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Sorpresas y sorprendidos


En Panamá todo se puede, hasta lo imposible. La prematura alianza entre dos adversarios irreconciliables, el partido Demócrata Cristiano y el Revolucionario Democrático, sorprendió a más de uno, en el único país donde todo el mundo ostenta el título de analista político.
La Química nos enseña que la unión de agua y aceite es factible, pero a fuerza de degradar sus componentes y sacrificar la identidad de origen, para dar lugar a una emulsión de difícil mezcla y peor digestión. No hay manera de tragar aquello, sin agitarlo enérgicamente y bajarlo con agua.
La repulsa, - injusta acaso, sin aguardar por si funciona -, ha sido general, de lado y lado. Fue una reacción reflejada en los ojos llorosos de Astrid Wolf y Balbina Herrera en estallido emotivo de dos baluartes incólumes de uno y otro.
Nadie creía que fueran capaces de hacerlo. Hay demasiada sangre, exiliados y encarcelados de por medio. Los separa un abismo que parte de dos concepciones opuestas. Una se gestó en la matriz de una dictadura; y la otra en la doctrina social de la Iglesia. Fue el vacío de poder creado por un gobierno inoperante y un país postrado lo que hizo posible el engendro.
La nueva alianza viene cimentada sobre un programa legislativo bien definido, que parte del acuerdo de no obstaculizar la tarea del Ejecutivo y, por el contrario, colaborar con las iniciativas que la alianza estime convenientes.
Y a falta de propuestas del Ejecutivo la agenda legislativa contempla, entre otros, un proyecto que procura que las partidas circuitales se distribuyan igualitariamente y se sujeten a un estricto control.
Otro proyecto busca eliminar del pago del impuesto sobre la renta a quienes devenguen ingresos de B/.700 mensual, que fue puntal del programa de la pasada campaña presidencial de Alberto Vallarino. Pero éste, sin embargo, según sus voceros de la facción arnulfista disidente ("saltamontes"), repudió el acuerdo desde el extranjero, donde se encuentra en asuntos de trabajo.
Como fórmula de equilibrio, el convenio contempla una concesión al gobierno: cederle el control de la estratégica comisión legislativas de credenciales, - lo que le permitiría prevenir un hipotético juzgamiento de la Presidenta Moscoso -, y la estratégica comisión de presupuesto.
Ricardo Arias Calderón, fundador del PDC ha expuesto como justificación, que aunque conserva viva la memoria del pasado, no puede sacrificar el futuro del país por los recuerdos y las viejas heridas. Loable explicación, pero incomprendida por amplios sectores, escépticos en transformaciones tan radicales de tradicionales archiadversarios.
Pero el Ejecutivo ha rechazado la dádiva y toca tambores de guerra. Insiste que para el 1 de septiembre próximo obtendrá el control de la Asamblea. Es una advertencia que merece ser tomada en serio, dado el poder enorme que un sistema presidencialista como el nuestro reserva al Ejecutivo. No es difícil para él ofrecer un costoso programa de obras en uno o más circuitos, a cambio de un favor legislativo cualquiera. Y más difícil aun es para un legislador resistirlo.

101 años de Panamá América

 
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