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Suplicio Panamá-Colón


En un verdadero suplicio se ha convertido transitar por la carretera Transístmica para los que tenemos que usar esa vía; tranques interminables, mal estado de la carretera, señalización nula, ausencia de policías de tránsito, consumo inútil de grandes cantidades de combustible, pérdida de miles de horas/hombre y horas/máquinas.

Es un obra que está en construcción, en la que, a simple vista, se puede determinar que se infringen todas las normas de seguridad y calidad exigidas por el MOP y por la Dirección Nacional de Transporte Terrestre. Es inconcebible que se permita al contratista del proyecto realizar esos trabajos con ese grado mayúsculo de inseguridad y de inconvenientes al usuario de la vía.

A pesar de los meses que lleva andando el proyecto, no existe un sólo kilómetro continuo que podamos considerar completo, de trabajos terminado; en la mayoría de los casos, está destruido el pavimento existente. Cuando está confeccionada la calzada nueva, faltan los hombros, o los taludes son inestables e inseguros; o faltan las cunetas y estructuras de drenajes; o falta señalización. No entendemos cómo se ha podido presentar y conseguir aprobación de cuentas por avance de obra en este proyecto. Es inverosímil que haya funcionarios del Ministerio de Obras Públicas (MOP) y de la Contraloría General de la República que las hayan aprobado.

Aceptar trabajos así, es la forma más fácil de propiciar la corrupción, ya que no hay nadie que pueda verificar el avance real de la obra.

Para todos los contratistas en el sector construcción nos parece imposible que bajo esas condiciones de incomodidad al usuario, la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) pueda ser tan permisiva con quien tiene a su cargo la obra, cuando cualquier otro que se acerca a pedir un permiso para hacer un corte en alguna calle secundaria lo hostigan con requisitos y exigencias que van desde señalización profusa hasta pago de policías de transito, pasando por obligatorias jornadas extraordinarias nocturnas. Es un caso de omisión evidente de sus funciones. Habrá que determinar si es voluntariamente o involuntariamente (Lo que seria inadmisible).

Esta situación, sumamente incómoda y costosa para los usuarios (tiempo y dinero) puede hacer pensar a no pocos usuarios que se trata de un complot para prepararnos y convencernos de la conveniencia de pagar cualquier cifra de dinero (la que se le ocurra al concesionario) como peaje por el uso de la vía paralela, la Autopista Panamá-Colón, que está en construcción. Ello sería realmente un abuso y un delito.

La característica principal del desarrollo del proyecto es que no tiene una secuencia lógica. Todos los frentes de trabajos están picados y sin concluir; hay maquinaria y cuadrillas mínimas regadas por doquier, sin la conciencia de terminar ninguna tarea. Parece reinar la anarquía, y es notable la falta de una dirección responsable.

Gran parte de la culpa de este absoluto desgreño recae en la dirección técnica del MOP, en quien lo haya permitido y, sobre todo, la Contraloría General de la República por aprobar cuentas que, lógicamente, no han podido ser cuantificadas ni verificadas. Sin lugar a dudas, el sólo hecho de frenar las cuentas ya hubiera logrado encaminar a los contratistas del proyecto y traería mejores tiempos para los sufridos usuarios.

101 años de Panamá América

 
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