Soñemos un poco
Mi amiga Purrunga me dice que está hastiada de leer tantas malas noticias como los asaltos, los accidentes automovilísticos, las armas y las drogas en los colegios, el desempleo, las destituciones, los incendios, la basura, el cierre de calles, la falta de agua, en fin, nada con sabor a vida sana. Por todo esto me ha solicitado que escriba sobre el amor, ese que es entrega. A ella con cariño dedico este artículo.
La Madre Teresa decía "que la peor enfermedad no es ni la tuberculosis, ni la lepra. Podemos cuidar cualquier enfermedad física con medicina, pero la única cura para la soledad, la desesperanza y la desesperación es el amor. Hay muchos en el mundo que se están muriendo por la falta de un pedazo de pan, pero hay muchos que se están muriendo por la falta de un poquito de amor".
Yo, que he disfrutado del amor en abundancia, a pesar de todos mis problemas, puedo hablar de ello, porque mística como soy, lo encuentro hasta en las cosas más insignificantes. Un buen ejemplo de esto me lo demostró una planta ornamental que compré y de pronto se convirtió en una profusión de lirios con una policromía exuberante que radiaba amor a la vida. Esa hierba, que casi me deshago de ella, confirmó que el amor es un misterio de unidad y que ama más quien más se da.
Michael Quoist decía "que el verdadero amor como que libera las cosas, nos libera a nosotros mismos volviéndonos libres". Por casi medio siglo, yo he sentido esa sensación grandiosa cuando el Dios de todos salvó a mi esposo de un infarto del miocardio. Nos liberó de todos nuestros prejuicios, y la esencia de nuestras entregas se convirtió en una aceptación física, sensible y espiritual.
El amor no debe limitarse a la familia, debe llegar a los otros; el que crece a tu lado; el que encuentras en tu camino; el que trabaja a la par tuya; el que produce una obra de arte o arregla tu medidor de agua. El otro sencillamente es tu prójimo.
Hoy, por ejemplo, me encontré con tres ex-compañeros de trabajo; nos dimos un buen apretón de manos y los tres reímos a carcajadas. Me sentí feliz. Pasar de largo sin notarlos hubiera sido imperdonable. Treinta años juntos tuvo que haber sembrado la semilla del amor; haber unido nuestras vivencias personales y haber formado un núcleo de amistad casi perfecta.
Todas las profesiones deben ejercerse con amor, ya sea la de un carpintero o la de un ingeniero. Por ejemplo, los artículos del Ing. Demóstenes Vergara Stanziola se traducen en amor a lo que propone... un canal a nivel con ensenadas. Su descripción es tan vívida que transporta al lector a un paraíso, a un refugio de flora y fauna marina en comunión idílica con la naturaleza. ¿Qué decir de Jesucristo, el único carpintero forjador de la humanidad?.
El amor es la respuesta al problema de la existencia humana. La unidad en el amor constituye lo más estimulante y excitante de la vida. Es válido para la música, la medicina, la pintura, la agricultura, etc. Yo diría que en todas las actividades. No es un afecto pasivo porque se fundamenta en dar, no en recibir.
Dije que tengo amor en abundancia y así es. Lo siento cuando mi hija Pitu habla conmigo por teléfono. Siempre termina diciendo "te quiero mucho mamá". Mi hija Netty al despertar me dice lo mismo; llega a su padre enfermo, lo abraza y lo besa. Mi hija mayor, Clory, me sorprende con flores, cualquier día, sólo para celebrar con las mismas palabras "te quiero mucho".
El primero de agosto, recién pasado, nació mi quinto bisnieto. Abrió sus ojitos; lo miré fijamente, no me atreví cargarlo, pero mi corazón quería salirse de mi pecho. Una cuarta generación... un capullo hecho amor, ese que se entrega a todos.
La Madre Teresa decía "que la peor enfermedad no es ni la tuberculosis, ni la lepra. Podemos cuidar cualquier enfermedad física con medicina, pero la única cura para la soledad, la desesperanza y la desesperación es el amor. Hay muchos en el mundo que se están muriendo por la falta de un pedazo de pan, pero hay muchos que se están muriendo por la falta de un poquito de amor".
Yo, que he disfrutado del amor en abundancia, a pesar de todos mis problemas, puedo hablar de ello, porque mística como soy, lo encuentro hasta en las cosas más insignificantes. Un buen ejemplo de esto me lo demostró una planta ornamental que compré y de pronto se convirtió en una profusión de lirios con una policromía exuberante que radiaba amor a la vida. Esa hierba, que casi me deshago de ella, confirmó que el amor es un misterio de unidad y que ama más quien más se da.
Michael Quoist decía "que el verdadero amor como que libera las cosas, nos libera a nosotros mismos volviéndonos libres". Por casi medio siglo, yo he sentido esa sensación grandiosa cuando el Dios de todos salvó a mi esposo de un infarto del miocardio. Nos liberó de todos nuestros prejuicios, y la esencia de nuestras entregas se convirtió en una aceptación física, sensible y espiritual.
El amor no debe limitarse a la familia, debe llegar a los otros; el que crece a tu lado; el que encuentras en tu camino; el que trabaja a la par tuya; el que produce una obra de arte o arregla tu medidor de agua. El otro sencillamente es tu prójimo.
Hoy, por ejemplo, me encontré con tres ex-compañeros de trabajo; nos dimos un buen apretón de manos y los tres reímos a carcajadas. Me sentí feliz. Pasar de largo sin notarlos hubiera sido imperdonable. Treinta años juntos tuvo que haber sembrado la semilla del amor; haber unido nuestras vivencias personales y haber formado un núcleo de amistad casi perfecta.
Todas las profesiones deben ejercerse con amor, ya sea la de un carpintero o la de un ingeniero. Por ejemplo, los artículos del Ing. Demóstenes Vergara Stanziola se traducen en amor a lo que propone... un canal a nivel con ensenadas. Su descripción es tan vívida que transporta al lector a un paraíso, a un refugio de flora y fauna marina en comunión idílica con la naturaleza. ¿Qué decir de Jesucristo, el único carpintero forjador de la humanidad?.
El amor es la respuesta al problema de la existencia humana. La unidad en el amor constituye lo más estimulante y excitante de la vida. Es válido para la música, la medicina, la pintura, la agricultura, etc. Yo diría que en todas las actividades. No es un afecto pasivo porque se fundamenta en dar, no en recibir.
Dije que tengo amor en abundancia y así es. Lo siento cuando mi hija Pitu habla conmigo por teléfono. Siempre termina diciendo "te quiero mucho mamá". Mi hija Netty al despertar me dice lo mismo; llega a su padre enfermo, lo abraza y lo besa. Mi hija mayor, Clory, me sorprende con flores, cualquier día, sólo para celebrar con las mismas palabras "te quiero mucho".
El primero de agosto, recién pasado, nació mi quinto bisnieto. Abrió sus ojitos; lo miré fijamente, no me atreví cargarlo, pero mi corazón quería salirse de mi pecho. Una cuarta generación... un capullo hecho amor, ese que se entrega a todos.