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Son jóvenes para mandar


¿Cuál edad es mejor, la juventud, la madurez o la vejez? Todas tienen su encanto y, tanto en mi época como en la moderna, la juventud tuvo y tiene su atractivo especial que hace de ella la envidia de las otras edades. Si tuviera que decidir en qué época vivir la juventud, diría que ambas tienen sus bondades. Fui feliz con la mía y no me arrepiento, pero ahora hay más libertad, menos prejuicios que hubiera deseado en aquel entonces.
Sin embargo, la diferencia que existe entre nosotros y los jóvenes nos lleva a una falta de entendimiento hasta abrir una brecha generacional incomprensible. Lo que hablamos los viejos resulta aburrido para los jóvenes y el idioma en que ellos hablan es extraño para nosotros. ¿Quién debe ceder? Los jóvenes vienen empujando una tradición para imponer su libertad de pensar, su "única" manera de actuar.
Equivocados o no, imponen moda, manera de vestir, de cortar el cabello, de caminar porque los viejos sólo recordamos lo que tuvimos y esto ya no sirve, más bien les estorba. Tuvimos nuestro momento que ahora es pasado y, aunque muchas veces los muchachos recurren a nuestra experiencia para enseñarles a resolverles problemas, son ellos los que imponen el presente.
Podremos decirles la mejor forma de llegar a un futuro brillante, sobre todo para los jóvenes. No obstante, en ocasiones, el camino recorrido por nosotros es desconocido para ellos y las frases que hoy evocamos, son irreconocibles, aún más entre sus grupos.
222 La juventud cree tener el don de la sabiduría... y no saben nada porque sin los padres no serían nadie; pero exigen lo que ni siquiera podemos darles.
Si bien es cierto que los jóvenes se sienten con poder ante otros, que son una mayoría en extinción porque dentro de unos años predominarán los viejos, también es cierto que se hace necesario un control ante reacciones desmedidas de esa juventud. Pero, es necesario escucharlos cuando hablan con sabiduría innata, aunque falte la experiencia. Lo malo es que los viejos no aprendemos a comportarnos frente a esa juventud y acabamos con el respeto que esperamos de ellos, con la desavenencia entre las generaciones.
En lo político, pareciera que esperáramos pronunciamientos de los jóvenes sobre la mejor forma de actuar. Ya escuché a un muchacho indicarles a los mayores del PRD lo malo y lo bueno, y me llamó la atención. Nuestra actitud política deja hoy mucho que desear y, de seguir así, habrá un levantamiento porque la juventud demuestra tener mucho sobre qué opinar, decir, y la necesidad de ser escuchada por los mayores. Pero, lo correcto sería que nosotros lleváramos la voz y ellos nos imiten o nos tengan como paradigmas en su vida y ejemplo a seguir con la naturalidad de un alumno.
En el campo familiar, los padres hemos perdido autoridad para guiarlos por falta de atención en la infancia y formamos muchachos rebeldes y con complejos e inseguridades que no nos explicamos. Si el hijo pregunta, hay que responder y no dejarlo para cuando terminemos de ver la televisión. Los hijos exigen de nosotros, pero para eso los tuvimos.
Sin embargo, la sociedad actual que imitamos se ha trastocado un poco y vemos a los hijos maltratar a sus padres, quitarles la escuálida pensión que reciben a cambio de matarlos de inanición; cuántas veces los cogen de empleados de sus hijos, les gritan, les dicen horrores y los viejos deben soportarlo por falta de independencia económica. Debe existir una responsabilidad compartida en la relación viejos-jóvenes. Cuando éstos cometen una acción contra los mayores, piensan haberlos engañado. No crean que es así; nosotros sólo miramos hacia arriba y pedimos a Dios que los perdone y los ilumine.
La juventud cree tener el don de la sabiduría...y no saben nada, porque sin los padres no serían nadie; pero exigen lo que ni siquiera podemos darles. Si los viejos perdemos los valores, los jóvenes tampoco los tendrán o se encargarán de hacérnoslos ver y eso sería rebasar una autoridad que no debemos perder.
Ojalá los viejos conservemos nuestro lugar para que los jóvenes también lo hagan con respeto, amor y consideración que nos hayamos ganado.

101 años de Panamá América

 
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