Sólo diga no
Pero otros temas, sobre los cuales no adquirió compromiso electoral alguno, que conllevan un costo para el país, reflejan esta incapacidad para decir no. Por ejemplo accedió a condonar préstamos de vivienda, de materiales y de lotes del Banco Hipotecario. Aunque se redujo a los préstamos otorgados en Bocas del Toro a raíz de los terremotos, significó un costo para el Estado.
El caso más reciente es el del transporte. Amén del primer error de conceder a los transportistas un aumento del pasaje que no se justificaba sin una mejora del servicio. Tampoco pudo decir que no, a las masas que se volcaron en contra del aumento. No supo pagar el costo político de su primera decisión y prefirió doblegarse ante las manifestaciones y deshacer la decisión adoptada. Pero como había que darle algo a los transportistas para que ellos no se volcaran a las calles también, entonces recurrió a su caja menuda, el Banco Nacional.
Comprometieron a esta institución a conceder préstamos a los mismos gremios de transportistas que décadas atrás dejaron alegremente de pagarle al Estado otras facilidades crediticias. Peor aún, ahora los transportistas ni siquiera quieren honrar lo convenido y exigen que se les exima del abono inicial y se les conceda préstamos que cubran el 100% del costo de las nuevas unidades y de las reparaciones.
Ahora, tocará a los transportistas selectivos, luego vendrán los funcionarios de Salud y de Policía a exigir su parte. Ya están los funcionarios exigiendo los fondos del SIACAP, y los jubilados demandando un aumento en momentos en que nadie ahorra, y se cuestiona la viabilidad a mediano y largo plazo del sistema solidario del Seguro Social. En cada uno de estos casos y los que surjan durante el resto de su mandado, esperamos que no se siga tomando decisiones en base al costo político de su gobierno y a expensas del erario público.
El caso más reciente es el del transporte. Amén del primer error de conceder a los transportistas un aumento del pasaje que no se justificaba sin una mejora del servicio. Tampoco pudo decir que no, a las masas que se volcaron en contra del aumento. No supo pagar el costo político de su primera decisión y prefirió doblegarse ante las manifestaciones y deshacer la decisión adoptada. Pero como había que darle algo a los transportistas para que ellos no se volcaran a las calles también, entonces recurrió a su caja menuda, el Banco Nacional.
Comprometieron a esta institución a conceder préstamos a los mismos gremios de transportistas que décadas atrás dejaron alegremente de pagarle al Estado otras facilidades crediticias. Peor aún, ahora los transportistas ni siquiera quieren honrar lo convenido y exigen que se les exima del abono inicial y se les conceda préstamos que cubran el 100% del costo de las nuevas unidades y de las reparaciones.
Ahora, tocará a los transportistas selectivos, luego vendrán los funcionarios de Salud y de Policía a exigir su parte. Ya están los funcionarios exigiendo los fondos del SIACAP, y los jubilados demandando un aumento en momentos en que nadie ahorra, y se cuestiona la viabilidad a mediano y largo plazo del sistema solidario del Seguro Social. En cada uno de estos casos y los que surjan durante el resto de su mandado, esperamos que no se siga tomando decisiones en base al costo político de su gobierno y a expensas del erario público.