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Superstición


La superstición es una creencia ajena a la fe religiosa y contraria a la razón. No obstante, ella ha hecho presa en un amplio sector de nuestra comunidad y, sobre todo, entre seres ignorantes. Sorprendentemente, también hay personas que, a pesar de tener un buen y hasta alto nivel de educación, son supersticiosas. La historia nos demuestra que a Napoleón le asustaba ver un gato negro; a Sócrates un mal de ojo; los malos sueños eran para Julio César amenazantes presagios; Enrique VIII se quejaba de que por brujería fue atrapado para casarse con Ana Bolena; y a Pedro el Grande le aterrorizaba tener que pasar por un puente.

La superstición es ya una peste que no se podrá hacer desaparecer y sobre la cual nos queda tan sólo la posibilidad de combatirla. Desventuradamente, se ha convertido en un negocio ideal para quienes fructíferamente explotan la candidez del prójimo. Así tenemos, entre otras, la prueba de la baraja con cartas españolas, que se fundamenta en cuatro pilares: Economía, afectos, salud y futuro. Y como a todos los mortales nos interesan estas cosas, los ingenuos van  dispuestos a pagar, y pagan, para que les digan o les pronostiquen algo sobre ellas. Igual ocurre con quienes se anuncian como parasicólogos internacionales. Ofrecen arreglarle la vida a todos. Hay casos de denuncias por estafa, pero aún así siguen cayendo los incautos.

101 años de Panamá América

 
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