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SoS directiva: ¿Qué opina Presidenta?


Por medio de la enigmática amiga Ivonne Young, tan apegada a usted, le he pedido desde meses atrás unos minutos de audiencia. He reiterado mi solicitud, como le consta a las secretarias. Las vi a ambas en una fiesta recién pasada en el Hotel Paitilla Inn. Usted, doña Mireya, me saludó muy cálidamente, siéndole recíproco. En tal momento, de oro para los que no estamos cerca de su figura tan distante, hubiese podido hablarle del tema. Pero era tarde, la vi cansada, y preferí sólo saludarla. Ivonne me sonrió. Como todos recibimos según nuestras obras ante Dios, y a falta de audiencia privada, no concedida, voy por ésta, pública:
1.- El 25 de mayo de 1987, ante unos 8 coroneles "de 3 estrellas", todos testigos vivos aún, acusé en su comandancia al general Noriega de haber ordenado el crimen de Hugo Spadafora. De haber convertido la institución en un cartel de drogas, entre otras cosas. Ante los ojos asombrados de los presentes. Ese mismo día, cuando creí que iba para La Modelo, Dios me salvó una vez más, y yo mismo decidí que me acogía a mi jubilación, con unas vacaciones en el medio para disimular ante el público. Tenía más del tiempo requerido para mi pensión especial del Seguro. Sólo los presentes, nadie más en Panamá, ni los pitonisos del Boulevard, supieron de ese drama histórico e histriónico.
2.- Tres días después, un asesor legal de la institución, testigo de ello, llevó a mi requerimiento, todos los documentos para jubilarme, principalmente la solicitud que se le envía a la Caja del Seguro, con membrete de esa entidad. Todo ello se tramitaba, y se continúa haciendo igual, por medio de enlaces entre las dos instituciones; sin tener que ir a la Caja. Eso lo saben los abogados de la Caja del Seguro. ¿O no?..
3.-El 1 de junio de 1987, las Fuerzas de Defensa publican la Orden General del Día 101 donde en efecto, cumplidos todos los trámites legales, se me jubila como Jefe del Estado Mayor "con todos los derechos inherentes al cargo". Ipso facto, como se hace con todos, me hacía merecedor de mi pensión de jubilado especial, en ese tiempo con mi último salario. Al Seguro Social, me lo confirmó quién lo realizó, se había enviado todos los documentos necesarios. Todos los medios publicaron esa jubilación y la conoció tutilemundo.
4.-Tutilemundo también supo, recién el 6 de junio del 87, todo el entramado cuando mis acusaciones contra Noriega se hicieron públicas. En esencia era lo que ya le había dicho ante su estado mayor, y una cuarta más.
5.-El día 9 de junio un emberracado Noriega publica otra Orden General del Día, la No.107, donde desconoce mi jubilación, me destituye, me expulsa, "me odia"; y ordena a toda la institución "que se borre mi nombre de todos los archivos institucionales. Como el Seguro Social también era para el un cuartel más (¿estaría, entonces, allí la licenciada Manfredo?), Noriega había nombrado de Directora a una Capitana Militar, que además era doctora. Por tanto, y también me lo han confirmado, se rompió en el propio Seguro Social mi solicitud de jubilación que yo había firmado. ¿Para qué son buenas las capitanas, sino para obedecer a los generales?. Los asesores legales, profundos en derecho y humanidad, quedaron por buen tiempo subordinados a las botas, calladitos, cómplices de los abusos. ¿Cómo se sentirían con sus doctrinas aprendidas?..
6.-Recién a partir de la caída de Noriega, y aún en el exilio, he buscado que el Seguro Social cumpla con pagarme lo que me gané por más de 26 años de cotizaciones: mi jubilación a partir de cuando la solicité y la firmé ante la Caja, es decir del 1 de junio de 1987. Cuando fui jubilado, como lo acepta la Procuradora De Fletcher. No de cuando me la quisieron dar, años después. Ni que Noriega mandara aún en el Seguro.
7.- En media tonelada de documentos presentados desde años atrás, la actual Policía Nacional, la Procuradora de la Administración, el Ministerio de Gobierno y Justicia, la Contraloría, han reiterado a los abogados del Seguro Social, que este cristiano fue jubilado el 1 de junio de 1987. Todo el país, además lo sabe, por ser "un hecho público y notorio de enorme relevancia", que por esa razón, según lo afirma alguien que debe saberlo como el Dr. Olmedo Sanjur, no necesita de más pruebas. Ello según el artículo 13 del Código Civil, y los artículos 831 y 832 del Código Judicial.
8.- No obstante, ante semejante estado de excepción que vivía Panamá, ante tantas razones de fuerza mayor (las maá graves en la historia del país), una asesora legal que ha sido mi única juez y fiscal válida, insiste en que yo debo encontrar dónde echaron los pedacitos rotos de mi solicitud de jubilación, ordenada su eliminación por Noriega, los reconstruya, y demuestre que yo los firmé en mayo de 1987. No ha aceptado más pruebas supletorias ni ampliaciones. El papel roto tengo que encontrarlo. Como aún no tengo la gracia de ser mago, y no he podido cumplirle, ella, la abogada, me condena a que yo no debo recibir ni un centavo. Que me quede con las palizas, la cárcel, y sin la plata. Algo así como: "¡para qué te metistes con ese man. ¿Qué le parece Presidenta?; ¡y junta directiva!.

101 años de Panamá América

 
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