Suecia eligió liberad de escoger en su educación
Cuando una empresa privada ofrece productos o servicios perversos quiebra y es reemplazada por otra más efectiva. En el mercado el cliente es rey. En cambio, nuestra escuela oficial no quiebra y sigue dañando a nuestra juventud.
En el monopolio estatal no existen clientes sino víctimas sin capacidad de pedir rendición de cuentas a sus gobiernos. Hablamos de un pueblo tan avasallado por la corruptela institucional que ni siquiera es consciente del extraordinario fraude del cual es objeto.
Nuestra gente aprendió bien el arte del rentismo politiquero. Este es el caso de muchos sindicalistas magisteriales a quienes no parece perturbarles el fracaso de sus estudiantes, pero sí la incapacidad de gobiernos de aumentarles sus salarios.
Pocos siquiera se toman la molestia de leer nuestra Constitución que en su Artículo 49, que dice lo siguiente: "El Estado reconoce y garantiza el derecho de toda persona a obtener bienes y servicios de calidad, información veraz, clara y suficiente sobre las características y el contenido de los bienes y servicios que adquiere; así como la libertad de elección y a condiciones de trato equitativo y digno. La Ley establecerá los mecanismos necesarios para garantizar esos derechos, su educación y los procedimientos de defensa del consumidor y usuario, el resarcimiento de los daños ocasionados y las sanciones correspondientes por la transgresión de estos derechos".
Queda claro que el mandato constitucional es letra muerta, por lo menos en el caso de la educación oficial, que igual que con la CSS, por ser del gobierno, tiene licencia para matar y destruir las posibilidades de vida de miles de jóvenes panameños. Aquí es dónde debemos buscar el origen del aumento en la inseguridad pública; en todos esos jóvenes frustrados que no encuentran mejor forma de mostrarnos su inmenso enojo.
Frente a estas impactantes realidades, ¿qué soluciones proponen algunos? Pues, más de lo mismo. Piensan que la solución es o más dinero; o más horas de mala educación; o se complican en complejas contemplaciones académicas sin darse cuenta que el problema no es académico, sino político y moral. La patología de nuestra escuela oficial es politiquera.
Una vía de salida es inspirarnos en otras experiencias similares y la sueca viene a mente, pues dicho país, en palabras del senador sueco, Mauricio Rojas, "requirió entrar en una grave crisis y casi si hundió. El viejo modelo naufragaba y esto se pagó duramente. La socialdemocracia, por suerte, aprendió muy rápido. Sólo hicieron falta unos cuatro años para cambiar la situación y abrir las privatizaciones, reformas y competencias.
Rojas también señala que la política sólo ayuda, pero no crea la riqueza, y que la gallina "de los huevos de oro" era un capitalismo que hacía falta cuidarlo, engordarlo y no matarlo. Rojas también señaló que al llegar a Suecia como exiliado de su país natal, Chile, "me sorprendió mucho la gran amistad existente entre los sindicatos y el capitalismo".