Sueños juveniles, pesadillas de madurez
Hay un gran eslabón perdido en los razonamientos del neopopulismo hispanoamericano: el fracaso de la utopía y las razones de ese fracaso no existen en su discurso. Nostalgia de los años 70 en Argentina, en Bolivia, en Venezuela y hasta en México o en España. Aquellos años el manual esquemático y un tanto ramplón de Marta Harnecker era libro de texto obligado, el catecismo para introducirse en la gran utopía del materialismo dialéctico. Ayer maestra de la utopía, la Harnecker es hoy una especie de amanuense en la corte del venezolano Hugo Chávez. ¿Línea de continuidad?
Es más que una línea de continuidad ideológica. Es empecinamiento en el error, negación voluntariosa del fracaso estrepitoso de la utopía y ceguera ante los múltiples testimonios de los horrores que generó, en la Unión Soviética, en China, en Cuba, pero también en Perú -con la dictadura de izquierda de Velasco Alvarado-, en México -con la docena trágica de 1970 a 1982-, en Argentina con el regreso de Perón y sus epígonos sangrientos con Isabelita y "el brujo" López Rega, mientras a los montoneros, muchachos de "buenas familias" de formación supuestamente católica les enseñaban a matar en nombre de la revolución. Y en tantos sitios más.
El caso de Argentina es paradigmático: Néstor Kirchner, quien en ese entonces era un simpatizante de los montoneros, un peronista de izquierda lleno de fervores por la utopía de "la gran marcha hacia delante" - la frase es de Kundera- que castigaría a los ricos y recompensaría a los pobres, es hoy presidente, está en el poder -según el viejo guión de los años 70, hoy desempolvado- para realizar el sueño juvenil. El problema es que se trata de una línea de continuidad -de los 70 al siglo XXI- falsa, que "lee" el gran fracaso de la utopía (digamos, entre otras cosas, la caída del Muro de Berlín) no como la consecuencia inevitable de un proyecto cruel y errado sino como un incidente que, asombrosa e ilógicamente, confirma la bondad de la misma utopía fracasada.
No hay aprendizaje. El proceso de avance en el conocimiento -a través de ensayos y errores, del que deberían extraerse consecuencias y eliminarse los errores- es sustituido, en la enrevesada lógica del neopopulismo, por un dogma ferviente cada vez más irracional, inexorablemente desquiciado en la misma medida que, para subsistir, requiere negar cerrilmente la realidad. Hay un profundo disgusto, rabia, ante una realidad terca que no se ajusta a los parámetros de la utopía. Sólo queda estigmatizar la realidad, etiquetarla como otro más de los perversos mensajes del enemigo.
Desde un punto de vista psicológico parecería que hemos pasado de una neurosis juvenil -"la realidad es detestable, pero podemos cambiarla"- a una psicosis madura: "la realidad no existe, es una más de las conspiraciones del enemigo; la utopía no fracasó, el muro de Berlín seguirá en pie mientras sigamos creyendo en él". Esto ya no es un proyecto, es una fe fanática.
(*)Analista político mexicano.
(c) www.aipenet.com
"Es como una bendición para mi hijo, por lo que estoy totalmente agradecido con el señor que cooperó, sostuvo el señor Rodríguez".
Cuando el equipo periodístico del diario llegó al lugar donde residen, la madre regresaba de buscar información sobre alguna casa que estuviera en venta.
La familia no tiene casa. La señora Omaira indicó que de la ACP le prometieron una.
Todo parece indicar que escucharon su mensaje: "Ojalá los responsables se pongan la mano en el corazón". De esta forma pedía ayuda para su hijo, quien vivió una situación que cambió el curso de su vida.
Encontramos a la señora Omaira junto con su hija y sus nietos entrando por el portón de la residencia que cuidan, pues todos andaban en busca de una casa cómoda, con las condiciones propicias para que Felipe pueda tener una vida más placentera.
La solicitud de los familiares es que la nueva morada esté próxima a la carretera, para hacer más fácil el traslado del joven al centro de salud cuando requiera atención médica.
Felipe recibe alimentos líquidos a través de un tubo que tiene en sus fosas nasales. Su padre explica que actualmente tienen que transportarlo en una especie de carretilla hasta la parada de buses, para luego abordar un vehículo.
La familia cuida una finca en un áreas próxima a la "Y" de Chilibre, pero el sustento llega al hogar por los ingresos que obtenga el padre de Felipe con su máquina de cortar césped.
El señor Luis Alberto explica que no han sabido en qué fase legal se encuentra el caso, pues se han concentrado en sobrevivir y en dispensarle lo mínimo al joven.
Felipe Rodríguez tiene 22 años y el 5 de septiembre del 2004 sufrió el accidente que cambio su vida. Felipe nació en el distrito de Chepo un 27 de abril.
En medio de la pobreza y necesidad, los padres de Felipe y su pequeño hermano le brindan amor y cuidados.
Es más que una línea de continuidad ideológica. Es empecinamiento en el error, negación voluntariosa del fracaso estrepitoso de la utopía y ceguera ante los múltiples testimonios de los horrores que generó, en la Unión Soviética, en China, en Cuba, pero también en Perú -con la dictadura de izquierda de Velasco Alvarado-, en México -con la docena trágica de 1970 a 1982-, en Argentina con el regreso de Perón y sus epígonos sangrientos con Isabelita y "el brujo" López Rega, mientras a los montoneros, muchachos de "buenas familias" de formación supuestamente católica les enseñaban a matar en nombre de la revolución. Y en tantos sitios más.
El caso de Argentina es paradigmático: Néstor Kirchner, quien en ese entonces era un simpatizante de los montoneros, un peronista de izquierda lleno de fervores por la utopía de "la gran marcha hacia delante" - la frase es de Kundera- que castigaría a los ricos y recompensaría a los pobres, es hoy presidente, está en el poder -según el viejo guión de los años 70, hoy desempolvado- para realizar el sueño juvenil. El problema es que se trata de una línea de continuidad -de los 70 al siglo XXI- falsa, que "lee" el gran fracaso de la utopía (digamos, entre otras cosas, la caída del Muro de Berlín) no como la consecuencia inevitable de un proyecto cruel y errado sino como un incidente que, asombrosa e ilógicamente, confirma la bondad de la misma utopía fracasada.
No hay aprendizaje. El proceso de avance en el conocimiento -a través de ensayos y errores, del que deberían extraerse consecuencias y eliminarse los errores- es sustituido, en la enrevesada lógica del neopopulismo, por un dogma ferviente cada vez más irracional, inexorablemente desquiciado en la misma medida que, para subsistir, requiere negar cerrilmente la realidad. Hay un profundo disgusto, rabia, ante una realidad terca que no se ajusta a los parámetros de la utopía. Sólo queda estigmatizar la realidad, etiquetarla como otro más de los perversos mensajes del enemigo.
Desde un punto de vista psicológico parecería que hemos pasado de una neurosis juvenil -"la realidad es detestable, pero podemos cambiarla"- a una psicosis madura: "la realidad no existe, es una más de las conspiraciones del enemigo; la utopía no fracasó, el muro de Berlín seguirá en pie mientras sigamos creyendo en él". Esto ya no es un proyecto, es una fe fanática.
(*)Analista político mexicano.
(c) www.aipenet.com
"Es como una bendición para mi hijo, por lo que estoy totalmente agradecido con el señor que cooperó, sostuvo el señor Rodríguez".
Cuando el equipo periodístico del diario llegó al lugar donde residen, la madre regresaba de buscar información sobre alguna casa que estuviera en venta.
La familia no tiene casa. La señora Omaira indicó que de la ACP le prometieron una.
Todo parece indicar que escucharon su mensaje: "Ojalá los responsables se pongan la mano en el corazón". De esta forma pedía ayuda para su hijo, quien vivió una situación que cambió el curso de su vida.
Encontramos a la señora Omaira junto con su hija y sus nietos entrando por el portón de la residencia que cuidan, pues todos andaban en busca de una casa cómoda, con las condiciones propicias para que Felipe pueda tener una vida más placentera.
La solicitud de los familiares es que la nueva morada esté próxima a la carretera, para hacer más fácil el traslado del joven al centro de salud cuando requiera atención médica.
Felipe recibe alimentos líquidos a través de un tubo que tiene en sus fosas nasales. Su padre explica que actualmente tienen que transportarlo en una especie de carretilla hasta la parada de buses, para luego abordar un vehículo.
La familia cuida una finca en un áreas próxima a la "Y" de Chilibre, pero el sustento llega al hogar por los ingresos que obtenga el padre de Felipe con su máquina de cortar césped.
El señor Luis Alberto explica que no han sabido en qué fase legal se encuentra el caso, pues se han concentrado en sobrevivir y en dispensarle lo mínimo al joven.
Felipe Rodríguez tiene 22 años y el 5 de septiembre del 2004 sufrió el accidente que cambio su vida. Felipe nació en el distrito de Chepo un 27 de abril.
En medio de la pobreza y necesidad, los padres de Felipe y su pequeño hermano le brindan amor y cuidados.