Suiza: ¿Puerto de Piratas?
La reputación de Suiza como centro bancario abierto a cualquier depositante, sin importar la fuente de los dineros, es bien conocida por todos. Panamá, aunque ganó una reputación similar durante las dictaduras de Torrijos y Noriega en los años 70 y 80, no le llega cerca. Hoy, Suiza se ha visto obligada a adoptar medidas para evitar que nacionales y extranjeros utilicen su centro bancario para esconder fondos producto de actividades ilícitas.
El secreto bancario en Suiza data al menos de los años 30, cuando los suizos convencieron a las autoridades de su país que era necesario para prevenir que los nazi obtuvieran información sobre depósitos de propiedad de judíos y otros refugiados perseguidos en Alemania. Después de la guerra, la confidencialidad de los depósitos y depositantes se convirtió en un importante motor de su sistema bancario y del sector servicios. Desde entonces, sin embargo, el mundo ha cambiado mucho y lo que pudo haber sido una actividad "legítima" e "irreprochable" en otras épocas hoy es considerado como perjudicial no sólo para la propia Suiza sino también para el resto del mundo.
Así, Suiza ha tomado medidas para evitar el lavado de dinero producto del narcotráfico y de otras actividades ilícitas. Y en realidad lo que ha causado que ese país tome pasos para limitar la confidencialidad que anteriormente hizo de Suiza un país reconocido internacionalmente por sus servicios financieros han sido los millones "lavados" por su sistema bancario por déspotas y dictadores de otros países.
Por ejemplo, en 1979 el Shah de Irán depositó millones de dólares en bancos suizos y las autoridades de Suiza rehusaron cooperar con los investigadores de Irán. En la década de los ochenta, Jean-Claude Duvalier de Haití y Haile Selassie de Etiopía utilizaron el sistema bancario suizo para esconder millones extraídos ilegalmente de sus países.
Pero quizá el caso que más publicidad negativa le ha generado a Suiza ha sido el de Ferdinand Marcos. El dictador filipino depositó unos 500 millones de dólares en bancos suizos que obtuvo ilegalmente de diversas fuentes, incluyendo asistencia económica internacional para Filipinas, indemnizaciones de guerra de Japón, monopolios estatales y directamente de reservas de oro del Estado.
El caso, que estuvo en las cortes por 12 años y generó al menos unos 30 fallos, obligó a los suizos a actualizar su legislación sobre secreto bancario y a permitir mayor cooperación con autoridades extranjeras en busca de fondos "sucios" depositados en su sistema bancario. Resta por ver si las medidas adoptadas de hecho protegen a la jurisdicción de los abusos de este tipo de lavadores de dinero.
El secreto bancario en Suiza data al menos de los años 30, cuando los suizos convencieron a las autoridades de su país que era necesario para prevenir que los nazi obtuvieran información sobre depósitos de propiedad de judíos y otros refugiados perseguidos en Alemania. Después de la guerra, la confidencialidad de los depósitos y depositantes se convirtió en un importante motor de su sistema bancario y del sector servicios. Desde entonces, sin embargo, el mundo ha cambiado mucho y lo que pudo haber sido una actividad "legítima" e "irreprochable" en otras épocas hoy es considerado como perjudicial no sólo para la propia Suiza sino también para el resto del mundo.
Así, Suiza ha tomado medidas para evitar el lavado de dinero producto del narcotráfico y de otras actividades ilícitas. Y en realidad lo que ha causado que ese país tome pasos para limitar la confidencialidad que anteriormente hizo de Suiza un país reconocido internacionalmente por sus servicios financieros han sido los millones "lavados" por su sistema bancario por déspotas y dictadores de otros países.
Por ejemplo, en 1979 el Shah de Irán depositó millones de dólares en bancos suizos y las autoridades de Suiza rehusaron cooperar con los investigadores de Irán. En la década de los ochenta, Jean-Claude Duvalier de Haití y Haile Selassie de Etiopía utilizaron el sistema bancario suizo para esconder millones extraídos ilegalmente de sus países.
Pero quizá el caso que más publicidad negativa le ha generado a Suiza ha sido el de Ferdinand Marcos. El dictador filipino depositó unos 500 millones de dólares en bancos suizos que obtuvo ilegalmente de diversas fuentes, incluyendo asistencia económica internacional para Filipinas, indemnizaciones de guerra de Japón, monopolios estatales y directamente de reservas de oro del Estado.
El caso, que estuvo en las cortes por 12 años y generó al menos unos 30 fallos, obligó a los suizos a actualizar su legislación sobre secreto bancario y a permitir mayor cooperación con autoridades extranjeras en busca de fondos "sucios" depositados en su sistema bancario. Resta por ver si las medidas adoptadas de hecho protegen a la jurisdicción de los abusos de este tipo de lavadores de dinero.