¿Somos una sociedad condenada?
¿Nos estaremos acercando a una sociedad parecida a ésta?: “Cuando vean que para producir, necesitan obtener permiso de los hombres que no producen nada; cuando vean que el dinero fluye a quienes comercian, no en bienes, sino en favores; cuando vean que los hombres se hacen más ricos a través de la estafa que del trabajo y sus leyes no los protejan de ellos, pero los protejan a ellos de ustedes; cuando vean que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en un sacrificio personal, sabrán que su sociedad está condenada.” (Ayn Rand en La Rebelión de Atlas.)
Creo que la sociedad se condena en la medida que las personas inmaduras exploten el poder, permitiendo que se suba a la cabeza e insensibilice el corazón creando autismo (incomunicación) político. El poder es utilizado para maximizar su personalidad en lugar de usarse para beneficiar a la comunidad, a la sociedad.
Cuando se maneja el poder hay que combatir su atracción hipnótica, pues logra generar impunidad, o sea actuar pensando que no existen consecuencias negativas. Mientras se cuenta con más poder, el impulso de la ambición, la ignorancia y las faltas de controles hacen perder el equilibrio. “Las personas innobles no son aptas para cargos de autoridad, porque se preocupan de obtener algo; y una vez que han obtenido lo que quieren, se preocupan por su posible pérdida”. (Confucio)
Es frecuente, entonces, que los que ocupen el poder, se aíslen del resto de la sociedad escuchando sólo lo que los alabarderos les cuentan, endiosados en un poder que creen permanente, insensibilizándose a todo lo que no sea su propio provecho, lo que sumado a los otros factores produce cleptocracia, en lugar de democracia.
Se dice que el poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente. Creo que es cierto, pero también depende de varios condicionamientos. Primero, cuál es la concepción de poder que se tiene. Si el poder tiene como misión servir al bien común, es muy diferente, al poder que busca el interés particular. Recordemos el “grafito” pintado en el mayo francés: “Que impere la voluntad general, sobre la voluntad del General”. Segundo, al poder debe cerrársele la posibilidad de hacerse absoluto o concentrarse en grandes proporciones a través de procesos democráticos de elección, rendición de cuentas, auditoría social, transparencia y participación ciudadana. Tres. Es diferente cuando los que acceden al poder son portadores de valores, que cuando expresan antivalores en su comportamiento.
La ética tiene una importancia estratégica. Se trata de entender la autoridad como servicio. El poder absoluto corrompe en la medida que niega la dimensión ética; por el contrario, el poder democrático edifica porque al integrar la humanización, lo convierte en factor de servicio y de participación. No es sólo una manera de comportarse sino de construir poder, pues se afirma que el hombre puede hacer su propia historia, ser su propio creador.
La coherencia entre fines y medios, entre lo que se dice y se hace, entre teoría y práctica conforma una capacidad de construir un poder que al no absolutizar no enajena, no corrompe. Es hacer el bien y evitar el mal. Los fines y los bienes generales y superiores se imponen sobre los fines y bienes particulares e inferiores. Los medios deben ser proporcionados a los fines.
Hoy vivimos en el país una crisis económica social (recesión y pobreza), una crisis política (poderes del Estado), una crisis de valores, y una crisis ética creciente que nos acerca a ser una sociedad condenada. Por ello nadie puede estar indiferente frente al estado de cosas, y la situación invita a los ciudadanos a aportar lo mejor de sí, no sólo en que se investigue y castigue los actos de corrupción, abuso y mal uso del poder económico o político, construyendo una red, una malla fuerte y consistente, un Plan Nacional de Integridad que prevenga y sancione esos males, y donde tiene un papel crucial tanto las reformas estructurales y sistémicas, como el trabajo en fortalecer no sólo valores de comportamiento individual sino también de solidaridad humana y social.
(raulleisr@hotmail.com)
Creo que la sociedad se condena en la medida que las personas inmaduras exploten el poder, permitiendo que se suba a la cabeza e insensibilice el corazón creando autismo (incomunicación) político. El poder es utilizado para maximizar su personalidad en lugar de usarse para beneficiar a la comunidad, a la sociedad.
Cuando se maneja el poder hay que combatir su atracción hipnótica, pues logra generar impunidad, o sea actuar pensando que no existen consecuencias negativas. Mientras se cuenta con más poder, el impulso de la ambición, la ignorancia y las faltas de controles hacen perder el equilibrio. “Las personas innobles no son aptas para cargos de autoridad, porque se preocupan de obtener algo; y una vez que han obtenido lo que quieren, se preocupan por su posible pérdida”. (Confucio)
Es frecuente, entonces, que los que ocupen el poder, se aíslen del resto de la sociedad escuchando sólo lo que los alabarderos les cuentan, endiosados en un poder que creen permanente, insensibilizándose a todo lo que no sea su propio provecho, lo que sumado a los otros factores produce cleptocracia, en lugar de democracia.
Se dice que el poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente. Creo que es cierto, pero también depende de varios condicionamientos. Primero, cuál es la concepción de poder que se tiene. Si el poder tiene como misión servir al bien común, es muy diferente, al poder que busca el interés particular. Recordemos el “grafito” pintado en el mayo francés: “Que impere la voluntad general, sobre la voluntad del General”. Segundo, al poder debe cerrársele la posibilidad de hacerse absoluto o concentrarse en grandes proporciones a través de procesos democráticos de elección, rendición de cuentas, auditoría social, transparencia y participación ciudadana. Tres. Es diferente cuando los que acceden al poder son portadores de valores, que cuando expresan antivalores en su comportamiento.
La ética tiene una importancia estratégica. Se trata de entender la autoridad como servicio. El poder absoluto corrompe en la medida que niega la dimensión ética; por el contrario, el poder democrático edifica porque al integrar la humanización, lo convierte en factor de servicio y de participación. No es sólo una manera de comportarse sino de construir poder, pues se afirma que el hombre puede hacer su propia historia, ser su propio creador.
La coherencia entre fines y medios, entre lo que se dice y se hace, entre teoría y práctica conforma una capacidad de construir un poder que al no absolutizar no enajena, no corrompe. Es hacer el bien y evitar el mal. Los fines y los bienes generales y superiores se imponen sobre los fines y bienes particulares e inferiores. Los medios deben ser proporcionados a los fines.
Hoy vivimos en el país una crisis económica social (recesión y pobreza), una crisis política (poderes del Estado), una crisis de valores, y una crisis ética creciente que nos acerca a ser una sociedad condenada. Por ello nadie puede estar indiferente frente al estado de cosas, y la situación invita a los ciudadanos a aportar lo mejor de sí, no sólo en que se investigue y castigue los actos de corrupción, abuso y mal uso del poder económico o político, construyendo una red, una malla fuerte y consistente, un Plan Nacional de Integridad que prevenga y sancione esos males, y donde tiene un papel crucial tanto las reformas estructurales y sistémicas, como el trabajo en fortalecer no sólo valores de comportamiento individual sino también de solidaridad humana y social.
(raulleisr@hotmail.com)