Subsidios agrícolas y TLC
No todos los subsidios agropecuarios que aplica Estados Unidos son contrarios a los intereses de los productores locales del sector. Cierto que algunos tienen el efecto de mantener los productos a precios inferiores a su costo de producción. Y sobre éstos debe centrarse la preocupación panameña.
Mas, existen otros subsidios que no necesariamente colusionan con el interés de los productores nacionales. Ese es el caso, por ejemplo, de algunos que se destinan -con igual efecto- a mantener precios accesibles de abonos, insumos y tecnología, que de otro modo estarían fuera del alcance de la mayoría o harían subir irregularmente los costos de producción no sólo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Tal sería el caso de tecnología de punta en materia de inseminación artificial, ingeniería genética, semillas especiales. Igual, el de novedosos plaguicidas, fertilizantes, técnicas de riego, accesorios de siembra y cosecha, maquinarias, etc.
Algunos de esos medios, que constituyen valiosos instrumentos de trabajo, no podrían tener un uso extendido sin adecuados subsidios de investigación, producción o comercialización.
Por otra parte, así como hay subsidios que tienen el efecto de mantener el precio de los productos bajos, hay otros que actúan en sentido inverso, para mantener el precio de los rubros altos. Esto último suele ocurrir, cuando el gobierno tiene interés de asegurar a los productores un margen de rentabilidad estimulante, con precios adecuados que, dejados al libre mercado, pudieran significar su ruina o desalentar una fuga de la actividad. La producción de alimentos es un tema estratégico en el mundo desarrollado y, en especial, para las grandes potencias.
Así las cosas, en el marco de la negociación del TLC con Estados Unidos, es necesario distinguir entre los distintos tipos de subsidio, sin que corresponda su rechazo a ciegas, puesto que algunos de ellos pueden comulgar con el interés de los productores locales. La cuestión es abrir las mentes y no cerrarse a las alternativas. Estamos seguros que con una hábil negociación es posible abrir a nuestro agro algunos trillos de oportunidad para entrar al mercado norteamericano, salvaguardando adecuadamente sus rubros más vulnerables. Lo que no podemos permitirnos es quedar marginados de la negociación.
En cuanto a devastadoras olas en la Corriente del Golfo, el oceanógrafo Carl Wunchs de MIT mantiene que "la posibilidad de que eso ocurra en los próximos 10 millones de años es poco más que cero".
Una película de horror más cercana a la realidad actual se podría llamar: Kyoto, el monstruo que rehúsa morir. Pero quizás la película El día después de mañana termine clavándole una estaca en el corazón de Kyoto.
*Presidente de TechCentralStation.com.
©www.aipenet.com
Mas, existen otros subsidios que no necesariamente colusionan con el interés de los productores nacionales. Ese es el caso, por ejemplo, de algunos que se destinan -con igual efecto- a mantener precios accesibles de abonos, insumos y tecnología, que de otro modo estarían fuera del alcance de la mayoría o harían subir irregularmente los costos de producción no sólo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Tal sería el caso de tecnología de punta en materia de inseminación artificial, ingeniería genética, semillas especiales. Igual, el de novedosos plaguicidas, fertilizantes, técnicas de riego, accesorios de siembra y cosecha, maquinarias, etc.
Algunos de esos medios, que constituyen valiosos instrumentos de trabajo, no podrían tener un uso extendido sin adecuados subsidios de investigación, producción o comercialización.
Por otra parte, así como hay subsidios que tienen el efecto de mantener el precio de los productos bajos, hay otros que actúan en sentido inverso, para mantener el precio de los rubros altos. Esto último suele ocurrir, cuando el gobierno tiene interés de asegurar a los productores un margen de rentabilidad estimulante, con precios adecuados que, dejados al libre mercado, pudieran significar su ruina o desalentar una fuga de la actividad. La producción de alimentos es un tema estratégico en el mundo desarrollado y, en especial, para las grandes potencias.
Así las cosas, en el marco de la negociación del TLC con Estados Unidos, es necesario distinguir entre los distintos tipos de subsidio, sin que corresponda su rechazo a ciegas, puesto que algunos de ellos pueden comulgar con el interés de los productores locales. La cuestión es abrir las mentes y no cerrarse a las alternativas. Estamos seguros que con una hábil negociación es posible abrir a nuestro agro algunos trillos de oportunidad para entrar al mercado norteamericano, salvaguardando adecuadamente sus rubros más vulnerables. Lo que no podemos permitirnos es quedar marginados de la negociación.
En cuanto a devastadoras olas en la Corriente del Golfo, el oceanógrafo Carl Wunchs de MIT mantiene que "la posibilidad de que eso ocurra en los próximos 10 millones de años es poco más que cero".
Una película de horror más cercana a la realidad actual se podría llamar: Kyoto, el monstruo que rehúsa morir. Pero quizás la película El día después de mañana termine clavándole una estaca en el corazón de Kyoto.
*Presidente de TechCentralStation.com.
©www.aipenet.com