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S.O.S. Caja de Seguro Social


La actual situación de la Caja de Seguro Social (CSS) es un fiel retrato de la vida política panameña a lo largo del siglo XX: fracaso por falta de visión hacia el futuro; fracaso por su pésima administración en media centuria; fracaso por el abuso en su burocratización permanente y progresiva; fracaso por estar a merced de políticos ladrones; fracaso por la desidia y el no me importa de los asegurados y jubilados que jamás se organizaron adecuadamente para defender sus derechos; fracaso de la misma sociedad nacional que ha vivido de espaldas a sus intereses colectivos y a la solución de los problemas nacionales.
Y no obstante todo ello, los que tienen alguna responsabilidad ante la debacle del Seguro, por desempeñar algún papel en su manejo de hoy, se han sentado al borde del sepulcro para ver quién se queda con alguna parte del cadáver, con algún brazo, con la cabeza, con alguna pierna, con alguna mano o con el dedo meñique. Tal es la ceguera general que caracteriza lamentablemente a nuestro país (el término nos comprende a todos, los panameños, sin necesidad de poner raya de terminación femenina, porque la palabra todos significa lo que dice, sin ninguna excepción).
Muchos jubilados se han beneficiado con una pensión hasta el día de su muerte, y los vivos todavía la perciben. Cientos de miles de nacionales salvaron sus vidas por las atenciones y la hospitalización que les dispensó la Caja. ¿Qué se hará, frente a la pavorosa situación? Unos cuantos parchecitos en la ley vigente no solucionan nada, como lo dijo el viceministro Latorraca, y nosotros agregamos que ello sería un sinapismo. Se requiere, sin tardanza, un cambio total, como lo ha escrito hace poco el Sr. Jorge G. Obediente, pero disentimos del nombre de su artículo. Es inevitable que se dicte una ley, pero totalmente distinta a la vigente.
Una nueva Ley deber constar de dos partes esenciales: normas técnico-actuariales que garanticen en el presente y hacia el futuro la sanidad económica de la institución; y una parte administrativa que no permita que cada gobierno de turno, nombrando un director general, incremente cada cinco años la burocracia parásita conocida; que no permita las compras coimeras; que eche las bases de una administración responsable, capaz y honesta, con empleados que le deban su puesto a sus capacidades y a su cumplimiento; que extinga las juntas directivas con representantes de grupos que, año tras año, han probado que son venales ante los directores generales que comprometen sus votos con algunas migajas económicas y empleos para algunos familiares; que prohíba los préstamos personales y las inversiones por un tiempo de recobro financiero; que impida que los gobiernos de turno tengan a la Caja como "caja menuda", para saquearla valiéndose de papeles (bonos), por millones y más millones de billetes constantes, etc., etc.
222 Parece que la consigna hubiera sido la de que se pase el tiempo sin hacer nada, frente a la crisis mortal que es asegurada en la Caja, si no se adoptan medidas heroicas y legales.
¿Quién redactará la ley nueva, en su base de proyecto salvador? No se puede confiar, ni un ápice, en el método legislativo actual, porque está ultradesacreditado, siendo tal método una de las causas más expeditas del desastre de todos los gobiernos panameños, desde 1903 hasta la fecha, sobre todo desde 1940 para acá, cuando no hay excepciones.
La Caja tiene 782,375 asegurados; 132,597 pensionados o jubilados, y miles de empleados. También hay miles de patronos, que pagan cuota. Igualmente hay bancos y financieras que serán afectados, a lo mejor hasta la quiebra inmediata, el día en que la Caja ya no pague jubilaciones, lo que no parece estar demasiado lejano. Todas esas personas (asegurados, jubilados, empleados, banqueros y financieros) deberían integrar, por selecciones provinciales, un Comité Nacional de Salvación de la Caja, en la forma más democrática y pronta que puedan, a fin de integrar el Comité y que éste actúe como representación de todos los grupos de personas que por una razón u otra están en peligro de que se trunque su derecho a la seguridad social o que sean acreedores de asegurados o jubilados.
Parece utópica esta idea que suscribo, pero creo que no lo es, porque si todos los mencionados no somos capaces de reunirnos en una organización representativa del interés de cada uno de nosotros y de los sectores a que pertenecemos, ya que no podemos confiar en nadie más, que en nosotros mismos, con el fin de que, ante la gravedad de la situación financiera de la CSS, nosotros hagamos posible que el Comité Nacional de Salvación adopte los pasos que deben seguirse y los pongan en marcha, con el apoyo de todos.
No creemos en los diálogos nacionales que se han pasado dos años en pugilatos oratorios inocuos y sin resultado práctico alguno. Parece que la consigna hubiera sido la de que se pase el tiempo sin hacer nada, frente a la crisis mortal que es asegurada en la Caja, si no se adoptan medidas heroicas y legales. Parece que así se prefiere una medida de sabotaje que sólo beneficiará a los que están afilando su hacha, para cuando ocurra el desplome financiero del Seguro Social, ofrecer ellos "los grandes beneficios de sus empresas".
No comprendemos cómo es que hay algunos grupos de trabajadores y de empleadores que han expresado oponerse firmemente a cualquier aumento de cuotas, de edad y otras medidas que deben discutirse, sopesarse conjuntamente, por lo cual la única explicación que podemos atribuirles es la de que, así, prefieren que la Caja de Seguro Social se acabe. No estamos de acuerdo, porque no somos árabes suicidas.

101 años de Panamá América

 
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