Sucesos
Las tesis y las antítesis. Se celebró con gran resonancia el que un partido político, el gubernamental, llegara a la cifra de más de medio millón de inscritos; el partido con más miembros del continente, según oí, lo cual teóricamente y supuestamente, nos informa que dado que se cumplan otras condiciones, garantizará la permanencia en el poder sin adversarios, ni alternancias necesarias en una democracia, por muchos años, "in saecula saeculorum". Ya que la oposición es oposición de sí misma.
Con euforia, nosotros los panameños, tan aficionados a hablar de deportes, comprobamos que nuestra representación en la Copa Oro ha sido más que modesta en comparación con presentaciones anteriores, y en el medio en que otros países del área nos han mirado con iterado desdén, como la Cenicienta, se han dado cuenta que se creció el enano.
Euforia por las distinciones de que ha sido objeto el pugilista multicampeón al que se ha levantado una estatua, estando él aún vivo, para reconocerle sus hazañas, con todo el folclor consecuente. Y así, otras euforias más como los triunfos de Saladino. Pero junto a estos hechos, la naturaleza y los hombres y mujeres del hoy panameño, actuando en una forma inexplicable y casi ineducable más bien induce a la depresión al constatar que en algunos aspectos en vez de progresar, no se ven indicios de que el ser humano vaya madurando, a pesar de tantos esfuerzos. La naturaleza ha sido prodiga en lluvias intensas que, dadas nuestras imprevisiones y nuestra idiosincrasias ineducadas respecto al comportamiento con la basura, se han transformado en inundaciones con sus irreparables daños. Los alacranes haciendo estragos cuando creíamos que ya eso de los alacranes era etapa superada, de nuestra época ya vivida. ¿Quién no fue picado por un alacrán? Y ahora, en los titulares, el Tytius matando niños, y con los escorpiones todo el problema de los antídotos, primero su carencia, luego las dos clases de alacranes y los niños que mueren por picadura de alacranes.
Súmese a eso, la lluvia de piedras que cayó sobre los techos de casas de tantos panameños que lucharon toda una vida por tener un hogar decente y que hoy, con tantas técnicas para evitar explosiones; sin embargo, son víctimas de una lapidación desde lo alto. Hace varias semanas desapareció un ciudadano, supuestamente arrastrado por un cocodrilo, cuando creíamos que los cocodrilos nada más los veíamos en el Discovery Channel.
Toda la orquestación de las distintas protestas legítimas, laudables en principio, de los estudiantes de distintos planteles que derivaron en vandalismo, cierre temporal de escuelas. La cobertura que se ha dado por los medios, de los desmanes llevados a cabo por los estudiantes que embozados destruían lo que encontraban, luego la intervención de los antimotines, más adelante, la decisiones del Ministerio de Educación, cierre de los planteles y lo que más me ha enseñado cómo andamos, ha sido todo el proceso de reapertura de los colegios condicionado al compromiso de los padres de familia a cubrir los gastos de los daños causados. Resultan obvias las distintas actitudes de negarse a hacerlo, ya que no es aceptable que paguen justos por pecadores; pero entonces queda en el aire la idea de que los daños causados por los muchachos y las muchachas va siendo difícil de ver quién se hace responsable. Lo que oí y me lo esperaba y es que los estudiantes han afirmado que ellos seguirán protestando contra el alto costo de la vida, y esperamos que no de la misma manera. Lo que se actúe en esta coyuntura va tener que servir como norma para casos futuros similares, ya que tratar con estudiantes debe ser asunto delicado y sesudamente tratado, sobre todo que los padres de los estudiantes secundarios se den cuenta que no los han mandado a una guardería infantil.
Otra franja del espectro de los sucesos, es el hecho de los incendios diarios, primero Curundú, luego el barrio chino, y finalmente la manzana de Barraza. Numerosas familias con sus enseres en la calle y víctimas del asalto de los mismos vecinos. Una mezcla en resumen de sorpresas agradables y desagradables que van haciendo la historia actual del Panamá del junio de 2007. ¿Mejor o peor o normal? Me inclino por lo normal.
Leonarda Regis Vissuetti, excelente amiga que ha dejado en mí la huella de su dulce bondad y dedicación.
Con euforia, nosotros los panameños, tan aficionados a hablar de deportes, comprobamos que nuestra representación en la Copa Oro ha sido más que modesta en comparación con presentaciones anteriores, y en el medio en que otros países del área nos han mirado con iterado desdén, como la Cenicienta, se han dado cuenta que se creció el enano.
Euforia por las distinciones de que ha sido objeto el pugilista multicampeón al que se ha levantado una estatua, estando él aún vivo, para reconocerle sus hazañas, con todo el folclor consecuente. Y así, otras euforias más como los triunfos de Saladino. Pero junto a estos hechos, la naturaleza y los hombres y mujeres del hoy panameño, actuando en una forma inexplicable y casi ineducable más bien induce a la depresión al constatar que en algunos aspectos en vez de progresar, no se ven indicios de que el ser humano vaya madurando, a pesar de tantos esfuerzos. La naturaleza ha sido prodiga en lluvias intensas que, dadas nuestras imprevisiones y nuestra idiosincrasias ineducadas respecto al comportamiento con la basura, se han transformado en inundaciones con sus irreparables daños. Los alacranes haciendo estragos cuando creíamos que ya eso de los alacranes era etapa superada, de nuestra época ya vivida. ¿Quién no fue picado por un alacrán? Y ahora, en los titulares, el Tytius matando niños, y con los escorpiones todo el problema de los antídotos, primero su carencia, luego las dos clases de alacranes y los niños que mueren por picadura de alacranes.
Súmese a eso, la lluvia de piedras que cayó sobre los techos de casas de tantos panameños que lucharon toda una vida por tener un hogar decente y que hoy, con tantas técnicas para evitar explosiones; sin embargo, son víctimas de una lapidación desde lo alto. Hace varias semanas desapareció un ciudadano, supuestamente arrastrado por un cocodrilo, cuando creíamos que los cocodrilos nada más los veíamos en el Discovery Channel.
Toda la orquestación de las distintas protestas legítimas, laudables en principio, de los estudiantes de distintos planteles que derivaron en vandalismo, cierre temporal de escuelas. La cobertura que se ha dado por los medios, de los desmanes llevados a cabo por los estudiantes que embozados destruían lo que encontraban, luego la intervención de los antimotines, más adelante, la decisiones del Ministerio de Educación, cierre de los planteles y lo que más me ha enseñado cómo andamos, ha sido todo el proceso de reapertura de los colegios condicionado al compromiso de los padres de familia a cubrir los gastos de los daños causados. Resultan obvias las distintas actitudes de negarse a hacerlo, ya que no es aceptable que paguen justos por pecadores; pero entonces queda en el aire la idea de que los daños causados por los muchachos y las muchachas va siendo difícil de ver quién se hace responsable. Lo que oí y me lo esperaba y es que los estudiantes han afirmado que ellos seguirán protestando contra el alto costo de la vida, y esperamos que no de la misma manera. Lo que se actúe en esta coyuntura va tener que servir como norma para casos futuros similares, ya que tratar con estudiantes debe ser asunto delicado y sesudamente tratado, sobre todo que los padres de los estudiantes secundarios se den cuenta que no los han mandado a una guardería infantil.
Otra franja del espectro de los sucesos, es el hecho de los incendios diarios, primero Curundú, luego el barrio chino, y finalmente la manzana de Barraza. Numerosas familias con sus enseres en la calle y víctimas del asalto de los mismos vecinos. Una mezcla en resumen de sorpresas agradables y desagradables que van haciendo la historia actual del Panamá del junio de 2007. ¿Mejor o peor o normal? Me inclino por lo normal.
Leonarda Regis Vissuetti, excelente amiga que ha dejado en mí la huella de su dulce bondad y dedicación.