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Sucursal del cielo


Es una lástima que no todos nuestros dirigentes políticos aprecien el país noble en el que viven. Panamá es tierra de gente pacífica, alegre, vivaz, hospitalaria y trabajadora. En más de cien años de historia republicana, los panameños le han demostrado a sus líderes, y al mundo entero, que son capaces incluso de dar la vida por amor a su patria. Se trata de un país acogedor, sin prejuicios, y con gran capacidad de lucha.
Esta nobleza en ocasiones no ha sido bien entendida por quienes nos observan desde el atalaya del poder, o allende nuestras fronteras. Con facilidad nos han catalogado como gente insulsa, sin carácter, acomodaticia y hasta indolente. Así explican que aquí "no pasa nada", que no haya revueltas populares, violencia política callejera, o furia de masas ante las arbitrariedades o la corrupción de los burócratas.
Nada más lejos de la realidad. La historia de la nación está llena de episodios en los que se da cuenta de la heroicidad del panameño, de su entrega y solidaridad.
Es cierto que también hay en los anales referencias a una patria boba, inerme ante los altibajos políticos, desconectada de su realidad y sin capacidad de respuesta. Pero esos eran otros tiempos, lejanos y ajenos ya. El país ha madurado, y hoy aglutina a ciudadanos capaces de grandes cambios y sublimes actos de civismo.
Con el potencial económico que tiene el país, y la riqueza de su pueblo bueno, Panamá no puede evitar el destino que le auguró Bolívar hace más de 180 años, como centro neurálgico de Occidente. Es una vocación histórica, que atrae como imán a gentes de todo el Orbe, y que no podemos desechar.
Quienes rigen los destinos de esta patria deben entender dichas bondades, y dedicar sus mejores horas al engrandecimiento de esta nación que está condenada al éxito. No lo echen a perder.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América