Somos los culpables
A dónde va a llegar nuestro país, cuyos órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, los tres pilares sobre los cuales se ha asentado el Estado de derecho panameño, están en crisis; la Fuerza Pública no tiene la capacidad para proporcionar protección a las vidas y los bienes de los ciudadanos; se han perdido los valores cívicos, morales y cristianos; la sociedad civil no ha podido encontrar su verdadera función y se encuentra dividida y desorganizada; los partidos políticos están en decadencia y la actividad política acarrea sólo desencanto; no existe liderazgo político, las élites políticas han caído en un descrédito tan profundo que han llevado al debilitamiento de las instituciones democráticas; los servicios públicos están deteriorados; las fuerzas del mercado han traído como secuela la desigualdad y la exclusión social?
Además de ello, el Estado se encuentra sobredimensionado, así como endeudado y rezagado tecnológicamente a cargo de gobernantes irresponsables; no hay un proyecto de sociedad; el hombre público y el político, con toda razón, se les ve con sospecha o desencanto; donde miles de personas están condenadas a una vida breve o miserable únicamente porque nacieron en la clase equivocada, en el país equivocado o con el sexo equivocado; la fragmentación de intereses "el silencio" de los movimientos sociales, el "cortoplacismos" que ha plagado la acción de importantes actores sociales -los sindicatos, por ejemplo agotan sus energías en movimientos que sólo buscan la notoriedad y que han llevado a la pérdida de la cohesión social y de las prácticas solidarias que cimienten la unidad nacional; la pobreza socio-económica y la marginalidad política, nos lleva a la violencia; donde penetra en forma creciente el narcotráfico y la corrupción; la democracia es solamente una caricatura. ¿A dónde llegará Panamá con todo esto? Ni siquiera me atrevo a ensayar una respuesta.
¿Quiénes son los culpables de esta situación? Lo somos todos, porque eso no ha ocurrido de la noche a la mañana. La hemos visto aparecer y crecer sin hacer nada. Y es que las personas que pudiesen hacer algo se abstienen, ya que están seguras de que dentro de ese escenario pueden labrar su propia vida privada, una vida en la que pueden estar felices y tranquilos. Creen que son distintos al resto de los panameños con sus desigualdades y su injusticia.
Sin embargo, si esas personas miraran un poco más atentamente, no solamente a su propia vida, sino al resto de la población, verían lo que son y se darían cuenta qué es lo que les rodea.
Cada uno de ellos es la población panameña, cada uno de ellos ha creado este desastre en que está sumido el país. Se darán cuenta que el individuo no es diferente de la comunidad en que vive; que es el individuo el que ha construido la comunidad, la sociedad.
Si eso es así, la solución la tenemos que dar nosotros mismos, cada uno de nosotros, sin exclusión.
No podemos seguir esperanzados a que los problemas se resuelvan solos; ya nos hemos dado cuenta que los problemas crecen y se hacen cada vez más complejos.
No hay tampoco soluciones fáciles. Creer que con una nueva Constitución el país se habrá salvado, es una demostración de ingenuidad imperdonable a la cual se ha sumado la Iglesia católica.
Estamos a pocos días de la elección presidencial y para el escogimiento de nuestros representantes en el Organo Legislativo y en los municipios. No obstante, poco es lo que le hemos exigido a los candidatos durante la campaña electoral, nos hemos limitado a escuchar planteamientos superficiales y la mayor de las veces demagógicos, pero ya hemos decidido por quién votar.
Vamos a elegir a los mismos legisladores que nos han llenado de vergüenza, vamos a elegir los candidatos sólo con la esperanza de que podamos sacar un beneficio personal. Hemos vendido nuestro voto a cambio de los regalos que nos hicieron los candidatos: bolsas de comida, licor, gorras y camisetas.
Pasarán las elecciones y tendremos más de lo mismo. ¡Qué suerte más triste la de los panameños responsables! ¡Qué suerte más triste la de este país!
Le deseo suerte, sin embargo no creo que supere los niveles alcanzados por aquellos que tradicionalmente han estado en contra de todo y a favor sólo de sus bolsillos.
Esto no me producirá muchos amigos, pero quiero asumir una responsabilidad para con mi país, y sabe qué: ¡La voy a cumplir!
(jbmckay@cableonda.net)
Además de ello, el Estado se encuentra sobredimensionado, así como endeudado y rezagado tecnológicamente a cargo de gobernantes irresponsables; no hay un proyecto de sociedad; el hombre público y el político, con toda razón, se les ve con sospecha o desencanto; donde miles de personas están condenadas a una vida breve o miserable únicamente porque nacieron en la clase equivocada, en el país equivocado o con el sexo equivocado; la fragmentación de intereses "el silencio" de los movimientos sociales, el "cortoplacismos" que ha plagado la acción de importantes actores sociales -los sindicatos, por ejemplo agotan sus energías en movimientos que sólo buscan la notoriedad y que han llevado a la pérdida de la cohesión social y de las prácticas solidarias que cimienten la unidad nacional; la pobreza socio-económica y la marginalidad política, nos lleva a la violencia; donde penetra en forma creciente el narcotráfico y la corrupción; la democracia es solamente una caricatura. ¿A dónde llegará Panamá con todo esto? Ni siquiera me atrevo a ensayar una respuesta.
¿Quiénes son los culpables de esta situación? Lo somos todos, porque eso no ha ocurrido de la noche a la mañana. La hemos visto aparecer y crecer sin hacer nada. Y es que las personas que pudiesen hacer algo se abstienen, ya que están seguras de que dentro de ese escenario pueden labrar su propia vida privada, una vida en la que pueden estar felices y tranquilos. Creen que son distintos al resto de los panameños con sus desigualdades y su injusticia.
Sin embargo, si esas personas miraran un poco más atentamente, no solamente a su propia vida, sino al resto de la población, verían lo que son y se darían cuenta qué es lo que les rodea.
Cada uno de ellos es la población panameña, cada uno de ellos ha creado este desastre en que está sumido el país. Se darán cuenta que el individuo no es diferente de la comunidad en que vive; que es el individuo el que ha construido la comunidad, la sociedad.
Si eso es así, la solución la tenemos que dar nosotros mismos, cada uno de nosotros, sin exclusión.
No podemos seguir esperanzados a que los problemas se resuelvan solos; ya nos hemos dado cuenta que los problemas crecen y se hacen cada vez más complejos.
No hay tampoco soluciones fáciles. Creer que con una nueva Constitución el país se habrá salvado, es una demostración de ingenuidad imperdonable a la cual se ha sumado la Iglesia católica.
Estamos a pocos días de la elección presidencial y para el escogimiento de nuestros representantes en el Organo Legislativo y en los municipios. No obstante, poco es lo que le hemos exigido a los candidatos durante la campaña electoral, nos hemos limitado a escuchar planteamientos superficiales y la mayor de las veces demagógicos, pero ya hemos decidido por quién votar.
Vamos a elegir a los mismos legisladores que nos han llenado de vergüenza, vamos a elegir los candidatos sólo con la esperanza de que podamos sacar un beneficio personal. Hemos vendido nuestro voto a cambio de los regalos que nos hicieron los candidatos: bolsas de comida, licor, gorras y camisetas.
Pasarán las elecciones y tendremos más de lo mismo. ¡Qué suerte más triste la de los panameños responsables! ¡Qué suerte más triste la de este país!
Le deseo suerte, sin embargo no creo que supere los niveles alcanzados por aquellos que tradicionalmente han estado en contra de todo y a favor sólo de sus bolsillos.
Esto no me producirá muchos amigos, pero quiero asumir una responsabilidad para con mi país, y sabe qué: ¡La voy a cumplir!
(jbmckay@cableonda.net)