default

Su propia agenda


Alguien con mediano sentido de observación política podría advertir que, en muchas ocasiones, pareciera que la presidenta de la República, Mireya Moscoso, no quiere que José Miguel Alemán gane las elecciones. No es tanto lo que dice sino lo que hace. Porque en cuanto a lo que dice está más que claro que apoya al abanderado de su partido. Pero cuando se obstina en cosas que todo el mundo repudia como el Camino Ecológico, parece todo lo contrario, que lo quiere perjudicar.
También, con su desinhibida participación en el torneo a favor de Alemán y demás candidatos de su alianza, la presidenta puede estar provocando una reacción inversa del electorado indeciso, siempre proclive al cambio, que son los votos más esquivos, que necesita desesperadamente el primero para subir en preferencias y ganar.
En ese sentido, cada vez que la mandataria sale en campaña, no hace más que llover sobre mojado, esto es, defender y reafirmar los votos que ya tiene, sin sumar ni uno solo nuevo. Y es así, porque ella personifica al status quo, al más de lo mismo y, sobre todo, sus defectos magnificados por el natural desgaste de más de cuatro años de ejercicio unipersonal del poder. Quizás es por eso que la alianza de oposición, la que encabeza las encuestas, de Martín Torrijos, no la objeta y, en ocasiones, hasta parece alentarla.
¿Si no quiere que Alemán gane, qué quiere? Muy sencillo. Sobre todo, mantener vigencia, porque - después de Mónaco, los reyes, príncipes, Sean Connery y Pavarotti - quiere volver a la Presidencia, no tanto por la silla sino, esta vez, por la gloria. Es para emular y superar a su esposo, como satisfacción personal. Y para eso empieza a sentar las bases de su regreso. ¿No la vimos acaso caminando al día siguiente de su derrota contra Pérez Balladares? Para tal fin, conservará el control de su partido y de sus símbolos (el Tribunal Electoral ha dicho que ella es la única dueña - en calidad de heredera - de la imagen Arnulfo Arias).
En el mismo sentido, está su empeño en asegurarse una compacta célula parlamentaria leal a ella, más que a su alianza. Todos son del perfil de Tito Afú, que le deberán su curul a ella y a nadie más. Eso, un partido y al menos diez legisladores, es poder frente a cualquier presidente, sobre todo el suyo, que es quizás quien menos le conviene para volver por la gloria. Después de todo, "Volveremos" dijo el Líder.
Fuera de lo anterior, nunca falta un buen seguro, que no lo da ninguna compañía del patio para estas lides. Lo da una sólida célula de magistrados leales y afines, que le deben también su puesto y supervivencia en medio de tormentas, a quienes - de ser necesario - seguirá cubriendo con su escudo parlamentario.
Y, por último, lo que le faltaba, una buena relación con Estados Unidos, cuidadosamente abonada y cultivada a lo largo de todo su mandato. Les ha dado y permitido de todo.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América