Superdotados, un reto educativo
Hace un año escribí un artículo sobre la tragedia de los superdotados panameños. En aquella oportunidad recibí, en mi casilla electrónica, mensajes de varios países y de muchos panameños. No obstante, me parece que insistir en el tema no está de más. En esta ocasión, me refiero a la actitud y conducta del Estado en cuanto a lo que se necesita hacer en esta materia tan importante y crucial para el desarrollo del país.
Una gran cantidad de países del mundo entero, hace mucho tiempo, tomó las decisiones y las iniciativas, que con el pasar del tiempo, han empezado a dar extraordinarios frutos. Entre tales países, del contexto latinoamericano se encuentra Chile. En el año 1964, el Dr. Mario Julio Gambra, funda el Instituto-Piloto en Educación de Superdotados, con el nombre de "Brotherly College for Gifted Children", hoy "Instituto de Superdotados de Chile". Este plantel nace con el fin de investigar, experimentar y dar atención educacional adecuada a niños y jóvenes superdotados, con la absoluta y ferviente convicción de que esta acción fructificaría en beneficio de la sociedad del futuro.
La labor tesonera del Dr. Gambra, pronto rebasó los límites de su país, para alcanzar a otras naciones. En tal sentido, Colombia, Argentina, Brasil, México, Venezuela, Ecuador, Cuba; y entre otros, Canadá y Estado Unidos que disponen de leyes especiales dirigidas al desarrollo de políticas e instancias para el estímulo y apoyo a la superdotación y al talento. ¿Pero, qué ha pasado en Panamá? La realidad nos dibuja un espectáculo de verdadera calamidad. Hace unas décadas se desarrollaron importantes programas, dentro de algunos planteles, como el Fermín Naudeau y el Instituto Panameño de Habilitación Especial, con muy buenos resultados, pero de una efímera duración. Cuando algunos legisladores o políticos se enteraron de las bondades de tales programas, no fueron pocos los que madrugaron para matricular a sus hijos allí, como si por el hecho de ser legisladores, dicha condición les confiriese, necesariamente, la virtud de la genialidad a sus hijos. Tales actitudes terminaron por abortar el programa y hace más de 15 años, oficialmente, no se tiene ninguna disposición ni se gerencia ninguna iniciativa al respecto.
Desde entonces, miles de niños, niñas y jóvenes bregan aburridos y cabizbajos de salón en salón; y muchos de ellos, por falta del apoyo y asesoramiento oportuno, terminan abandonando el sistema educativo, convirtiéndose esta situación en un verdadero desperdicio para Panamá y el mundo.
¿Qué les ofrece el sistema? ¿Por qué no desarrollar una alternativa para, quizás, el 2% de nuestra niñez y juventud en edad escolar? Pero es que un planteamiento como éste, no deja de ser controversial. Entre otras razones, por las mismas aprehensiones que se erigieron cuando se debatió la creación del IPHE. En aquel entonces, se señalaba que pocos serían los padres que enviarían a sus hijos con alguna discapacidad, por el temor a ser socialmente recriminados o que enviar a sus hijos allí, les ocasionaría enfrentar situaciones muy embarazosas y emocionalmente indeseables.
Hoy, cuando han pasado varios lustros, el prestigio de esta noble institución alcanza mares y fronteras. Miles de niños y niñas, con diversas discapacidades, a cargo de dedicados y especializados profesionales y docentes, han recibido allí el cariño y la formación que los ha integrado laboral y socialmente a la sociedad en condiciones muy favorables. ¿Qué es lo que, con esta experiencia, no se podría hacer para nuestros superdotados y talentosos? La creación del Instituto Panameño para la Superdotación y el Talento llenaría un vacío de décadas.
La situación no puede ser más lamentable. Cuando un niño superdotado o talentoso asiste a una clase de gran heterogeneidad pierde tristemente su motivación, y si medimos lo que ha aprendido, al finalizar el año lectivo, con respecto a lo que había aprendido, la diferencia es proporcionalmente negativa. Los padres saben que su hijo aprende, todo, con una gran rapidez no importando el tipo de curso, y que lo deseable sería que pudiese llevar un currículo que retase sus aptitudes y habilidades en un plan equilibrado y con un cuerpo docente especializado. Pero estamos lejos de contar con una respuesta satisfactoria, al respecto.
En este tema, las iniciativas y las ideas sobrarían. Estoy plenamente seguro, sobre todo cuando en el ámbito internacional existe un gran desarrollo y experiencia el manejo de este problema. A guisa de ejemplo, destacada la labor del Dr. Mario J. Gambra, a quien he citado en este artículo, y de numerosas experiencias y aportes. El Dr. Gambra, chileno, fue el fundador, en 1964, del Instituto de Superdotados de Chile, fundador de la Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Integral del Superdotado (ALADIS) y presidente, hasta su muerte en 1999, del Consejo Mundial de Superdotados. Desconozco si Panamá pertenece a estos organismos y si existe algún plan avanzando en este sentido. Si no pertenece, bien nos haría afiliarnos.
Como un dato interesante y para ponderar la importancia del tema, del 1 al 5 de agosto se celebrará en Adelaida, Australia, el XV Congreso Mundial de Niños Superdotados y Talentosos, en el cual participarán cientos de investigadores y responsables de institutos, centros y programas especiales, representando a más de 120 países. Bien nos haría, también alinearnos con esta importante tarea. Una ley sobre esta materia le permitiría a la Asamblea Legislativa reivindicar su imagen ante la comunidad nacional. Según una fórmula matemática del Consejo Mundial de Superdotados, se estimaría que en nuestro sistema educativo formal, podríamos tener, aproximadamente, entre 2 y 3% de superdotados y talentosos, actualmente sumidos en el tedio y en espera de atención.
El volumen de atención de cada juez es considerable. Según Osorio, hay días en que se realizan hasta 50 audiencias. La solución real para disminuir la cantidad de accidentes de tránsito no es aumentar la multa sino educar al público, ya que no ha bajado el número de infracciones cometidas, por el contrario aumentan cada año. Lo que se ha logrado disminuir es el período de realización de las audiencias, pero los accidentes se incrementan día a día.
Otro problema observado en Panamá es que muchas personas se pasan las luces rojas y el público sólo atiende las disposiciones del tránsito cuando un policía hace acto de presencia. Reconoció Osorio que las leyes que regulan el tránsito en Panamá se encuentran muy dispersas, muchas de las cuales datan de 1969 y lo ideal sería que se elabore un Código de Tránsito. Según Osorio, en ocasiones, los jueces se ven obligados a aplicar las normas establecidas en el Organo Judicial, porque en la parte administrativa no dice nada al respecto.
Uno de los problemas que producen incremento de los accidentes de tránsito es la falta de señalización de las calles y las advertencias al conductor. Al respecto, Osorio indicó que es una moda por los adolescentes de decorar sus habitaciones con las señales del tránsito, lo cual vuelve imposible e incosteable que se pueda estar reponiendo de forma constante
Un problema por resolver es que diariamente se reciben en los Juzgados de Tránsito más de 1,000 partes. El volumen de casos impide que el único funcionario que atiende los casos pueda verificar el tipo de personas que serán llamados a audiencia. Sucede muchas veces que si la infracción se comete por un miembro del cuerpo diplomático, es competencia del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Con gran honestidad, la juez Osorio reveló el rostro humano de las audiencias de tránsito. Indicó que en su gran mayoría, las personas desconocen el Reglamento de Tránsito; se muestran más interesadas en los daños ocasionados a su auto y no en preocuparse por la suerte de las otras personas involucradas en el accidente. Mi carro era nuevo", declaran con gran preocupación,según Osorio. Agregó que en segundo lugar quedan las consideraciones humanas de las víctimas.
Una gran cantidad de países del mundo entero, hace mucho tiempo, tomó las decisiones y las iniciativas, que con el pasar del tiempo, han empezado a dar extraordinarios frutos. Entre tales países, del contexto latinoamericano se encuentra Chile. En el año 1964, el Dr. Mario Julio Gambra, funda el Instituto-Piloto en Educación de Superdotados, con el nombre de "Brotherly College for Gifted Children", hoy "Instituto de Superdotados de Chile". Este plantel nace con el fin de investigar, experimentar y dar atención educacional adecuada a niños y jóvenes superdotados, con la absoluta y ferviente convicción de que esta acción fructificaría en beneficio de la sociedad del futuro.
La labor tesonera del Dr. Gambra, pronto rebasó los límites de su país, para alcanzar a otras naciones. En tal sentido, Colombia, Argentina, Brasil, México, Venezuela, Ecuador, Cuba; y entre otros, Canadá y Estado Unidos que disponen de leyes especiales dirigidas al desarrollo de políticas e instancias para el estímulo y apoyo a la superdotación y al talento. ¿Pero, qué ha pasado en Panamá? La realidad nos dibuja un espectáculo de verdadera calamidad. Hace unas décadas se desarrollaron importantes programas, dentro de algunos planteles, como el Fermín Naudeau y el Instituto Panameño de Habilitación Especial, con muy buenos resultados, pero de una efímera duración. Cuando algunos legisladores o políticos se enteraron de las bondades de tales programas, no fueron pocos los que madrugaron para matricular a sus hijos allí, como si por el hecho de ser legisladores, dicha condición les confiriese, necesariamente, la virtud de la genialidad a sus hijos. Tales actitudes terminaron por abortar el programa y hace más de 15 años, oficialmente, no se tiene ninguna disposición ni se gerencia ninguna iniciativa al respecto.
Desde entonces, miles de niños, niñas y jóvenes bregan aburridos y cabizbajos de salón en salón; y muchos de ellos, por falta del apoyo y asesoramiento oportuno, terminan abandonando el sistema educativo, convirtiéndose esta situación en un verdadero desperdicio para Panamá y el mundo.
¿Qué les ofrece el sistema? ¿Por qué no desarrollar una alternativa para, quizás, el 2% de nuestra niñez y juventud en edad escolar? Pero es que un planteamiento como éste, no deja de ser controversial. Entre otras razones, por las mismas aprehensiones que se erigieron cuando se debatió la creación del IPHE. En aquel entonces, se señalaba que pocos serían los padres que enviarían a sus hijos con alguna discapacidad, por el temor a ser socialmente recriminados o que enviar a sus hijos allí, les ocasionaría enfrentar situaciones muy embarazosas y emocionalmente indeseables.
Hoy, cuando han pasado varios lustros, el prestigio de esta noble institución alcanza mares y fronteras. Miles de niños y niñas, con diversas discapacidades, a cargo de dedicados y especializados profesionales y docentes, han recibido allí el cariño y la formación que los ha integrado laboral y socialmente a la sociedad en condiciones muy favorables. ¿Qué es lo que, con esta experiencia, no se podría hacer para nuestros superdotados y talentosos? La creación del Instituto Panameño para la Superdotación y el Talento llenaría un vacío de décadas.
La situación no puede ser más lamentable. Cuando un niño superdotado o talentoso asiste a una clase de gran heterogeneidad pierde tristemente su motivación, y si medimos lo que ha aprendido, al finalizar el año lectivo, con respecto a lo que había aprendido, la diferencia es proporcionalmente negativa. Los padres saben que su hijo aprende, todo, con una gran rapidez no importando el tipo de curso, y que lo deseable sería que pudiese llevar un currículo que retase sus aptitudes y habilidades en un plan equilibrado y con un cuerpo docente especializado. Pero estamos lejos de contar con una respuesta satisfactoria, al respecto.
En este tema, las iniciativas y las ideas sobrarían. Estoy plenamente seguro, sobre todo cuando en el ámbito internacional existe un gran desarrollo y experiencia el manejo de este problema. A guisa de ejemplo, destacada la labor del Dr. Mario J. Gambra, a quien he citado en este artículo, y de numerosas experiencias y aportes. El Dr. Gambra, chileno, fue el fundador, en 1964, del Instituto de Superdotados de Chile, fundador de la Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Integral del Superdotado (ALADIS) y presidente, hasta su muerte en 1999, del Consejo Mundial de Superdotados. Desconozco si Panamá pertenece a estos organismos y si existe algún plan avanzando en este sentido. Si no pertenece, bien nos haría afiliarnos.
Como un dato interesante y para ponderar la importancia del tema, del 1 al 5 de agosto se celebrará en Adelaida, Australia, el XV Congreso Mundial de Niños Superdotados y Talentosos, en el cual participarán cientos de investigadores y responsables de institutos, centros y programas especiales, representando a más de 120 países. Bien nos haría, también alinearnos con esta importante tarea. Una ley sobre esta materia le permitiría a la Asamblea Legislativa reivindicar su imagen ante la comunidad nacional. Según una fórmula matemática del Consejo Mundial de Superdotados, se estimaría que en nuestro sistema educativo formal, podríamos tener, aproximadamente, entre 2 y 3% de superdotados y talentosos, actualmente sumidos en el tedio y en espera de atención.
El volumen de atención de cada juez es considerable. Según Osorio, hay días en que se realizan hasta 50 audiencias. La solución real para disminuir la cantidad de accidentes de tránsito no es aumentar la multa sino educar al público, ya que no ha bajado el número de infracciones cometidas, por el contrario aumentan cada año. Lo que se ha logrado disminuir es el período de realización de las audiencias, pero los accidentes se incrementan día a día.
Otro problema observado en Panamá es que muchas personas se pasan las luces rojas y el público sólo atiende las disposiciones del tránsito cuando un policía hace acto de presencia. Reconoció Osorio que las leyes que regulan el tránsito en Panamá se encuentran muy dispersas, muchas de las cuales datan de 1969 y lo ideal sería que se elabore un Código de Tránsito. Según Osorio, en ocasiones, los jueces se ven obligados a aplicar las normas establecidas en el Organo Judicial, porque en la parte administrativa no dice nada al respecto.
Uno de los problemas que producen incremento de los accidentes de tránsito es la falta de señalización de las calles y las advertencias al conductor. Al respecto, Osorio indicó que es una moda por los adolescentes de decorar sus habitaciones con las señales del tránsito, lo cual vuelve imposible e incosteable que se pueda estar reponiendo de forma constante
Un problema por resolver es que diariamente se reciben en los Juzgados de Tránsito más de 1,000 partes. El volumen de casos impide que el único funcionario que atiende los casos pueda verificar el tipo de personas que serán llamados a audiencia. Sucede muchas veces que si la infracción se comete por un miembro del cuerpo diplomático, es competencia del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Con gran honestidad, la juez Osorio reveló el rostro humano de las audiencias de tránsito. Indicó que en su gran mayoría, las personas desconocen el Reglamento de Tránsito; se muestran más interesadas en los daños ocasionados a su auto y no en preocuparse por la suerte de las otras personas involucradas en el accidente. Mi carro era nuevo", declaran con gran preocupación,según Osorio. Agregó que en segundo lugar quedan las consideraciones humanas de las víctimas.