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Soy invisible


SOY INVISIBLE. Aunque tengo pies, manos, barriga, cabeza, cuerpo como los demás, en este lugar donde trabajo soy invisible. Cuando paso entre las mesas de este restaurante recogiendo los trastes sucios y pasándoles a cada una el limpión, o trapeando lo que alguien derramó, nadie se fija en mí. Nadie me determina. Ellos hablan sólo de su mundo. Como ésos, los licenciados que siempre toman la mesa junto a la ventana y ponen encima sus papeles que a veces se manchan con el café negro. O los políticos que se sientan en la mesa que está cerca del baño, porque es la más escondida. Cuando alguien pasa cerca de ellos bajan la voz. Pero cuando yo paso o me acerco a hacer mi trabajo ni se fijan, y siguen hablando de la próxima asamblea, o cómo van a tumbar al presidente del partido. Es que soy invisible. Para ellos no existo. No pienso. No tengo conocimiento. No tengo corazón. Ni tengo alma. Soy sólo el machigua que limpia en este restaurante.
Cuando me dan un chance y me tomo un cinco de descanso, desde la cocina me pongo a ver esas mesas llenas de gente de todas clases, a los que ríen y los que no. Unos muy elegantes de saco y otros que sólo tienen para un café negro, y que sacan a escondidas un pedazo de pan o tortilla de una bolsa arrugada. Entonces me pregunto muchas cosas sobre esta sociedad. Una y otra vez.
La felicidad para mí es como dijo Nele Kantule, dormir junto a mi familia en una gran casa. Que estén todos sanos, y comidos, y que nuestros vecinos, la comunidad también estén como nosotros. Pero, ¿qué lejos parecen estar esas cosas aquí y allá? A veces pienso que hay que preguntarle al canto de los pajaritos, como se consigue la felicidad pues los pajaritos traen noticias de muchas partes, pues ellos revolotean por medio mundo y son las estrellas en la noche.
Yo le quisiera hablar de estas cosas a los uagas (no indígenas), pero eso no es posible. Tendría que dejar de ser invisible para ellos, y yo romper el silencio al que me he acostumbrado día a día, pero nuestra historia nos manda a decir la verdad y ser claros, a no tener ningún miedo.
Deberíamos hablar los uagas y yo, así como los paisanos hablamos cuando nos encontramos en el congreso o en las otras reuniones pero eso no es posible.
¡Ah! El Congreso. El Onmaked Nega Allí cantamos sobre Ibeler, Guani, Ibeorgun, Olonadili o Paluala, para decir algunos. Ahí se dicen consejos: "Pórtate bien" "Vamos a unirnos entre los paisanos", sobre los que fundaron esta tierra y sobre la sangrienta invasión que fue el llamado descubrimiento. También hay consejos sobre las hierbas ¿Por que las hierbas están ahí? ¿Por qué las puso Paba (Dios), ahí? Pues para curar a las personas que están enfermas. También se hacen saludos ¡Cómo amaneció! ¡Todo bien! ¡Cómo amaneció toda la familia en la comunidad! Eso se canta y también es un saludo...
El Congreso es como el cuerpo de las personas, tiene vida y la vida se la damos todos. Pero hay un corazón en ese cuerpo y ese corazón es la hamaca o las hamacas que cuelgan en el centro de la casa. Ahí esta el Saila, desde ahí canta, desde ahí se invoca a Paba, desde ahí se aconseja, desde ahí se organiza. La casa del Congreso es la casa del pueblo. La casa de oración. La casa de hermandad. Lugar de la tradición donde aprendemos a respirar nuestra historia por nuestras propias narices.
Cuando tú sabes tu historia y la llevas dentro de ti, contigo mismo, entonces eres persona, eres de verdad gente. ¿Cuántos de los que están en esas mesas saben su historia verdadera? ¿Cuántos la han descubierto? Esos niños que están por allá sólo saben de la televisión, pues con ella pasan más horas viéndola que en la escuela, pero también entre mi gente esta la televisión. Esos políticos de la mesa cerca del baño sólo mencionan a la gente para sacarles votos o usarlas. De ellos hablaré más adelante, pues como ellos también hay entre mis paisanos.
Pero bueno, el Saila une al pueblo desde la enseñanza de nuestra historia, hay que estudiar muchos años para ser Saila, pero sobre todo estar siempre en el Congreso escuchando la tradición, los cantos. Uno de nuestros héroes se llama Ibeorgun, y el nos enseñó lo que debía ser el Saila. El nos lo enseñó al mismo tiempo que nos enseñaba cómo se construye la Casa del Congreso, o sea él. Donde todos y todas nos reunimos, y nadie es invisible, pues todos somos personas...
La fecha de hoy debe movernos a la reflexión sobre la realidad de los pueblos indígenas. A la exclusión y marginación de siglos se suma la discriminación y el racismo. La invisibilización es una de las forma que reviste la discriminación. Ofrecemos hoy un fragmento de nuestro libro Machi: Un kuna en la ciudad, que intenta desarrollar testimonialmente esta perspectiva.
(raulleisr@hotmail.com)

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