Solución al robo de cables
El robo de tapas de alcantarilla y de cables de electricidad y teléfonos se ha vuelto una epidemia, sin que las autoridades hayan hecho nada significativo para detenerlo. Hasta el aeropuerto de Tocumen fue víctima de un apagón producto de ese ilícito, sin contar las escuelas y barriadas enteras que sufren a diario el mal. Las compañías que prestan los servicios de comunicaciones y energía están gastando millones de balboas cada año, lo que seguramente termina aumentándonos la tarifa a los usuarios.
Hace pocos meses, un educador de La Chorrera que había decidido hacer de policía para prevenir los robos en su barrio, perdió la vida. La semana pasada, una noticia llegada desde Penonomé, daba cuenta que los ladrones de metales estaban robando cercas de púas y de ciclón, anuncios de latón y barandas de puentes de vías públicas. La actividad está adquiriendo un cariz cada vez más peligroso.
Un primer paso a su solución es entender la cadena de comercialización del metal robado para romperla en algún eslabón. En ese caso partimos de la base que la prevención y represión por necesarias que sean, no bastan.
Hasta el momento a lo más que se ha llegado es a precisar lo más obvio, la compra del metal por las empresas dedicadas en fundirlo y revenderlo. Pero no han seguido la cadena. ¿Por qué? Creemos tener la respuesta en una información procedente de República Dominicana, país que sin tener una sola mina de cobre lleva exportado en lo que va del año nada menos que 288 toneladas de cobre, aprovechando los altos precios del metal. ¡Allí está!
Las fundidoras artesanales están revendiendo el metal fundido a exportadores locales que lo revenden con enormes ganancias con destino a China, que lo paga a altos precios, nos lo regresa en forma de barras, planchas de acero y rollos de metal para la construcción y comunicaciones, cerrando el ciclo.
Panamá exporta, al igual que República Dominicana, crecientes toneladas de metal cada año, sin que ninguna de sus minas produzca un gramo. En consecuencia, aparte de lo que se extrae de Patacón y otros vertederos, que está perfectamente cuantificado por las autoridades, todo lo que sobra es el robo. Controlemos, pues, con mayor celo ese eslabón de la cadena: los exportadores.