dos hermanos siameses conectados en función de una misma necesidad política, hacer publicidad a favor de los cambios fiscales como si, por sí solos, fueran un alivio a la pobreza y a los más necesitados, y desacreditar a los que se oponen a que el "ogro filantrópico" (expresión que utilizó Octavio Paz para referirse al Estado autoritario y sobredimensionado, propio del subdesarrollo latinoamericano) siga creciendo, a costa del bolsillo de la clase media. O lo hacen por tener pocas luces o lo hacen con intenciones aviesas, pero es también probable que lo hagan por ambas razones, porque hace falta tener una visual muy limitada y un corazón muy oscuro para creer que el país saldrá ganando algo si cada vez que se menciona la palabra empresario, se le asigna una connotación peyorativa asociada con la defraudación fiscal, la insensibilidad social y el derroche de la riqueza. Lo que el gobierno debería reconocer de una vez por todas es que es la empresa privada la que ha colocado este país en los niveles de desarrollo en que se encuentra y que el futuro de la nación estará asegurado en la medida en que el desarrollo y crecimiento del sector empresarial no encuentren obstáculos innecesarios que sólo pueden provenir de las fantasías estatistas trasnochadas que ya han fracasado aquí y en otras partes también.
El Estado no produce nada y cuando crece de forma desorbitada lo hace en perjuicio de la sociedad. Solidaridad, sí! Odio de clases, no!
Mi padre resultó ser el último embajador en presentarle credenciales al presidente Roosevelt. Este a los pocos días se trasladó a Warms Spring, Georgia, donde el 15 de abril murió repentinamente víctima de un fulminante derrame cerebral.
El Estado no produce nada y cuando crece de forma desorbitada lo hace en perjuicio de la sociedad. Solidaridad, sí! Odio de clases, no!
Mi padre resultó ser el último embajador en presentarle credenciales al presidente Roosevelt. Este a los pocos días se trasladó a Warms Spring, Georgia, donde el 15 de abril murió repentinamente víctima de un fulminante derrame cerebral.