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Subsidios


Muchos de nuestros políticos piensan que "lo ancho es para ellos y lo angosto para la ciudadanía". Los hemos escuchado, hasta la saciedad, oponerse a "los subsidios" por cuanto a que "es una forma de paternalismo que no permite el desarrollo económico del país". Pero cuando de sus intereses se trata estos mismos señores se olvidan del paternalismo e invocan y justifican el beneficio de los subsidios para sus agrupaciones políticas. Los subsidios a ellos no es paternalismo, pero los del pueblo sí lo son y se oponen a ellos. Y... ¿qué decir con relación a la forma como han reaccionado estos mismos señores en torno a la propuesta del candidato Alberto Vallarino de eliminar el impuesto sobre la renta para todos aquellos que ganan menos de 700 dólares al mes? Como se trata de una medida que favorece al pueblo entonces se oponen a ella furibundamente. Así son de roñosos.
El Diccionario Electoral del Instituto Interamericano de Derechos Humanos del Centro Interamericano de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL) nos dice que "Los escándalos, un interés por la equidad y los crecientes costos de las campañas han dado lugar al actual movimiento a favor de la regulación del financiamiento político y de los subsidios a los partidos y proceso político, para controlar los crecientes gastos, para reducir la competencia injusta y para aminorar cualquier influencia indebida de los contribuyentes sobre los partidos. El propósito de las subvenciones es proveer una fuente alternativa de fondos o recursos para reducir la dependencia de los partidos y los candidatos de los fondos de dudoso origen y para permitir que los participantes pobres, pero serios, puedan participar en la competencia electoral".
Eso está muy bien, pero la política y los partidos están desprestigiados y la gente, en especial los jóvenes, tiende a no involucrarse con ellos.
Para nadie es un secreto que la democracia está muy lejos de lograrse a plenitud en Panamá. La caída de la dictadura no ha asegurado per se el triunfo de la democracia ni de sus valores pues, por una parte, ella no fue derrotada sino que se pactó su salida, situación que impuso condiciones antidemocráticas que muchos destacados políticos de la democracia están contentos de mantener. La democracia panameña, además, adolece de mecanismos razonables de distribución del ingreso, de distribución de la salud y de la educación, lo que hace que el conocimiento, el saber y hacer tecnológico, elementos fundamentales para la participación en igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos, no están al alcance de todos y si a esto se suma que el poder económico se está levantando como un poder autónomo del poder político, haciendo que la democracia tienda a cuestionar el contenido social de sus agendas, la crisis es aún peor.
Recientemente el Presidente, con motivo de la llegada a Panamá del Sr. Enrique Iglesias, Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dio a conocer cifras escalofriantes con relación a la Provincia del Darién, la quinta parte del territorio de la República, en donde "la pobreza oscila entre el 59% y el 78%, el analfabetismo afecta al 30.4% de la población, la desnutrición al 73.6% y el ingreso anual por persona es de ochenta dólares con cuarenta centavos (US$ 80.40).
Siendo esto así parece un total contrasentido que el Tribunal Electoral inicie el proceso de entrega de la primera partida que asciende a seis millones de dólares, del subsidio económico a los doce partidos formalmente constituidos del país para cubrirles los gastos que incurrieron en las elecciones primarias y la propaganda política, hasta un máximo de 136 mil dólares por partido. Aparentemente los desembolsos se harán contra la presentación de cuentas que serán revisadas por el Tribunal Electoral. Definitivamente estamos perdiendo el sentido de las cosas.
Son muchas las tareas que los panameños tenemos pendientes de realizar y debemos hacerlas guardando siempre un orden de prioridades. No podemos comenzar por el techo si no tenemos bien cimentadas las bases. No podemos estar otorgando subsidios a los partidos políticos sin que éstos, primeramente, cesen de ser instrumentos de presión de sus gamonales y se conviertan en verdaderos entes que interpreten y expresen los deseos de la población. No hacerlo es alimentar y mantener obsoletos instrumentos que no prestan ninguna utilidad al país. No podemos estar otorgando subsidios a los partidos políticos si nuestra población se está muriendo de hambre. No creo que hay que ser muy brillante para entenderlo así.

101 años de Panamá América

 
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