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Sugerencia a los amigos de Taiwán



No es un secreto que uno de los gobiernos amigos que mucha ayuda y cooperación presta a Panamá es el de Taiwán, pequeña nación insular, que es una de las más desarrolladas del planeta y de la que tenemos cosas importantes que aprender.
En los años 50 era un país agrícola recién separado de China Continental. Hablamos de un país forjado a la fuerza, por Chan Kai Shek, que huyó a la isla, luego de perder una cruenta guerra con los comunistas de Mao.
Sus gobernantes trazaron una estrategia nacional de desarrollo que descansó en tres pilares: la empresa privada, sobre todo la pequeña y mediana, la educación y la apertura de su economía hacia el extranjero. Lo que siguió después fue una revolución. Miles de pequeñas empresas, escuelas y universidades de altísimo nivel académico, mano de obra capacitada, el salto posterior hacia empresas mayores, la recepción de masiva inversión extranjera y, finalmente, la explosión tecnológica.
Hasta el momento, Taiwán ha venido ayudándonos con algunas donaciones de dinero, en gran medida malgastadas y abusadas por distintos gobiernos; pero también con el desarrollo de programas en el campo pesquero, rural, agropecuario y alimenticio, incluyendo el uso del bambú para construcción de viviendas.
Sugerimos que se desparrame por las áreas urbanas pobres de Panamá, para sembrar la misma semilla que hizo grande al Taiwán heroico de sus primeros años, enseñar el establecimiento de micro empresas, con escuelas-talleres de modistería, carpintería fina, electrónica, herrería, jardinería, mecánica automotriz, y principios de administración de pequeños y medianos negocios.
Se empezaría formando una generación de maestros, que reemplazarán a los originales de Taiwán, y éstos a su vez forjarán a otros, multiplicando esas escuelas. Cooperará con el INADEH. De más está mencionar el tremendo impacto social que tendrían esos programas, en términos de promoción social, generación de empleos y riqueza.

101 años de Panamá América

 
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