Sor Margarita Inés o la Santa panameña viva
Quizá a usted se le suene este titular un poco pretencioso, o exagerado o quizá para otros estoy escribiendo con el deseo y con el corazón, pues bien… tienen razón.
Pero es que pocas veces, casi nunca, los mortales comunes y corrientes, pecadores permanentes y poco devotos como yo tenemos la suerte de conocer, abrazar, ver y sentir la presencia de alguien que está destinado, en este caso destinada, a ser parte de la Corte Celestial Del de Arriba, literalmente.
Esta nota es de alegría profunda por haber podido conocer a Hilda Guardia Valdés, o mejor a Sor Margarita Inés, quien por muchos años fuera la Superiora del Monasterio de la Orden de La Visitación (clausura) Orden que llegó a Panamá en 1925 procedente de la ciudad colombiana de Ocaña.
Durante sus 95 años de existencia ha iluminado de amor, fe, y una inmensa generosidad espiritual a todos, todos los que hemos tenido la gran fortuna de estar cerca de ella y de sentir y recibir los dones de su oración y de su amor por el prójimo. Amor que la hizo recluirse en el convento de la ciudad colombiana de Pasto desde muy temprana edad.
La primera vez que la vi tras la rejas de su clausura pensé: “no parece una monja, parece como un ángel, una Santa”… en ese momento estaba muy lejos de saber que algunos años después comprobaría en carne propia que tan buena es su comunicación directa y fluida con El Jefe, El Todopoderoso, El de Arriba.
Y es que pocos seres como ella están llamados a ser especiales por su humildad, por su total entrega a la oración, al recogimiento y a dar su vida por la fe y el amor a Dios que ha hecho de ella un ser humano pleno de virtudes, siempre dispuesta junto con sus hermanas de clausura a la elevación espiritual rogando por los demás.
Margarita Inés nació en el seno de una familia penonomeña, de diez hijos, un varón y 9 mujeres, siendo ella “la del medio”, acomodada, conocida y socialmente muy bien ubicada en el Panamá de 1915.
Desde muy niña mostró su inclinación por el servicio a los demás, pero sobretodo por servir a Dios. Esta determinación culminó con su ingreso al convento en 1938, cuando contaba solamente con 15 años de edad.
Así, aunque temprano, logró su sueño y comenzó una trayectoria que ya lleva más de 75 años dedicados al trabajo espiritual y la consagración al Ser Supremo, recibiendo el reconocimiento, de muchos y en varias oportunidades, del Vaticano y el Papa por esta abnegada y hermosa labor.
Se supone que para que alguien sea considerado Santo o Santa debe haber realizado, después de haber sido llamada por Él, milagros, curas efectivas, haber ayudado a conseguir peticiones especialmente delicadas, haber llevado una vida inmaculada, haber sido humilde, feliz con su devoción y su entrega a Dios, en fin llenar un montón de requisitos que los trámites burocráticos mundanos exigen. Estoy seguro de que Margarita Inés los llena todos con holgura, pero con su humildad y servicio silencioso, sólo unos pocos afortunados sabemos de sus bondades, de lo efectivo de sus oraciones, sólo algunos bendecidos conocen de la efectividad de su rezo, y si usted que lee estas líneas tiene una gran necesidad, un dolor espiritual, una angustia insoportable, o una enfermedad que doblega o se quiere encomendar a alguien le recomiendo que lo haga con ella, pues ÉL le hace mucho caso, la escucha, y la tiene muy cerca de su séquito de Santos y Santas, …tan efectivas son sus oraciones y tan buena su comunicación con ÉL que entre ambos me salvaron la vida.